Los presupuestos
son voluntaristas
Juan E. Iranzo
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Los presupuestos constituyen
la plasmación legal y contable del programa económico
del gobierno; por lo que los del 2005, adquieren especial
interés, puesto que no está definida claramente
la política económica del nuevo gobierno.
Hay que considerar positivo, que de partida, mantengan la
estabilidad presupuestaria y apuesten por mejorar la productividad
de nuestra economía.
Sin embargo el estudio pormenorizado de los mismos, introducen
importantes dosis de incertidumbre, en cuanto al cumplimiento
de los objetivos anteriores.
El cuadro macroeconómico estableciendo un crecimiento
del 3%, se basa en un precio del petróleo de 33,5 dólares
el barril y una clara expansión de las exportaciones.
Sin embargo las previsiones para el próximo año
consideran más verosímil, un barril a 40 dólares.
Asimismo las exportaciones dependerán especialmente
de un claro despegue de Francia y Alemania, que la Comisión
Europea ya está revisando a la baja.
Por ello es difícil que la economía española
crezca más del 2,5% en el 2005.
Este menor crecimiento del PIB junto con unas expectativas
de ingresos por IRPF y Sociedades de difícil cumplimiento
pueden provocar un aumento del déficit público,
por incumplimiento en los ingresos.
Por el lado del gasto, los Presupuestos son claramente expansivos
y procíclicos, por lo que deben valorarse negativamente,
en la medida en que aumentan la presencia del sector público
en la economía, distorsionando la asignación
de recursos y perjudicando el crecimiento económico
a largo plazo.
Asimismo, el aumento del gasto corriente por encima de los
de capital, junto con la ausencia de nuevos proyectos significativos
de inversión y el parón que se ha contemplado
en otros, como el PHN, no parece muy coherente con el principal
objetivo de los Presupuestos, que no era otro que la mejora
de la productividad, lo que puede agravar este problema en
el futuro, máxime cuando cada vez será más
difícil acceder a los fondos procedentes de la UE.
Por tanto, asistimos a aumentos del gasto público estructural
que no responden a las necesidades reales de nuestra economía,
que debe ser la competitividad como mecanismo para asegurar
una creación de empleo sostenible en el tiempo.

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