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El conflicto
con Iraq ya ha tenido un coste económico importante
con anterioridad al inicio de las hostilidades al haber elevado
el precio del crudo, inhibir decisiones de consumo e inversión
y pesar negativamente sobre las cotizaciones en bolsa. Todo
ello ha reducido el crecimiento y retrasado la esperada recuperación
de la economía internacional. Evaluar el coste, directo
e indirecto, del conflicto es sumamente difícil ya
que dependerá de su duración, de los daños
colaterales etc. Prueba de esta dificultad es que W. Nordhaus,
de la Universidad de Yale, en un detallado estudio al respecto
abre una horquilla que cubre desde los 100 mm. en el escenario
más "benigno" hasta los 1.900 mm. de dólares
en el peor de los casos. No obstante, dentro de la incertidumbre,
la mayor parte de las estimaciones se aproximan al escenario
menos desfavorable.
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Las consecuencias creo que son negativas en términos
económicos, y no sólo por el encarecimiento del
petróleo, sino porque han elevado las primas de riesgo,
retrasando las decisiones de los agentes económicos.
Respecto a las previsiones que se manejaban hace seis meses,
este paréntesis ha supuesto revisar entre medio punto
y tres cuartos de punto el crecimiento previsto para este año
en Europa y Estados Unidos. Por otra parte, va a agudizar aún
más los desequilibrios estadounidenses, dificultando
su capacidad de liderazgo en el ciclo económico, y a
retardar el compromiso político europeo con sus proyectos
de medio plazo (por ejemplo, la ampliación o las iniciativas
de coordinación de política económica).
Para Estados Unidos, además, un punto sobre el PIB más
de déficit gastado en la factura de la guerra genera
sin duda menos efectos multiplicadores que a través de
otro tipo de medidas fiscales o presupuestarias.
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