Nº84
Del 19 al 25 de Marzo del 2003
 


 


 
 


Juan Velarde Fuertes
, Consejero del Tribunal de Cuentas
Sine Ethica, nulla Economia

 
 



Hubo un suceso significativo durante la cuarta etapa de la "cuestión universitaria". Ya se sabe que la primera, fue la del ministro Orovio en tiempos de Isabel II y el artículo El rasgo, de Castelar; la segunda fue en tiempo de Alfonso XII, también con Orovio, y provocó el nacimiento de la Institución Libre de Enseñanza; la tercera fue la
  "El fundador de Arthur Anderse, hace 89 años, había tenido un lema: "Piensa rectamente. Habla rectamente". Ese lema se había abandonado. Los mejores empleados de la empresa estaban incómodos señalando que "representaba lo peor del mundo norteamericano de los negocios", porque la tarea número uno era lograr mayores ingresos."
de Primo de Rivera y la cuestión de los derechos de la Universidad Católica, con el ministro Castillejo. La cuarta había estallado en 1956 con el Congreso Libre de Estudiantes y se agudizó en el año mítico de 1968, en la Era de Franco. Al perder Aranguren, como consecuencia de estos sucesos, la Cátedra de Ética, un famoso catedrático de Estética, José María Valverde, colocó a la puerta del aula un pasquín que decía: "Sine ethica, nulla estethica; así que apaga y vámonos". Pues bien; en economía una y otra vez se comprueba lo mismo. Ahora acaba de publicarse el libro de Barbara Ley Toffler y Jennifer Reingold, "Final Accouting. Ambition, greed and fall of Arthur Andersen" (Broadway Books, 2003). Conviene leerlo una y otra vez. Así se contempla cómo la base de la ruina de Arthur Andersen fue buscar, sobre todo, como una especie de fundamento vital, las mayores ganancias posibles. Su fundador, hace 89 años, había tenido un lema: "Piensa rectamente. Habla rectamente". Ese lema se había abandonado. Los mejores empleados de la empresa estaban incómodos señalando que "representaba lo peor del mundo norteamericano de los negocios", porque la tarea número uno era lograr mayores ingresos. La lectura del libro nos hace meditar al mismo tiempo que se contempla lo que sucedió en Estados Unidos, Europa y demás, lo que aconteció hace muy pocos años en España. También aquí hubo un abandono de la ética, primero en el sector público -ahí ha quedado para siempre el asunto Filesa- y, desde luego, en el privado. Según los índices de Transparencia Internacional para el año 2002 hemos pasado página. Conviene meditar sobre ello, porque es imposible que, en micro y en macro funcione una economía si abandona cuestiones fundamentales de la ética. Al observar la grosería y la cursilería del colectivo ajeno a la ética, también, para que marche bien una economía, es preciso no olvidar la estética.