Nº93
Del 28 de Mayo al 3 de Junio del 2003
 


 


 
 

Rafael Termes
Profesor del IESE, Universidad de Navarra
"La financiación privada de los bienes públicos"

 
 





La necesidad de recortar el gasto público, puesto de manifiesto en los programas lanzados por Alemania y Francia, que comentábamos la semana pasada, y la exigencia de mantener aquellos servicios y bienes públicos que redundan en la formación de capital humano para el desarrollo económico, trae a colación el problema de la educación universitaria y su financiación.
  ".. la calidad de la educación, que, como en
todo, es fruto de la competencia, y que, en el límite, conducirían a
privatizar todas las Universi-dades, para que busquen su financiación en
el sector privado.."

En la media de la OCDE, la financiación del sector universitario absorbe el 1,40% del PIB. En España se sitúa por debajo de la media y representa tan sólo el 1,10% del PIB, del cual 0,85% es financiación pública y 0,25% financiación privada. En cambio, en Estados Unidos la financiación total de la formación universitaria representa el 2,33% del PIB. Y, lo que es más interesante observar, la financiación pública equivale al 1,09% del PIB y la financiación privada al 1,24% del PIB. Parece claro que se trata de un modelo a imitar, ya que la financiación pública de ambos países es prácticamente la misma y toda la diferencia en el total, procede, en EE.UU., del sector privado. Sin duda, esta abundancia de financiación privada para la formación universitaria, factor esencial para el desarrollo, es debida a la cultura liberal imperante en los EE.UU., pero, en no pequeña parte, esta cultura está alentada por al tratamiento fiscal de las donaciones de particulares y empresas a las Universidades. Y aquí, la postura del fisco ante este hecho es recelosa y raquítica, siendo así que tales donaciones relevan al Estado en su función financiadora. Se podrá decir que no hay tal, porque lo que se gana en sustitución se pierde en recaudación. Esto sólo es cierto en el caso de desgravación total en la cuota. Pero hay razones que aconsejan llegar incluso a este nivel: dólar o euro que doy a la Universidad, dólar o euro que deduzco de la cuota.

Y las razones se refieren a la calidad de la educación, que, como en todo, es fruto de la competencia, y que, en el límite, conducirían a privatizar todas las Universidades, para que busquen su financiación en el sector privado, fiscalmente incentivado, otorgando cheques universitarios a quien lo necesitara, que no son todos los que acceden a la Universidad. Y las Universidades, compitiendo en términos de calidad-precio captarían los alumnos, con sus cheques, de acuerdo con el nivel de excelencia de cada Universidad. El modelo es más barato para el Estado y más eficiente. El problema, para los políticos, es que hay que convencer a los votantes de la bondad del modelo y resistir la oposición de un buen número de agazapados profesores universitarios no dispuestos a poner en liza sus capacidades educativas.