Nº332
Del 22 al 28 de Octubre del 2008
 
 






 
 


Juan Velarde Fuertes

El capitalismo, ¿ha muerto?

 
 



Ha aparecido, con la presente crisis, otro argumento contra el capitalismo. Conviene, en ese sentido recordar que este fenómeno, o lo que es lo mismo, el mercado libre, creció con fuerza tras acontecimientos notables de la historia de la Humanidad. El primero, la conexión de todos los mercados del mundo, lo que se consiguió, como señalan Marx y Engels en el “Manifiesto Comunista” con sus descubrimientos por los españoles y portugueses. El segundo, la revolución científica y tecnológica de los siglos XVII y XVIII. El tercero, la revolución liberal. El cuarto, la conjunción de todo eso en la Revolución Industrial.

Sin todos y cada uno de esos elementos, la Humanidad no hubiera avanzado en lo material con la impresionante velocidad como lo hizo desde el inicio del siglo XIX a ahora mismo. Pero el capitalismo, o repito, el mercado libre, lleva como bandera, un triple mensaje: la sobriedad, el esfuerzo y la innovación, lo que supone aceptar el riesgo y evidentes molestias. Y desde el siglo XIX, los viejos arbitristas, en buena parte, se han dedicado a imaginar cómo podría ser posible tener todo lo muchísimo que la Revolución Industrial nos lanza en forma de una creciente riada de bienes y servicios, pero sin tensiones, sin crisis. Aprovechaban siempre los tropiezos que se generan en forma de caídas en la coyuntura, para ahondar en sus mensajes.

De ahí que tras la fuerte crisis de 1847 –la que en España, por ejemplo, se llevó por delante al Banco de Isabel II, o en Francia, nada menos que, definitivamente, a la Monarquía y en Irlanda a una numerosísima emigración a Estados Unidos huyendo del hambre , Marx y Engels lanzaron el “Manifiesto Comunista”. De ahí también que la onda larga Kondratief que culminaría con la Gran Depresión fue el acicate para que se contemplase incluso con arrobo el intento de economía colectivista centrada en los Planes Quinquenales soviéticos. La dura realidad actual no iba a ser una excepción. Comienzan a surgir mensajes de que la economía de libre mercado está, por fuerza en vías de desaparición, justo cuando el partido comunista chino decide, en el fondo, aceptar la propiedad privada agraria, o cuando basa su desarrollo en un mundo empresarial gigantesco que se acumula en su zona del Pacífico, evidentemente capitalista.

Toda esta oposición al capitalismo tiene un cierto aire ridículo. Por eso en “The Economist” de 18 de octubre de 2008 aparece un chiste, en el que se ve a un vendedor de toda clase de objetos con el lema “Capitalism is dead”, o sea, “El capitalismo ha muerto”, en una tienda abarrotada de compradores. Se ven letreros en ella como “Invierta en «Capitalismo ha muerto». ¡Vaya a nuestra website!”, mientras el dueño del establecimiento vocifera a alguien por teléfono: “¡Creo que he encontrado un mercado creciente!...”. Y el final del comentario central de este ejemplar de “The Economist•, “Capitalism at bay”, o sea, “El capitalismo, acosado”, concluye así, y tiene toda la razón: “El capitalismo está acosado, pero aquellos que creen en él deben luchar por su causa. Pues con todos sus defectos es el mejor sistema económico que, sin embargo, el hombre haya inventado”. Aunque deba señalarse que Joseph Stiglitz, el Premio Nobel de Economía, en su artículo “The Way Out. How the financial crisis happéned and how it must be fixed”, en “Time” de 27 de octubre de 2008, puntualiza esto, y tiene razón: “El capitalismo puede ser el mejor sistema económico que ha conseguido el hombre, pero ninguno nunca dijo que crearía estabilidad. De hecho, en los últimos treinta años las economías de mercado se han enfrentado a más de cien crisis. Por eso yo y muchos otros economistas creemos que son una parte esencial del funcionamiento de la economía de mercado las regulaciones y vigilancias gubernamentales”. Por supuesto, y de ahí que se pueda decir que han sido, los problemas sucedidos recientemente, generados por fallos del Estado, tanto en España como en otras partes. Dado que tanto se habla de las soluciones socialdemócratas, es evidente que ellas han fracasado entre nosotros, porque han conducido directamente a la crisis.

 








   
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