Nº92
Del 21 al 27 de Mayo del 2003
 


 


 
 


Juan Velarde Fuertes
, Consejero del Tribunal de Cuentas
Los falsos profetas

 
 



"Saldrán muchos falsos profetas y extraviarán a mucha gente". Este mensaje, que aparece en el Evangelio de San Mateo, puede aplicarse al alud de personas que, desde que comenzó la Revolución Industrial, anuncian un final catastrófico para ella. Siempre, en sus profecías existe algo así como una desconfianza ante lo que el genio del hombre hace para sacar de una situación calamitosa a la Humanidad. Se anuncia con tonos lúgubres el mal fin del desarrollo económico, desde que Malthus escribió el Ensayo sobre la población. Son más de doscientos años recibiendo el mensaje de estos falsos profetas, pero su insistencia no parece tener límite. Desde finales de marzo de 2003 a mediados de mayo, he escuchado nada menos que tres proclamas proféticas, por cierto que dos de ellas cargadas de marxismo vulgar. Debo adelantar que Malthus, Jevons, o el Club de Roma podían equivocarse, pero tenían una grandeza científica que es vano buscar en estos profetillas actuales, horros de cualquier noticia seria sobre la economía. Comencemos por el primero.

Según el artículo de Delfeil de Ton, Le moral de Castro, aparecido en Le Nouvel Observateur de 20-26 de marzo de 2003, acababa de declarar Castro: "Dentro de 150 años las locuras de los países ricos habrán agotado el petróleo que el planeta ha tardado 300 millones de años en acumular". Decir eso cuando los países serios discuten el emplazamiento del proyecto ITER de energía de fusión, que parece podrá ser comercial a mediados de este siglo XXI, bordea la irrisión.

Con gran aparato propagandístico se ha anunciado la traducción al español del libro de Giovanni Sartori y Gianni Mazzolemi, La Tierra explota. Superpoblación y desarrollo (Taurus, 2003). El centro de su argumento es claro: "Existe un punto de no retorno ambiental, más allá del cual el exceso de población destruye las propias condiciones de vida. Y sin embargo el argumento de que la causa primaria del colapso de la Tierra es la superpoblación es un argumento, prohibido, un argumento tabú". Para demostrar que están al día, los autores, hasta mencionan el naufragio del Prestige. Pero, ¿existe algún estudio estadístico serio en el libro? ¿Se enfrenta, acaso, con aportaciones muy recientes del Premio Nobel de Economía, Amartya Sen? No hay nada de eso, cuando alude a este último a través de un tal Paolo Mieli. Si se quiere perder el tiempo con estupideces demográficas, económicas y medioambientales, la lectura de este libro es un ejercicio recomendable.

De modo mucho más recatado que éste, circula otro, coordinado por Concepción Ortega y María José Guerra, titulado Globalización y neoliberalismo: ¿un futuro inevitable? (Ediciones Nobel, 2002). Procede de "ocho de destacados especialistas -economistas, politólogos, filósofos de la moral, la política y el derecho? y/o (sic) personas comprometidas con diversos frentes de lucha -Attac?, Coordinadora por la Abolición de la Deuda Externa, alguna ONG, movimiento sindical, feminista y ecologista, Solidaridad con Chiapas, etcétera". Búsquese en las biografías de sus ocho autores. Ni un solo economista. Por lo tanto, de los estropicios científicos que contienen y de sus trenos no se culpe a nadie que haya tenido contacto con la ciencia económica.

Once falsos profetas, uno de los cuales es el sanguinario Fidel Castro, muestran lo atractivo que podría ser efectuar con toda esta bazofia algo parecido a lo que Marx hizo cuando escribió El señor Vogt. Si no se conoce este libro, asómese uno a él para observar lo que se merecen, en el mundo de la ciencia, estos falsos profetas, que mucho complican la vida de la buena gente, como dice el Evangelio.