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Rafael Termes
Profesor
del IESE, Universidad
de Navarra
"La financiación
privada de los bienes públicos"
La necesidad de recortar el gasto
público, puesto de manifiesto en los programas lanzados
por Alemania y Francia, que comentábamos la semana
pasada, y la exigencia de mantener aquellos servicios y bienes
públicos que redundan en la formación de capital
humano para el desarrollo económico, trae a colación
el problema de la educación universitaria y su financiación.
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"..
la calidad de la educación, que, como en
todo, es fruto de la competencia, y que, en el límite,
conducirían a
privatizar todas las Universi-dades, para que busquen
su financiación en
el sector privado.." |
En la media de la OCDE, la financiación
del sector universitario absorbe el 1,40% del PIB. En España
se sitúa por debajo de la media y representa tan sólo
el 1,10% del PIB, del cual 0,85% es financiación pública
y 0,25% financiación privada. En cambio, en Estados
Unidos la financiación total de la formación
universitaria representa el 2,33% del PIB. Y, lo que es más
interesante observar, la financiación pública
equivale al 1,09% del PIB y la financiación privada
al 1,24% del PIB. Parece claro que se trata de un modelo a
imitar, ya que la financiación pública de ambos
países es prácticamente la misma y toda la diferencia
en el total, procede, en EE.UU., del sector privado. Sin duda,
esta abundancia de financiación privada para la formación
universitaria, factor esencial para el desarrollo, es debida
a la cultura liberal imperante en los EE.UU., pero, en no
pequeña parte, esta cultura está alentada por
al tratamiento fiscal de las donaciones de particulares y
empresas a las Universidades. Y aquí, la postura del
fisco ante este hecho es recelosa y raquítica, siendo
así que tales donaciones relevan al Estado en su función
financiadora. Se podrá decir que no hay tal, porque
lo que se gana en sustitución se pierde en recaudación.
Esto sólo es cierto en el caso de desgravación
total en la cuota. Pero hay razones que aconsejan llegar incluso
a este nivel: dólar o euro que doy a la Universidad,
dólar o euro que deduzco de la cuota.
Y las razones se refieren a la
calidad de la educación, que, como en todo, es fruto
de la competencia, y que, en el límite, conducirían
a privatizar todas las Universidades, para que busquen su
financiación en el sector privado, fiscalmente incentivado,
otorgando cheques universitarios a quien lo necesitara, que
no son todos los que acceden a la Universidad. Y las Universidades,
compitiendo en términos de calidad-precio captarían
los alumnos, con sus cheques, de acuerdo con el nivel de excelencia
de cada Universidad. El modelo es más barato para el
Estado y más eficiente. El problema, para los políticos,
es que hay que convencer a los votantes de la bondad del modelo
y resistir la oposición de un buen número de
agazapados profesores universitarios no dispuestos a poner
en liza sus capacidades educativas.
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