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Gregorio Izquierdo Llanes
En cualquier caso, estos Presupuestos van a deteriorar la calidad del gasto público, ya que el de naturaleza corriente, por vez primera en los últimos ocho años, supera al de capital (6,7 y 4,5 por 100, respectivamente), lo cual no parece muy coherente con el principal objetivo de los presupuestos, que en principio era la mejora de la productividad. Este problema a futuro puede agravarse aún más, si tenemos en cuenta la falta de nuevas iniciativas significativas en este ámbito y el parón que se ha contemplado entre otros proyectos, en el PHN, por lo que una vez culminados los proyectos actualmente en curso, podemos asistir a un gradual declive en este partida, máxime cuando cada vez va a resultar más difícil captar cofinanciación comunitaria. En esta misma línea, es de lamentar que partidas clave desde el punto de vista de la competitividad como es la de promoción comercial e internacionalización de la empresa, crezca sólo un insuficiente 1 por 100, cifra que difícilmente ayudará a solventar nuestro agobiante déficit exterior actual. Dentro de las partidas de gasto destacan, entre otras, las transferencias corrientes del Estado a las CC.AA., que se incrementan un 10,3 por 100 (ocho puntos más que en el 2004), lo que, sin duda, parece excesivo, ya que puede encubrir las deficiencias que estas últimas han tenido en controlar su gasto sobretodo el sanitario y/o su dejadez en asumir la corresponsabilidad fiscal; el gasto social, que aumenta el año próximo del 9,5 por 100, lo que se explica tanto por la inercia propia del gasto como por discutibles medidas discrecionales como la subida de las pensiones mínimas y el esfuerzo en la inversión en I+D+i, que aumentará un 16,3 por 100, lo que contribuirá a fomentar la generación de conocimientos científicos y técnicos, así como la acción innovadora del sistema productivo, pero que dado su bajo nivel de partida, aconseja concentrar estos recursos en las prioridades más cercanas a las demandas empresariales y no tanto a las ofertas de los centros de investigación que es lo que se ha hecho hasta ahora. En el lado del ingreso, la presión
fiscal de la Administración Central de cumplirse las previsiones
de los Presupuestos aumentará en 2005, al crecer la recaudación
impositiva (8,6 por 100) a un ritmo considerablemente superior al
aumento nominal del PIB (6,3 por 100) con la consiguiente rémora
para la estructura de incentivos y costes de los agentes económicos.
El problema se agrava si tenemos en cuenta que los tributos directos
son los que más crecen (9,8 por 100), con lo que se refuerza
el aumento del exceso de gravamen, entendido como nivel de distorsión
que la fiscalidad introduce en las decisiones de los agentes económicos.
El inconveniente es que en vez de utilizar el sistema fiscal para
asegurar la continuidad del ciclo económico actuando con
reformas fiscales en aquellos impuestos más vinculados a
la inversión como son el Impuesto sobre Sociedades o las
Cotizaciones Sociales se intenta aprovechar la mejora de la coyuntura
y del empleo para incrementar la presión fiscal efectiva,
incurriendo así en el riesgo de incumplir el acertado compromiso
electoral del nuevo gobierno de no elevar la presión fiscal
a nivel global. En cualquier caso, los ingresos contenidos en los
Presupuestos Generales del Estado no dejan de ser previsiones sujetas
a posibles desviaciones futuras, que según nuestros cálculos
podrían estar sobreestimados en un orden mínimo de
1.000 millones de euros, debido sobre todo, a la desviación
a la baja de los ingresos por IRPF y Sociedades, con el consiguiente
riesgo sobre el déficit, aunque a cambio se aligeraría
algo la subida de presión fiscal.
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