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Rafael Termes
Profesor
del IESE, Universidad
de Navarra
"Parece que
se están convenciendo"
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En efecto, parece que los gobernantes
alemanes y franceses están llegando al convencimiento
de que el modelo socialdemócrata de intervención
del sector público en la economía y de desmesurado
estado de bienestar está conduciendo al desastre económico,
tanto en freno del crecimiento del producto, como en aumento
del paro, como en incremento del déficit público
y aumento de la deuda, produciendo, como las invariantes leyes
económicas hacían prever, exactamente lo contrario
de lo que la fatal arrogancia socialista (Hayek dixit) venía
prometiendo. Y así vemos que, ahora, estos Gobiernos
quieren rectificar la errada conducta -en la que les acompañan
no pocos países de la Europa Continental- liberalizando
los mercados todavía intervenidos, en especial el excesivamente
protegido mercado de trabajo; modificando el desincentivante
sistema de protección del desempleo, tanto en la tasa
de reposición como en la duración del subsidio;
reformando el sistema público de pensiones basado no
en la capitalización sino en el reparto y que, visto
el envejecimiento de las poblaciones, obliga a aumentar las
cotizaciones o reducir las prestaciones. Estas reformas estructurales,
y otras que forzosamente tendrán que venir en el campo
de la sanidad y la educación, son el más elocuente
homenaje al sistema de economía liberal que tan insistentemente
ha sido atacado por el utópico pensamiento socialista,
ahora en el atolladero.
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"..
para que España "siga yendo bien", es
necesario que, se reanude la paralizada política
de reformas estructurales, flexibilizando los mercados
para aumentar nuestra deteriorada productividad .." |
Ante este cambio, las poblaciones
en Alemania, Francia, Italia, Austria y otros países,
movilizadas por unos sindicatos que no representan más
que una pequeña parte de los que tienen trabajo, se
manifiestan violentamente ante las propuestas gubernamentales.
No es extraño. El estado de bienestar, tal como existe
en Europa, no es, como algunos predicaban, "un pacto
social entre activos y jubilados, entre empleados y parados,
entre sanos y enfermos". El estado de bienestar fue impuesto
por los políticos, al final de la Primera Guerra Mundial
-con la complejidad de las élites dirigentes que, al
amparo del pensamiento keynesiano, habían perdido la
fe en el Estado liberal- bajo el engaño de hacer creer
a los ciudadanos que la protección que otorgaba -de
la cuna a la tumba- era gratuita; siendo así que la
hemos pagado todos -unos más y otros menos- hasta que
ahora resulta imposible pagarla.
Afortunadamente, España
no se halla todavía en la situación alemana
o francesa porque en los últimos siete años
-en los que España "ha ido" bien-, la política
económica-social practicada por el Gobierno ha sido
menos desaforada, como lo prueba que nuestro gasto social,
con ser demasiado elevado, no pasa del 22% del PIB frente
al 30% del PIB en la media de la UE, cosa que los sindicatos
irresponsablemente critican. Sin embargo, teniendo en cuenta,
entre otros problemas, que nuestra tasa de desempleo es la
más alta de Europa, para que España "siga
yendo bien", es necesario que, aunque sea al resguardo
de lo que los otros pretenden hacer, se reanude la paralizada
política de reformas estructurales, flexibilizando
los mercados para aumentar nuestra deteriorada productividad
y recuperar el 5% de competitividad perdida desde 1997.
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