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Manuel Balmaseda,
Jefe del Servicio de Estudios del BBVA para España
España, en campaña
La incidencia del calendario electoral sobre la economía
se conoce desde hace décadas. El ciclo político-económico,
como se conoce a este efecto, es el resultado del proceso
de optimización del gobierno cuando entre sus objetivos,
además de la mayor utilidad de los agentes económicos,
se encuentra la reelección, lo que introduce distorsiones
en sus decisiones. Además, las decisiones de política
económica están condicionadas por el perfil
político de los gobiernos, como representantes de las
exigencias de los agentes económicos. La preocupación
por la relación entre el ciclo económico y el
electoral aparece porque las decisiones de política
económica están condicionadas por el calendario
electoral, induciendo fluctuaciones adicionales a las meramente
económicas en el crecimiento, la inflación y
el desempleo.
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"La
preocupación por la relación entre el ciclo
económico y el electoral aparece porque las decisiones
de política económica están condicionadas
por el calendario electoral.." |
Ello supone que el resultado del problema de optimización
dinámica de la asignación del gasto no coincida
con el óptimo de Pareto. Es decir, un hipotético
planificador social podría asignar el gasto de forma
más eficiente. Así, la solución obtenida
constituye un "second best". Si la implementación
de una determinada política económica tiene
un coste a corto plazo, la necesidad de ser elegido para poder
implementar dicha política resulta en que o bien no
se lleve a cabo o bien haya que compensar el coste a corto
plazo con gasto adicional. El proceso electoral condiciona
el proceso de implementación y la toma de decisiones,
desviándola de su calendario y su magnitud óptimas.
En la economía española, el escaso margen de
actuación sobre el presupuesto, al estar la mayor parte
del gasto fijado de antemano (en torno al 80%), hace que la
política fiscal discrecional tenga una mayor incidencia
sobre la construcción. Así, el ciclo político-económico
se podría denominar "ciclo político-constructor".
Además, la obra civil es ejecutada parcialmente por
todos los niveles de la administración pública,
por lo que los distintos calendarios electorales, municipal,
autonómico y nacional, condicionan las decisiones de
gasto en obra civil en función del ámbito de
competencia. Todo ello se traduce en una asignación
de recursos dinámicamente ineficiente, tanto en el
calendario de ejecución como en el destino del gasto.
Este efecto se ha observado en España en los últimos
veinticinco años, alternándose periodos de fuerte
dinamismo en la construcción, que típicamente
coinciden con el punto medio del ciclo político, con
periodos de baja actividad, coincidiendo con las elecciones.
En los meses previos a la cita electoral la construcción
se ralentiza debido a la finalización de obras. La
reactivación posterior exige un periodo de planificación,
más largo si las elecciones provocan cambios en la
gestión pública, que reduce la actividad constructora.
La incidencia del ciclo político-constructor parece
haberse reducido paulatinamente por el carácter más
recurrente de la obra pública (mantenimiento de infraestructuras
ya existentes) y la mayor cuantía de ésta financiada
fuera del presupuesto por entidades ajenas al ciclo electoral.
Mientras que la decisión de qué gasto público
realizar debe estar sujeta al contexto político, como
representantes de los agentes económicos, su calendario
de ejecución debería ser independiente del ciclo
electoral, ajustándose a la asignación eficiente
de los recursos requeridos.
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