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La economía
española sigue presentando una marcha positiva, notablemente
superior a la de nuestros socios europeos. Hay puntos fuertes,
como los bajos tipos de interés, la reducción
de los precios del petróleo, la fortaleza en la construcción,
una política fiscal razonable y una excelente capacidad
de creación de empleo a pesar de la debilidad del crecimiento
del PIB. Y hay también debilidades, como el euro fuerte,
el alto endeudamiento de las familias y un entorno político
que parece ser ya de pre-campaña permanente. Lo más
negativo de ese panorama es la ausencia de un motor claro
para el crecimiento, que no parece vaya a ser el consumo,
ni la inversión en equipo, ni las exportaciones, y
que tendrá que ser la construcción, a pesar
de que tarde o temprano tendrá que abandonar ese papel.
Y lo más preocupante, la posibilidad de que la economía
española se instale en un clima de atonía y
bajo crecimiento. Todo ello me lleva a pensar que 2003 va
a ser un año como el anterior, quizás un poco
mejor, pero de ningún modo mucho mejor. De ahí
mi preocupación por aquella atonía.
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Las cifras de Contabilidad Nacional Trimestral parecen apuntar
hacia la consolidación de la recuperación de la
economía española, al registrar un crecimiento
interanual del 2,1 por 100, con lo que se deja cada vez más
atrás el punto de inflexión de la actual desaceleración.
Dentro de la demanda interna están siendo especialmente
positivos tanto el mantenimiento del dinamismo en construcción
como la mejora de la inversión en bienes de equipo, que
por vez primera en los dos últimos años registra
tasas positivas de crecimiento interanual (0,9 por 100), reaccionando
así a los bajos costes de capital, lo que permitirá
aumentar aún más la mejora de la ocupación,
que sigue marcando records históricos con 16,7 millones
de ocupados hasta marzo. En este contexto, el consumo sigue
dinámico (incremento del 2,6 por 100) y ello a pesar
de que la inflación y la incertidumbre existente han
frenado la componente privada de esta variable ya que el consumo
público sigue disparado. El lastre de nuestro crecimiento
sigue siendo la coyuntura internacional tanto a través
de su efecto negativo sobre nuestro sector exterior como por
la generación de incertidumbres acerca de la salida de
la actual situación, ya que aunque la dinámica
interna de la economía española induce al optimismo
no ha de olvidarse que para que España vuelva a los ritmos
de crecimiento del pasado inmediato es necesario que se normalice
el contexto internacional, cuestión que al día
de hoy todavía no está del todo clara a muy corto
plazo.
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