Nº90
Del 7 al 13 de Mayo del 2003
 


 


 
 


Juan Velarde Fuertes
, Consejero del Tribunal de Cuentas
El arca de Noé

 
 



En la víspera de la visita de S. S. el Papa Juan Pablo II a Madrid se ha concedido el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades a Gustavo Gutiérrez O.P. Conviene señalar que la fuente nutricia de la Teología de la liberación, que en tantos sentidos abandona Gutiérrez, procede en parte importantísima, de una amalgama de doctrinas económicas barridas por la ciencia seria.

En esa olla podrida vemos restos del neohistoricismo alemán, del neoinstitucionalismo norteamericano y de mil variantes del marxismo -muy especialmente de una especie de amasijo de castrismo y trotskismo con alguna gota maoista-, amén de calderadas de estructuralismo económico latinoamericano, que es lo que le da la consistencia. Conviene añadir que este bálsamo de Fierabrás para superar el capitalismo, es lo que se encuentra detrás, como causa muy importante, del hambre y agobios de buena parte de la población Iberoamericana. O sea que Gustavo Gutiérrez O.P. y sus seguidores, de modo insensato, a causa, hay que suponerlo, de su radical desconocimiento de la economía, han colaborado en la generación de esa pobreza que, dice bien Gutiérrez, "no es simplemente una desgracia, es una injusticia", al permitir que se disfracen como intelectuales auténticos ignaros con cara bondadosa. Conviene concluir señalando que todo eso que ha nacido en Gutiérrez, o con lo que ha colaborado Gutiérrez, -Teología de la liberación, Cristianos para el socialismo- ha sido objeto de admoniciones muy serias por parte de Juan Pablo II. El que a Gutiérrez le sea concedido este Premio un par de días antes de llegar a España este Pontífice, bordea, cuando menos, la descortesía, pero eso puede que en el mundo actual cada vez importe menos. Supongo que un economista católico, al andar entre teólogos y seudoteológos, tenga que echar mano de San Agustín quien, en su Contra Epistulam Parmeniani, en plena pelea contra los donatistas, escribió que "es una nota característica de todos los herejes que son incapaces de ver lo que es obvio para todos los demás" (II, 5). Pero Agustín también dijo, en esa pelea, que el Arca de Noé prefigura, con sus ocho ocupantes, a la Iglesia. Porque estos ocupantes no la abandonaron, nos dice el obispo de Hipona, aunque "tenían que soportar el hedor de una compañía de irracionales, pues eso era preferible a hundirse". Así que a soportar los elogios al dominico Gutiérrez
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