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Manuel Balmaseda,
Jefe del Servicio de Estudios del BBVA para España
¿Temor fundado?
Existe el temor de que la ampliación de la Unión
Europea hacia los países del Este y Centro de Europa
(PECOs) suponga un deterioro de los flujos comerciales de
España hacia los países europeos, mercado de
destino del 70% del comercio español. Un primer grupo
de factores que inciden en las relaciones comerciales son
la proximidad geográfica y los lazos históricos
y culturales. En este sentido, a priori, los países
más beneficiados comercialmente por la ampliación
serían Alemania, Austria y, en menor medida, Italia,
mientras que España debería verse relativamente
perjudicada.
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"Aunque
el temor de un deterioro significativo del comercio español
por la competencia de los PECOs sea excesivo tampoco debe
minimizarse el reto que supone la competencia de estos
países." |
Los índices de creación de comercio, que miden
la incidencia del mayor mercado, corroboran tan sólo
parcialmente esta intuición. Mientras Alemania (0,64),
Italia (0,59) y Austria (0,52) alcanzan los índices
más elevados en la UE, según las estimaciones
de Caetano et al., sorprende la situación de España
que, pese a la distancia geográfica y la escasa intensidad
de los lazos históricos y culturales con los países
del Este, presenta un índice de creación de
comercio de 0,47, superior al de la UE (0,44).
La adhesión de los países del Este también
aumentará la competencia por el mercado europeo. En
este sentido, los PECOs están especializados en productos
intensivos en mano de obra y de tecnología baja-media:
maquinaria, material eléctrico, productos textiles
y automóviles, sectores con un gran peso en el comercio
español (7,4%, 7,3%, 4,5% y 20%, respectivamente, del
total de las exportaciones españolas a la UE) y en
los que la competitividad vía precios es crucial. Los
menores costes laborales en los PECOs (entre un 20% y un 60%
inferiores a los de la UE), en este contexto, se presentan
como una ventaja competitiva insalvable para la economía
española.
De ello podría deducirse que el comercio español
es muy sensible a las presiones competitivas procedentes de
estos países y que, por tanto, la ampliación
podría provocar una pérdida de cuota de mercado
en los países de la UE. Sin embargo, un análisis
más detallado permite ser más optimista. En
primer lugar, las exportaciones de estos países al
resto de la UE están ya liberalizadas en la mayoría
de los productos, salvo los agrícolas, desde comienzos
de los noventa en virtud de los Acuerdos Europeos bilaterales
pactados entre la UE y los países candidatos. Estos
acuerdos se han traducido en un aumento de las exportaciones
a la UE procedente de los PECOs, que crecieron a una tasa
media del 12% entre 1989-1999. A pesar de ello, las exportaciones
españolas a Europa mantuvieran un importante dinamismo
en dicho periodo, creciendo un 13,4% de media anual.
En segundo lugar, los índices de similitud de importaciones
muestran que la estructura de las importaciones de la UE desde
los PECOs y desde los países del Sur de Europa es similar
a la que mantiene con otros países en vías de
desarrollo y sólo ligeramente superior a la similitud
que tienen con las de otros países industrializados.
En tercer lugar, las importantes diferencias existentes en
los valores unitarios, precios de exportación, sugieren
que estos países compiten en segmentos de mercado de
calidad diferente. Estos dos últimos factores sugieren
que la similitud en la especialización productiva no
es tan relevante y, por tanto, no debería temerse la
competencia entre los productos españoles y los provenientes
de los PECOs. Es más, el conjunto de factores sugiere
que el impacto directo sobre las exportaciones españolas
a terceros mercados de la ampliación de la UE será
más moderado del que se deduciría de la simple
comparación del patrón de exportaciones y destino
de las ventas.
Ahora bien, aunque el temor de un deterioro significativo
del comercio español por la competencia de los PECOs
sea excesivo tampoco debe minimizarse el reto que supone para
la economía española la competencia de estos
países. Es necesario mantener nuestras ventajas competitivas
para hacer frente a esta competencia. El deterioro de la competitividad,
fruto del diferencial de inflación con Europa, supone
en este entorno un riesgo mayor para el comercio español.
España debe aprovechar la oportunidad que presenta
la ampliación para dar un paso más en la modernización
de su estructura productiva y traducir el reto de un mercado
más amplio en un impulso a la competencia y a la eficiencia
de la economía.
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