Nº85
Del 26 de Marzo al 1 de Abril del 2003
 


 




 
 


Los efectos económicos de la guerra

 

Gregorio Izquierdo Llanes
Director de Análisis del Instituto de Estudios Económicos
Sergio Díaz Valverde
Economista del Instituto de Estudios Económicos

 


El efecto inmediato del estallido de la guerra en Irak ha sido positivo, puesto que ha acabado con la incertidumbre y la desconfianza de los últimos meses, que estaba lastrando la débil recuperación de la economía internacional, al retrasar las decisiones de inversión. Además, el optimismo inicial al comienzo de las hostilidades, derivado de las perspectivas de un conflicto corto, se trasladó a las bolsas (con ganancias notables en los mercados europeos)
  ".. dada la enorme superioridad bélica norteamericana, y tal y como están descontando los mercados, es más que probable que la guerra concluya de forma rápida (tres meses a lo sumo), lo que será fundamental para normalizar el precio del petróleo.."
y a los precios del petróleo que, tras rozar los 35 dólares por barril, debido, no sólo a la prima de riesgo por la amenaza de guerra, sino también a la inestabilidad política en Venezuela (el tercer mayor productor de petróleo de la OPEP), registraron una caída cercana al 30 por 100 (a lo que contribuyó también la suspensión del sistema de cuotas por parte del cártel petrolero). Sin embargo, la mayor resistencia de la esperada por parte del Ejército iraquí ha hecho temer que el conflicto se prolongue en el tiempo y sea costoso en términos de vidas humanas, lo que ampliaría los efectos negativos sobre el crecimiento mundial (que, según algunos analistas, podría ser de una magnitud de medio punto) y los precios (como ya se está dejando notar, tanto en Europa como en Estados Unidos). A ello hay que añadir la incertidumbre sobre el suministro de crudo, tras comprobar cómo algunos pozos petrolíferos iraquíes han sido quemados, y los mayores costes de transacción, ya elevados a raíz de los atentados del 11-S, y que afectarán, en mayor medida, a sectores concretos como el transporte aéreo, seguros y turismo. En este sentido, el recelo de parte del mundo árabe e islámico hacia Occidente podría aumentar en el caso de una guerra prolongada y con víctimas civiles, lo que añadiría más incertidumbre.

No obstante, dada la enorme superioridad bélica norteamericana, y tal y como están descontando los mercados, es más que probable que la guerra concluya de forma rápida (tres meses a lo sumo), lo que será fundamental para normalizar el precio del petróleo, asegurar su suministro (no hay que olvidar que Irak cuenta con las segundas mayores reservas del mundo), devolver la confianza a los mercados e inversores y reactivar la economía mundial, en especial la de Estados Unidos, que deberá continuar ejerciendo de locomotora ante la atonía europea. De hecho, si la guerra se prolongara y el precio del petróleo se mantuviera alto durante varios meses, el crecimiento de la eurozona podría verse también recortado, agravando su ya de por sí delicada situación. En este sentido, el BCE, que ya recortó tímidamente los tipos de interés el pasado 6 de marzo hasta el 2,5 por 100, ha expresado su disposición a aportar liquidez al sistema financiero en caso de que fuera necesario, por lo que no son descartables nuevas bajadas de tipos en los próximos meses, lo que animaría la maltrecha economía europea. Por el contrario, los tipos de interés en Estados Unidos se encuentran en unos niveles extraordinariamente bajos (1,25 por 100), por lo que su margen de maniobra es mucho menor. Además, los enormes gastos derivados de la guerra y de la posterior reconstrucción de Irak (que podrían rozar, en el mejor de los casos, si la contienda no se prolonga en exceso, los 200.000 millones de dólares), junto con la reforma fiscal recientemente aprobada (que supone una reducción de ingresos de más de 700.000 millones de dólares) impulsarán el déficit público norteamericano, lo que tensionará al alza los tipos de interés.



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