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Juan Velarde Fuertes,
Consejero del Tribunal de Cuentas
Sine Ethica,
nulla Economia
Hubo un suceso significativo durante la cuarta etapa de la "cuestión
universitaria". Ya se sabe que la primera, fue la del ministro
Orovio en tiempos de Isabel II y el artículo El rasgo,
de Castelar; la segunda fue en tiempo de Alfonso XII, también
con Orovio, y provocó el nacimiento de la Institución
Libre de Enseñanza; la tercera fue la
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"El
fundador de Arthur Anderse, hace 89 años, había
tenido un lema: "Piensa rectamente. Habla rectamente".
Ese lema se había abandonado. Los mejores empleados
de la empresa estaban incómodos señalando
que "representaba lo peor del mundo norteamericano
de los negocios", porque la tarea número uno
era lograr mayores ingresos." |
de Primo de Rivera y la cuestión
de los derechos de la Universidad Católica, con el ministro
Castillejo. La cuarta había estallado en 1956 con el
Congreso Libre de Estudiantes y se agudizó en el año
mítico de 1968, en la Era de Franco. Al perder Aranguren,
como consecuencia de estos sucesos, la Cátedra de Ética,
un famoso catedrático de Estética, José
María Valverde, colocó a la puerta del aula un
pasquín que decía: "Sine ethica, nulla estethica;
así que apaga y vámonos". Pues bien; en economía
una y otra vez se comprueba lo mismo. Ahora acaba de publicarse
el libro de Barbara Ley Toffler y Jennifer Reingold, "Final
Accouting. Ambition, greed and fall of Arthur Andersen"
(Broadway Books, 2003). Conviene leerlo una y otra vez. Así
se contempla cómo la base de la ruina de Arthur Andersen
fue buscar, sobre todo, como una especie de fundamento vital,
las mayores ganancias posibles. Su fundador, hace 89 años,
había tenido un lema: "Piensa rectamente. Habla
rectamente". Ese lema se había abandonado. Los mejores
empleados de la empresa estaban incómodos señalando
que "representaba lo peor del mundo norteamericano de los
negocios", porque la tarea número uno era lograr
mayores ingresos. La lectura del libro nos hace meditar al mismo
tiempo que se contempla lo que sucedió en Estados Unidos,
Europa y demás, lo que aconteció hace muy pocos
años en España. También aquí hubo
un abandono de la ética, primero en el sector público
-ahí ha quedado para siempre el asunto Filesa- y, desde
luego, en el privado. Según los índices de Transparencia
Internacional para el año 2002 hemos pasado página.
Conviene meditar sobre ello, porque es imposible que, en micro
y en macro funcione una economía si abandona cuestiones
fundamentales de la ética. Al observar la grosería
y la cursilería del colectivo ajeno a la ética,
también, para que marche bien una economía, es
preciso no olvidar la estética.
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