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Juan Velarde Fuertes,
Consejero del Tribunal de Cuentas
El arca
de Noé
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En la víspera de la visita de S. S. el Papa Juan Pablo
II a Madrid se ha concedido el Premio Príncipe de Asturias
de Comunicación y Humanidades a Gustavo Gutiérrez
O.P. Conviene señalar que la fuente nutricia de la
Teología de la liberación, que en tantos sentidos
abandona Gutiérrez, procede en parte importantísima,
de una amalgama de doctrinas económicas barridas por
la ciencia seria.
En esa olla podrida vemos restos del neohistoricismo alemán,
del neoinstitucionalismo norteamericano y de mil variantes
del marxismo -muy especialmente de una especie de amasijo
de castrismo y trotskismo con alguna gota maoista-, amén
de calderadas de estructuralismo económico latinoamericano,
que es lo que le da la consistencia. Conviene añadir
que este bálsamo de Fierabrás para superar el
capitalismo, es lo que se encuentra detrás, como causa
muy importante, del hambre y agobios de buena parte de la
población Iberoamericana. O sea que Gustavo Gutiérrez
O.P. y sus seguidores, de modo insensato, a causa, hay que
suponerlo, de su radical desconocimiento de la economía,
han colaborado en la generación de esa pobreza que,
dice bien Gutiérrez, "no es simplemente una desgracia,
es una injusticia", al permitir que se disfracen como
intelectuales auténticos ignaros con cara bondadosa.
Conviene concluir señalando que todo eso que ha nacido
en Gutiérrez, o con lo que ha colaborado Gutiérrez,
-Teología de la liberación, Cristianos para
el socialismo- ha sido objeto de admoniciones muy serias por
parte de Juan Pablo II. El que a Gutiérrez le sea concedido
este Premio un par de días antes de llegar a España
este Pontífice, bordea, cuando menos, la descortesía,
pero eso puede que en el mundo actual cada vez importe menos.
Supongo que un economista católico, al andar entre
teólogos y seudoteológos, tenga que echar mano
de San Agustín quien, en su Contra Epistulam Parmeniani,
en plena pelea contra los donatistas, escribió que
"es una nota característica de todos los herejes
que son incapaces de ver lo que es obvio para todos los demás"
(II, 5). Pero Agustín también dijo, en esa pelea,
que el Arca de Noé prefigura, con sus ocho ocupantes,
a la Iglesia. Porque estos ocupantes no la abandonaron, nos
dice el obispo de Hipona, aunque "tenían que soportar
el hedor de una compañía de irracionales, pues
eso era preferible a hundirse". Así que a soportar
los elogios al dominico Gutiérrez.
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