Nº90
Del 7 al 13 de Mayo del 2003
 


 


 
 

Rafael Termes
Profesor del IESE, Universidad de Navarra
"El paro femenino"

 
 





Conviene, en primer lugar, recordar que, en España, en la población de 16 años y más, hay más mujeres que varones. Al final del primer trimestre de 2002 esta población era, en números redondos, de 33 millones 869 mil personas, de las cuales, 17 millones 419 mil, el 51,43%, eran mujeres y 16 millones 450 mil eran varones. En el año transcurrido desde aquella fecha hasta el fin del primer trimestre de 2003, la población de 16 años y más ha aumentado en 251 mil personas, de las cuales 120 mil son varones y 131 mil, es decir, el 52,19, son mujeres; con el consiguiente ligero aumento de las mujeres en la población de 16 años y más.
  ".. el Gobierno, decidido a intervenir en el
campo laboral, debe hacerlo de manera que las disposiciones fiscales, jurídicas y laborales no sólo no perjudiquen la libertad de decisión de la mujer, sino que coadyuven a
ella."

En el mismo período de un año, la llamada población activa, o sea, la formada por los que trabajan y los que desean trabajar aunque no lo logren, ha aumentado en 478 mil personas, el 2,64%, de las cuales sólo 161 mil son varones y el resto, 318 mil, son mujeres. Con lo cual la tasa de actividad femenina, tradicionalmente menor que la masculina, ha pasado del 41,23% al 42,73%, con aumento de 1.50 puntos, frente al aumento de tan sólo 0.49 puntos en la tasa de actividad masculina, que queda en el 67,08% al fin del primer trimestre de 2003. Estas cifras demuestran la clara tendencia de la mujer española a incorporarse al trabajo fuera del hogar. Otra cosa es que lo logre.

En efecto, en el período anual que estamos considerando se han creado 377 mil empleos, un aumento anual del 2,35%, lo que no es poco, pero insuficiente para atender el crecimiento del 2,64% en la población activa. Así ha sido, ya que de las 478 mil personas en que ha aumentado la población activa, 101 mil han ido a engrosar la cifra del paro que, en porcentaje a la población activa, en marzo de 2003 ha subido hasta el 11,73, frente al 11,47 un año antes. Esto demuestra, una vez más, que no basta con crear empleo. Para reducir la tasa de paro es necesario que la creación de empleo supere el aumento de la población activa. En lo que respecta a la mujer, de las 318 mil nuevas deseosas de trabajar, 253 mil lo han logrado, pero las 65 mil restantes han ido a aumentar el número de las paradas que, en relación con la respectiva población activa, representan el 16,66%, porcentaje que casi dobla el del paro masculino que, después del aumento habido en los doce meses terminados en marzo pasado, se sitúa en el 8,39 por ciento. El cuadro se completa si tenemos en cuenta que las mujeres jóvenes, menores de 25 años, se ven sometidas a una tasa de paro, en marzo de 2003, del 28,14%. Es decir, de 100 mujeres jóvenes que desean trabajar, cerca de 30 no lo logran.

La conclusión es que, como decíamos en el recuadro de la semana pasada, parece razonable que, entre las disposiciones económicas recientemente aprobadas por el Gobierno, figuren las que se refieren al fomento del trabajo femenino. Lo que importa es que estas medidas sean las adecuadas. La mujer es naturalmente libre para decidir si quiere buscar empleo o no. No es, pues, para asombrarse que muchas de ellas opten por no hacerlo, cosa que se pone de manifiesto en la menor tasa de actividad. Pero, si decide buscar trabajo, es deseable que lo logre, lo cual dependerá, en parte, de sus capacidades para ello, pero especialmente de las facilidades para conciliar horario laboral y vida familiar, cosa que, sin ignorar el papel que corresponde a las empresas, puede facilitar el Gobierno, puesto que, decidido a intervenir en el campo laboral, tema que no es para esta ocasión, debe hacerlo de manera que las disposiciones fiscales, jurídicas y laborales no sólo no perjudiquen la libertad de decisión de la mujer, sino que coadyuven a ella.