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Manuel Balmaseda,
Jefe del Servicio de Estudios del BBVA para España
"Parcheando" Alemania
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El pasado viernes el canciller Schröder presentó
su programa para la reactivación de la economía
alemana. El plan pretende impulsar el crecimiento económico
mediante la reforma del Estado de Bienestar, modificando la
protección del empleo, los costes no salariales, el
sistema de pensiones e, incluso, la sanidad pública.
En su conjunto el plan aspira a dotar de mayor eficiencia
a la economía pero sin romper, más allá
de lo estrictamente imprescindible, el marco del Estado del
Bienestar. Es decir, hacer una tortilla rompiendo el menor
número de huevos posible. Sin embargo, la prioridad
no debiera ser la cantidad de huevos a romper, sino qué
tortilla es la que se quiere hacer. El objetivo que debería
plantearse es el conjunto de reformas necesario para impulsar
el crecimiento de la economía y favorecer la ganancia
de eficiencia, reformando el Estado del Bienestar en función
de dicho objetivo. Una economía más flexible
y eficiente no supone un deterioro de las condiciones de vida
de los ciudadanos, sino todo lo contrario.
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"El
Estado del Bienestar debe ser fruto de la mayor riqueza
del país y no una restricción al dinamismo
económico." |
El fin de la política económica no es defender
el conjunto de reglas que constituyen el Estado del Bienestar,
sino el propio bienestar de los ciudadanos. Reduciendo las
limitaciones al crecimiento que impone el Estado del Bienestar
se generaría una mayor prosperidad. La dificultad radica
en encontrar el equilibrio justo entre Estado del Bienestar
y flexibilidad económica. El Estado del Bienestar debe
ser fruto de la mayor riqueza del país y no una restricción
al crecimiento.
El debate sobre el modelo de crecimiento a seguir, "anglosajón"
ó "europeo", no es la cuestión. La
defensa a ultranza del "modelo europeo", caracterizado
por su rigidez, limita la capacidad de ajuste de la economía.
La introducción de medidas tendentes a flexibilizar
la economía permitirá al modelo europeo algo
más de dinamismo, lo que se traducirá en una
mayor eficiencia. El proyecto de Schröder avanza en esta
dirección. Pero, si bien son pasos en la senda adecuada,
no son la solución al dilema del crecimiento europeo.
Además, al más puro estilo europeo, el plan
de Schröder peca de anunciar medidas sin explicar como
se implementarán, o sujetas a comisiones de investigación
que en un futuro presentarán sus resultados. Esta estrategia,
ya utilizada a nivel europeo con la Agenda de Lisboa, muestra
que el conjunto de reformas necesarias para impulsar el crecimiento
en el conjunto de Europa, y en Alemania en particular, son
de sobra conocidas (flexibilización del mercado laboral,
liberalización de mercados de bienes y servicios, reforma
de las administraciones públicas, etc.). También
pone de manifiesto la falta de voluntad política para
asumir los costes a corto plazo de estas reformas, aunque
haya ganancias a más largo plazo. Ello condena a Europa
y a Alemania a seguir "parcheando" la economía,
en vez de actualizar a un modelo más eficiente.
La política económica en Europa necesita enfocar
sus prioridades, no hacia el mantenimiento del status quo
del Estado del Bienestar, sino hacia la mayor flexibilidad,
eficiencia y dinamismo necesarios para competir en un mundo
cambiante como el actual.
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