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Manuel Balmaseda,
Jefe del Servicio de Estudios del BBVA para España
Diferencial diferenciado
La evolución de los tipos de interés de la deuda
de un país está condicionada por la dinámica
de los tipos de interés a corto plazo, fijados por
los Bancos Centrales, por la liquidez del mercado de deuda
y por las perspectivas económicas de la economía
que emite la deuda, y en particular, por la salud de sus cuentas
públicas.
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"Los
diferenciales de tipos de interés en Europa no
recogen, todavía, las distintas perspectivas de
las economías. Aunque ello no implica que el diferencial
de España deba reducirse." |
Una subida de los tipos de interés a corto plazo se
refleja en un aumento, aunque de menor cuantía, de
los tipos de interés de la deuda, eliminando las posibilidades
de arbitraje entre distintos plazos de la estructura temporal
de los tipos. Por otro lado, la mayor liquidez de un mercado
permite emitir deuda a tipos más reducidos, debido
a menor prima de liquidez exigida al país. Las perspectivas
económicas inciden sobre los tipos de la deuda, fundamentalmente,
a través de las expectativas de los agentes. Unas perspectivas
de crecimiento elevado y de inflación al alza se traducirán
en tipos de interés de la deuda altos, tanto por la
expectativa de subidas de los tipos cortos como por la mayor
inflación. El deterioro de las cuentas públicas
(incremento del déficit público), por su parte,
se reflejará en mayores tipos de interés de
la deuda, ante la mayor demanda total de fondos por el conjunto
de la economía.
Recientemente la diferencia entre los tipos de la deuda española
y alemana ha, prácticamente, desaparecido. Ello se
ha recibido con entusiasmo ya que implica que el Tesoro español
podrá financiarse en las mismas condiciones que Alemania,
lo que supone un hito importante para la economía española.
A mediados de los noventa España pagaba una prima del
entorno de los 500 puntos básicos (5%), que se redujo
por debajo de 100 pb en 1997.
Como cabe esperar, la evolución del diferencial de
tipos de interés está marcada por el comportamiento
de los factores mencionados anteriormente. En la actualidad,
a pesar de la mencionada convergencia, los tipos de interés
a largo plazo en Europa no reflejan en su totalidad las diferentes
realidades de las distintas economías. Desde 1999,
los tipos de interés a corto plazo los fija el Banco
Central Europeo para el conjunto de la Unión Monetaria,
por lo que no existe diferencial entre los países miembros.
Con respecto a la liquidez, el mercado de deuda alemán
es todavía significativamente más liquido que
el español, lo que implica una menor prima de liquidez
y, por consiguiente, unos tipos más reducidos. Por
tanto, al estar los tipos españoles al mismo nivel
que los alemanes, ello indicaría que, en ausencia de
dicha prima, el diferencial de tipos con respecto a Alemania
sería negativo. Ello se justificaría por la
peor salud de cuentas públicas alemanas, cuyo déficit
se sitúa ya por encima del 3%. La peor salud de éstas
se traduce unos tipos de interés más elevados,
compensando la menor prima de liquidez.
Pero, por otro lado, las perspectivas de la economía
española son mejores que las alemanas. El mayor crecimiento
potencial español, que se sitúa más de
medio punto por encima del alemán, se traduce en unos
mayores tipos de interés reales. A ello se une que
las perspectivas inflacionistas de la economía española
continúan superando a las de la economía alemana,
por lo que al diferencial de tipos justificado por factores
reales habría que añadir el derivado de factores
nominales. La combinación de tipos de interés
reales más elevados y de mayor inflación sugiere
que los tipos de interés a largo plazo españoles
deberían situarse por encima de los de la economía
alemana en el futuro. Esta ampliación del diferencial
sería reflejo de las distintas perspectivas de la economía
española tanto en crecimiento potencial como en inflación
tendencial. Por tanto, lo importante no es que el diferencial
de tipos de interés a largo plazo se anule sino cuales
son los factores que lo justifican.
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