Nº92
Del 21 al 27 de Mayo del 2003
 


 


 
 

Rafael Termes
Profesor del IESE, Universidad de Navarra
"Parece que se están convenciendo"

 
 





En efecto, parece que los gobernantes alemanes y franceses están llegando al convencimiento de que el modelo socialdemócrata de intervención del sector público en la economía y de desmesurado estado de bienestar está conduciendo al desastre económico, tanto en freno del crecimiento del producto, como en aumento del paro, como en incremento del déficit público y aumento de la deuda, produciendo, como las invariantes leyes económicas hacían prever, exactamente lo contrario de lo que la fatal arrogancia socialista (Hayek dixit) venía prometiendo. Y así vemos que, ahora, estos Gobiernos quieren rectificar la errada conducta -en la que les acompañan no pocos países de la Europa Continental- liberalizando los mercados todavía intervenidos, en especial el excesivamente protegido mercado de trabajo; modificando el desincentivante sistema de protección del desempleo, tanto en la tasa de reposición como en la duración del subsidio; reformando el sistema público de pensiones basado no en la capitalización sino en el reparto y que, visto el envejecimiento de las poblaciones, obliga a aumentar las cotizaciones o reducir las prestaciones. Estas reformas estructurales, y otras que forzosamente tendrán que venir en el campo de la sanidad y la educación, son el más elocuente homenaje al sistema de economía liberal que tan insistentemente ha sido atacado por el utópico pensamiento socialista, ahora en el atolladero.
  ".. para que España "siga yendo bien", es necesario que, se reanude la paralizada política de reformas estructurales, flexibilizando los mercados para aumentar nuestra deteriorada productividad .."

Ante este cambio, las poblaciones en Alemania, Francia, Italia, Austria y otros países, movilizadas por unos sindicatos que no representan más que una pequeña parte de los que tienen trabajo, se manifiestan violentamente ante las propuestas gubernamentales. No es extraño. El estado de bienestar, tal como existe en Europa, no es, como algunos predicaban, "un pacto social entre activos y jubilados, entre empleados y parados, entre sanos y enfermos". El estado de bienestar fue impuesto por los políticos, al final de la Primera Guerra Mundial -con la complejidad de las élites dirigentes que, al amparo del pensamiento keynesiano, habían perdido la fe en el Estado liberal- bajo el engaño de hacer creer a los ciudadanos que la protección que otorgaba -de la cuna a la tumba- era gratuita; siendo así que la hemos pagado todos -unos más y otros menos- hasta que ahora resulta imposible pagarla.

Afortunadamente, España no se halla todavía en la situación alemana o francesa porque en los últimos siete años -en los que España "ha ido" bien-, la política económica-social practicada por el Gobierno ha sido menos desaforada, como lo prueba que nuestro gasto social, con ser demasiado elevado, no pasa del 22% del PIB frente al 30% del PIB en la media de la UE, cosa que los sindicatos irresponsablemente critican. Sin embargo, teniendo en cuenta, entre otros problemas, que nuestra tasa de desempleo es la más alta de Europa, para que España "siga yendo bien", es necesario que, aunque sea al resguardo de lo que los otros pretenden hacer, se reanude la paralizada política de reformas estructurales, flexibilizando los mercados para aumentar nuestra deteriorada productividad y recuperar el 5% de competitividad perdida desde 1997.