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Manuel Balmaseda,
Jefe del Servicio de Estudios del BBVA para España
La deflación, de moda
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Mientras en España seguimos preocupados por la inflación,
principalmente por el lastre para la competitividad que supone
el diferencial sostenido con nuestros principales socios comerciales,
a escala global la preocupación es el riesgo de deflación.
Este temor, que se reaviva por segunda vez en los últimos
cinco años, se ha acentuado después del anuncio,
el pasado 6 de mayo, de la Reserva Federal del riesgo que
en los próximos trimestres se produzca en EE.UU. "...
una caída sustancial y no deseada de la inflación
...". Los mercados financieros parecen haber cotizado
este escenario deflacionista al registrar desde entonces descensos
en los tipos de largo plazo y aumentos en la probabilidad
asignada a futuros recortes en los tipos de referencia de
los bancos centrales tanto en EE.UU. como en la UEM. El temor
a la deflación en EE.UU. ha aumentado en las últimas
fechas tras la caída de la inflación subyacente
hasta el 1,5% en abril y la reducción de los precios
de producción (-1,9% en abril).
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"..si
Alemania entra en deflación, ¿la exportará
al resto de Europa?.." |
A escala global la inflación se redujo desde el 15%
promedio del periodo 1975-1995 hasta el 6% de la segunda mitad
de la década de los 90, principalmente como consecuencia
de la crisis Asiática, lo que se tradujo en un incremento
de la preocupación por la deflación. En los
últimos años la inflación ha continuado
reduciéndose paulatinamente hasta tasas del 3% alcanzadas
en 2002. Así, algunos países asiáticos,
Japón en particular, están experimentando ya
reducciones en sus niveles de precios.
En los últimos años se han juntado una serie
de factores que acentúan estas presiones deflacionistas.
El exceso de capacidad manufacturera a escala global se postula
generalmente como la principal fuente de presión a
la baja sobre los precios. Pero además, el ajuste de
los precios de los activos financieros y el moderado dinamismo
de las economías, que han dado lugar a output gaps
negativos, también inciden a la baja sobre el nivel
de precios. Además, el ajuste de los balances de los
agentes fruto del elevado endeudamiento de empresas y familias
limita la demanda agregada y la inversión, induciendo
mayores presiones a la reducción de los precios.
Recientemente el FMI ha publicado un informe sobre el riesgo
de deflación a escala global. Las conclusiones se resumen
en que existe un riesgo elevado de deflación en algunos
países como Alemania o se intensifique en Japón,
que ya está en deflación. Pero los temores de
deflación en EE.UU. son muy reducidos. España,
como cabría esperar, presenta un riesgo de deflación
mínimo.
En EE.UU., mientras que los temores de deflación parecen
exagerados, también parece difícil que la inflación
aumente significativamente a corto plazo. El moderado dinamismo
de la economía estadounidense y los últimos
coletazos del ajuste de los precios bursátiles limitan
el incremento de los precios, pese al impulso que supone la
reciente depreciación del dólar. El riesgo de
deflación podría proceder del exterior. El exceso
de capacidad en economías como la China, que además
mantiene un tipo de cambio fijo con el dólar, pudiera
hace que EE.UU. importara deflación del Sudeste Asiático,
tanto directamente como por la competencia que supone para
los productos domésticos.
Alemania, por su parte, además de estar expuesta a
los mismos riesgos que EE.UU. tiene unas perspectivas económicas
menos favorables, lo que se traducirá en una ampliación
del output gap y las consiguientes presiones a la baja sobre
los precios. Pero adicionalmente, la economía alemana
tiene una capacidad de reacción restringida en términos
de políticas de demanda. En particular, la política
monetaria implementada por el BCE es relativamente restrictiva
dada la fase cíclica de la economía alemana.
A ello se añade la apreciación del euro de las
últimas fechas, más madera al fuego de la deflación.
El temor a la deflación está justificado porque,
si bien tiene baja probabilidad, sus repercusiones son graves.
Ahora bien, este riesgo no es homogéneo, incidiendo
sobre unas economías más que sobre otras. Pero
si Alemania entra en deflación, ¿la exportará
al resto de Europa? Aunque sus consecuencias merecen más
atención de la meramente coyuntural y cortoplacista
es, hoy por hoy, un escenario poco probable. En España,
de momento, la preocupación es bien distinta.
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