Nº82
Del 5 al 11 de Marzo del 2003
 


 


 
 

Rafael Termes
Profesor del IESE, Universidad de Navarra
"Crecimiento e inflación"

 
 





El día 26 de febrero el Instituto Nacional de Estadística publicó los datos sobre el crecimiento del PIB al cierre del cuarto trimestre del 2002, que arrojan, para todo el año, un crecimiento del 2% sobre el PIB del año 2001. Este crecimiento es inferior en 2 décimas al oficialmente previsto, y muy inferior al crecimiento del 2,7% experimentado en el año 2001.
  "..este fuerte diferencial de inflación forzosamente acabará afectando al ritmo de nuestra convergencia real con la Unión Europea."

Ya diversos analistas han puesto de relieve la manera nada deseable como se ha producido el crecimiento de la demanda interna, apoyada en el gasto en consumo de las administraciones públicas, que ha aumentado un 3,8%, en contraste con el 1,9% de aumento en el consumo de los hogares, y una escasa inversión en formación de capital fijo, ya que si la construcción ha aumentado un 4,5%, la inversión en líneas de equipo se ha reducido un 4,1%. Por otra parte, el saldo negativo de la balanza comercial ha aumentado un 13,6%, a consecuencia de un aumento del 2,2% en las importaciones contra un 1,4% de las exportaciones, evidenciando el creciente deterioro de nuestra competitividad. Este hecho significa que la contribución exterior al crecimiento del PIB ha sido negativa, restando 0,3 puntos al crecimiento de la demanda interna. Esta reducción fue sólo de 0,1 puntos en 2001.

A pesar del deterioro que se deduce de este somero análisis del comportamiento de los componentes del PIB, el Gobierno se ha apresurado a decir que nuestro crecimiento es el doble del de nuestro entorno, lo cual es cierto, ya que según los datos de Eurostat a esta fecha, el crecimiento en 2002 habrá sido del 0,9% en la zona del euro y del 1,1% en la EU-15. Pero lo que el Gobierno no dice es que el análisis del crecimiento es inseparable del análisis de la inflación. Y el crecimiento de nuestro IPC armonizado está en el 3,8%, frente al 2,2% para la zona del euro y el 2,1% para la EU-15. Y este fuerte diferencial de inflación forzosamente acabará afectando al ritmo de nuestra convergencia real con la Unión Europea.

Un indicio de que así será lo proporciona la información de Eurostat sobre la convergencia de España, medida por la relación, en unidades PPC, entre nuestro PIB per cápita y el PIB per cápita medio de la zona euro, estimada en el 84,3% en los datos publicados en junio de 2002 y reducida al 83,1% en la actualización realizada el 24 de enero de 2003. Otra demostración de la desaceleración de nuestra convergencia real es que, con los últimos datos de Eurostat, nuestro porcentaje sobre la media de la zona euro, entre 1994 y 1999 creció al ritmo anual del 1,22%, mientras que entre 1999 y 2001, período en el que el diferencial de inflación se ha ido ensanchando, nuestra convergencia ha crecido sólo al ritmo del 0,91%. Para saber con certeza la evolución de nuestra convergencia en
2002 habrá que esperar a que Eurostat publique los datos referidos al último año, lo que probablemente ocurrirá en abril
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