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Rafael Termes
Profesor
del IESE, Universidad
de Navarra
"El paro femenino"
Conviene, en primer lugar, recordar
que, en España, en la población de 16 años
y más, hay más mujeres que varones. Al final
del primer trimestre de 2002 esta población era, en
números redondos, de 33 millones 869 mil personas,
de las cuales, 17 millones 419 mil, el 51,43%, eran mujeres
y 16 millones 450 mil eran varones. En el año transcurrido
desde aquella fecha hasta el fin del primer trimestre de 2003,
la población de 16 años y más ha aumentado
en 251 mil personas, de las cuales 120 mil son varones y 131
mil, es decir, el 52,19, son mujeres; con el consiguiente
ligero aumento de las mujeres en la población de 16
años y más.
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"..
el Gobierno, decidido a intervenir en el
campo laboral, debe hacerlo de manera que las disposiciones
fiscales, jurídicas y laborales no sólo
no perjudiquen la libertad de decisión de la mujer,
sino que coadyuven a
ella." |
En el mismo período de
un año, la llamada población activa, o sea,
la formada por los que trabajan y los que desean trabajar
aunque no lo logren, ha aumentado en 478 mil personas, el
2,64%, de las cuales sólo 161 mil son varones y el
resto, 318 mil, son mujeres. Con lo cual la tasa de actividad
femenina, tradicionalmente menor que la masculina, ha pasado
del 41,23% al 42,73%, con aumento de 1.50 puntos, frente al
aumento de tan sólo 0.49 puntos en la tasa de actividad
masculina, que queda en el 67,08% al fin del primer trimestre
de 2003. Estas cifras demuestran la clara tendencia de la
mujer española a incorporarse al trabajo fuera del
hogar. Otra cosa es que lo logre.
En efecto, en el período
anual que estamos considerando se han creado 377 mil empleos,
un aumento anual del 2,35%, lo que no es poco, pero insuficiente
para atender el crecimiento del 2,64% en la población
activa. Así ha sido, ya que de las 478 mil personas
en que ha aumentado la población activa, 101 mil han
ido a engrosar la cifra del paro que, en porcentaje a la población
activa, en marzo de 2003 ha subido hasta el 11,73, frente
al 11,47 un año antes. Esto demuestra, una vez más,
que no basta con crear empleo. Para reducir la tasa de paro
es necesario que la creación de empleo supere el aumento
de la población activa. En lo que respecta a la mujer,
de las 318 mil nuevas deseosas de trabajar, 253 mil lo han
logrado, pero las 65 mil restantes han ido a aumentar el número
de las paradas que, en relación con la respectiva población
activa, representan el 16,66%, porcentaje que casi dobla el
del paro masculino que, después del aumento habido
en los doce meses terminados en marzo pasado, se sitúa
en el 8,39 por ciento. El cuadro se completa si tenemos en
cuenta que las mujeres jóvenes, menores de 25 años,
se ven sometidas a una tasa de paro, en marzo de 2003, del
28,14%. Es decir, de 100 mujeres jóvenes que desean
trabajar, cerca de 30 no lo logran.
La conclusión es que, como
decíamos en el recuadro de la semana pasada, parece
razonable que, entre las disposiciones económicas recientemente
aprobadas por el Gobierno, figuren las que se refieren al
fomento del trabajo femenino. Lo que importa es que estas
medidas sean las adecuadas. La mujer es naturalmente libre
para decidir si quiere buscar empleo o no. No es, pues, para
asombrarse que muchas de ellas opten por no hacerlo, cosa
que se pone de manifiesto en la menor tasa de actividad. Pero,
si decide buscar trabajo, es deseable que lo logre, lo cual
dependerá, en parte, de sus capacidades para ello,
pero especialmente de las facilidades para conciliar horario
laboral y vida familiar, cosa que, sin ignorar el papel que
corresponde a las empresas, puede facilitar el Gobierno, puesto
que, decidido a intervenir en el campo laboral, tema que no
es para esta ocasión, debe hacerlo de manera que las
disposiciones fiscales, jurídicas y laborales no sólo
no perjudiquen la libertad de decisión de la mujer,
sino que coadyuven a ella.
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