Los efectos económicos
de la guerra
Gregorio Izquierdo Llanes
Director
de Análisis del Instituto de Estudios Económicos
Sergio Díaz Valverde
Economista
del Instituto de Estudios Económicos
El efecto inmediato
del estallido de la guerra en Irak ha sido positivo, puesto que
ha acabado con la incertidumbre y la desconfianza de los últimos
meses, que estaba lastrando la débil recuperación
de la economía internacional, al retrasar las decisiones
de inversión. Además, el optimismo inicial al comienzo
de las hostilidades, derivado de las perspectivas de un conflicto
corto, se trasladó a las bolsas (con ganancias notables en
los mercados europeos)
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dada la enorme superioridad bélica norteamericana, y
tal y como están descontando los mercados, es más
que probable que la guerra concluya de forma rápida (tres
meses a lo sumo), lo que será fundamental para normalizar
el precio del petróleo.." |
y a los precios del petróleo que,
tras rozar los 35 dólares por barril, debido, no sólo
a la prima de riesgo por la amenaza de guerra, sino también
a la inestabilidad política en Venezuela (el tercer mayor
productor de petróleo de la OPEP), registraron una caída
cercana al 30 por 100 (a lo que contribuyó también
la suspensión del sistema de cuotas por parte del cártel
petrolero). Sin embargo, la mayor resistencia de la esperada por
parte del Ejército iraquí ha hecho temer que el conflicto
se prolongue en el tiempo y sea costoso en términos de vidas
humanas, lo que ampliaría los efectos negativos sobre el
crecimiento mundial (que, según algunos analistas, podría
ser de una magnitud de medio punto) y los precios (como ya se está
dejando notar, tanto en Europa como en Estados Unidos). A ello hay
que añadir la incertidumbre sobre el suministro de crudo,
tras comprobar cómo algunos pozos petrolíferos iraquíes
han sido quemados, y los mayores costes de transacción, ya
elevados a raíz de los atentados del 11-S, y que afectarán,
en mayor medida, a sectores concretos como el transporte aéreo,
seguros y turismo. En este sentido, el recelo de parte del mundo
árabe e islámico hacia Occidente podría aumentar
en el caso de una guerra prolongada y con víctimas civiles,
lo que añadiría más incertidumbre.
No obstante, dada la enorme superioridad
bélica norteamericana, y tal y como están descontando
los mercados, es más que probable que la guerra concluya
de forma rápida (tres meses a lo sumo), lo que será
fundamental para normalizar el precio del petróleo, asegurar
su suministro (no hay que olvidar que Irak cuenta con las segundas
mayores reservas del mundo), devolver la confianza a los mercados
e inversores y reactivar la economía mundial, en especial
la de Estados Unidos, que deberá continuar ejerciendo de
locomotora ante la atonía europea. De hecho, si la guerra
se prolongara y el precio del petróleo se mantuviera alto
durante varios meses, el crecimiento de la eurozona podría
verse también recortado, agravando su ya de por sí
delicada situación. En este sentido, el BCE, que ya recortó
tímidamente los tipos de interés el pasado 6 de marzo
hasta el 2,5 por 100, ha expresado su disposición a aportar
liquidez al sistema financiero en caso de que fuera necesario, por
lo que no son descartables nuevas bajadas de tipos en los próximos
meses, lo que animaría la maltrecha economía europea.
Por el contrario, los tipos de interés en Estados Unidos
se encuentran en unos niveles extraordinariamente bajos (1,25 por
100), por lo que su margen de maniobra es mucho menor. Además,
los enormes gastos derivados de la guerra y de la posterior reconstrucción
de Irak (que podrían rozar, en el mejor de los casos, si
la contienda no se prolonga en exceso, los 200.000 millones de dólares),
junto con la reforma fiscal recientemente aprobada (que supone una
reducción de ingresos de más de 700.000 millones de
dólares) impulsarán el déficit público
norteamericano, lo que tensionará al alza los tipos de interés.
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