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Juan Velarde Fuertes,
Consejero del Tribunal de Cuentas
Los falsos
profetas
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"Saldrán muchos
falsos profetas y extraviarán a mucha gente".
Este mensaje, que aparece en el Evangelio de San Mateo, puede
aplicarse al alud de personas que, desde que comenzó
la Revolución Industrial, anuncian un final catastrófico
para ella. Siempre, en sus profecías existe algo así
como una desconfianza ante lo que el genio del hombre hace
para sacar de una situación calamitosa a la Humanidad.
Se anuncia con tonos lúgubres el mal fin del desarrollo
económico, desde que Malthus escribió el Ensayo
sobre la población. Son más de doscientos años
recibiendo el mensaje de estos falsos profetas, pero su insistencia
no parece tener límite. Desde finales de marzo de 2003
a mediados de mayo, he escuchado nada menos que tres proclamas
proféticas, por cierto que dos de ellas cargadas de
marxismo vulgar. Debo adelantar que Malthus, Jevons, o el
Club de Roma podían equivocarse, pero tenían
una grandeza científica que es vano buscar en estos
profetillas actuales, horros de cualquier noticia seria sobre
la economía. Comencemos por el primero.
Según el artículo
de Delfeil de Ton, Le moral de Castro, aparecido en Le Nouvel
Observateur de 20-26 de marzo de 2003, acababa de declarar
Castro: "Dentro de 150 años las locuras de los
países ricos habrán agotado el petróleo
que el planeta ha tardado 300 millones de años en acumular".
Decir eso cuando los países serios discuten el emplazamiento
del proyecto ITER de energía de fusión, que
parece podrá ser comercial a mediados de este siglo
XXI, bordea la irrisión.
Con gran aparato propagandístico
se ha anunciado la traducción al español del
libro de Giovanni Sartori y Gianni Mazzolemi, La Tierra explota.
Superpoblación y desarrollo (Taurus, 2003). El centro
de su argumento es claro: "Existe un punto de no retorno
ambiental, más allá del cual el exceso de población
destruye las propias condiciones de vida. Y sin embargo el
argumento de que la causa primaria del colapso de la Tierra
es la superpoblación es un argumento, prohibido, un
argumento tabú". Para demostrar que están
al día, los autores, hasta mencionan el naufragio del
Prestige. Pero, ¿existe algún estudio estadístico
serio en el libro? ¿Se enfrenta, acaso, con aportaciones
muy recientes del Premio Nobel de Economía, Amartya
Sen? No hay nada de eso, cuando alude a este último
a través de un tal Paolo Mieli. Si se quiere perder
el tiempo con estupideces demográficas, económicas
y medioambientales, la lectura de este libro es un ejercicio
recomendable.
De modo mucho más recatado
que éste, circula otro, coordinado por Concepción
Ortega y María José Guerra, titulado Globalización
y neoliberalismo: ¿un futuro inevitable? (Ediciones
Nobel, 2002). Procede de "ocho de destacados especialistas
-economistas, politólogos, filósofos de la moral,
la política y el derecho? y/o (sic) personas comprometidas
con diversos frentes de lucha -Attac?, Coordinadora por la
Abolición de la Deuda Externa, alguna ONG, movimiento
sindical, feminista y ecologista, Solidaridad con Chiapas,
etcétera". Búsquese en las biografías
de sus ocho autores. Ni un solo economista. Por lo tanto,
de los estropicios científicos que contienen y de sus
trenos no se culpe a nadie que haya tenido contacto con la
ciencia económica.
Once falsos profetas, uno de los
cuales es el sanguinario Fidel Castro, muestran lo atractivo
que podría ser efectuar con toda esta bazofia algo
parecido a lo que Marx hizo cuando escribió El señor
Vogt. Si no se conoce este libro, asómese uno a él
para observar lo que se merecen, en el mundo de la ciencia,
estos falsos profetas, que mucho complican la vida de la buena
gente, como dice el Evangelio.
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