Esta crónica de hoy se refiere a una cuestión de largo plazo, concretamente, el tema de la Europa que no estamos construyendo, a pesar de que en este año de 2007, y para mayor precisión el 23 de marzo, se cumplirán los 50 primeros años del Tratado de Roma, por el cual se puso en marcha la integración de lo que hoy llamamos Unión Europea (UE), por entonces, más modestamente, Comunidad Económica Europea (CEE).
Se ha progresado mucho desde aquél momento, y el viejo sueño del europeísmo del periodo de entreguerras, al que contribuyeron personas como Coudehoven-Kalergi, Thomas Mann, y nuestros Ortega y Madariaga, se ha convertido en realidad, incluso en más de lo que ellos pudieron pretender. Pero eso no es óbice para darnos cuenta de que la UE no está ni en su mejor momento, ni tiene una senda por delante bien marcada por la cual seguir su andadura.
En la secuencia de la rutina comunitaria, en este primer semestre del 2007 le corresponde la Presidencia de la Unión a la Sra. Ángela Merkel, Canciller de la República Federal de Alemania, que no es demasiado explícita en cuenta a los propósitos de su país para impulsar la UE. Incluso diríamos que no ha empezado con muy bien pie, por aquello de que ha ido a buscar la inspiración en Washington D.C., tratando de recuperar la vieja idea de la TAFTA (Transatlantic Free Trade Area). Lo cual no parece lo más pertinente, cuando hay tantas cuestiones que resolver desde este lado del charco, por lo menos en los temas que muy rápidamente vamos a relacionar:
1. El sistema de defensa común sigue pendiente de un impulso fundamental. Con un gasto militar muy considerable, la Unión mantiene 27 ejércitos independientes unos de otros, con una eficiencia prácticamente nula por comparación con EE.U. Por lo cual seguimos dependiendo del dispositivo de la OTAN que se controla completamente desde la otra orilla del Atlántico. Lo cual se debe, en gran medida, a la permanente actitud del Gobierno de Londres que prima sus relaciones especiales con EE.UU., muy por encima de sus compromisos con la UE.
2. En términos de crecimiento económico, seguimos dependiendo casi por completo de los ciclos más o menos espontáneos y nada sincrónicos. Se quiere decir con ello que los 27 países tienen todavía una casi total carencia de directrices comunes a observar, incluso los que forman parte de la Eurozona, que de momento son minoría, con 13 sobre 27.
3. Por lo demás, continuamos en un cierto ambiente de confusionismo en lo que concierne a la política energética, enfatizándose sobre todo las relaciones con Rusia, por la importancia que se les da especialmente desde Alemania y Francia. Pero sin encontrar aún el modelo energético que se corresponda con las aspiraciones de crecimiento, con mayor autonomía, y mejor conectado con los problemas ambientales.
4. El tema de las ampliaciones, sigue pesando sobre el conjunto de la UE-27. Y no tanto por los países balcánicos occidentales, que tienen todavía mucho camino a recorrer para integrarse en la Unión, como por lo que se refiere al crónico problema de Turquía y a las relaciones con nuestros vecinos ex-soviétivos. Con mayor urgencia en los casos de Ucrania y Moldova, pero sin olvidar las complejas relaciones con Rusia que, como vimos antes, están examinándose con excesiva polarización en las cuestiones energéticas.
5. Otro tema fundamental es que a pesar de la trascendencia económica, cultural, y de relevancia política a efectos de derechos humanos y otras muchas cuestiones, la UE sigue figurando en la esfera mundial como una potencia de segundo rango respecto a EE.UU. No sólo por las cuestiones militares ya comentadas, sino también por una falta de cohesión que va a ponerse de relieve aún más en el momento en que están surgiendo nuevas potencias mundiales: la emergencia de China e India, la recuperación de Rusia, la importancia del Sudeste Asiático y del Golfo Pérsico, etc. Lo cual obliga a crear condiciones nuevas en temas como la presencia europea en el G-8, en el consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y en otros entes de alcance mundial.
6. Y por último, en esta rápida recapitulación de hoy a efectos de una Alemania que no parece en su mejor coyuntura europeísta, hay que hablar de la Constitución semiolvidada. Una circunstancia en la que Alemania no está poniendo ninguna fuerza —se quiere un texto aguachinado—, pendientes como estamos de las elecciones de Francia y de otros elementos del complejo escenario europeo.
En resumen, la potente Alemania que aspira a recuperar su antiguo esplendor, y a consumar su emancipación definitiva de la más democrática Francia, no está priorizando la vía europea, lo cual puede ser un craso error. Porque la era de las grandezas nacionales, como se supo ver muy bien en el momento de firmarse el ya
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