Nº84
Del 19 al 25 de Marzo del 2003
 


 


 
 


Manuel Balmaseda
, Jefe del Servicio de Estudios del BBVA para España
"Parcheando" Alemania

 




El pasado viernes el canciller Schröder presentó su programa para la reactivación de la economía alemana. El plan pretende impulsar el crecimiento económico mediante la reforma del Estado de Bienestar, modificando la protección del empleo, los costes no salariales, el sistema de pensiones e, incluso, la sanidad pública. En su conjunto el plan aspira a dotar de mayor eficiencia a la economía pero sin romper, más allá de lo estrictamente imprescindible, el marco del Estado del Bienestar. Es decir, hacer una tortilla rompiendo el menor número de huevos posible. Sin embargo, la prioridad no debiera ser la cantidad de huevos a romper, sino qué tortilla es la que se quiere hacer. El objetivo que debería plantearse es el conjunto de reformas necesario para impulsar el crecimiento de la economía y favorecer la ganancia de eficiencia, reformando el Estado del Bienestar en función de dicho objetivo. Una economía más flexible y eficiente no supone un deterioro de las condiciones de vida de los ciudadanos, sino todo lo contrario.
  "El Estado del Bienestar debe ser fruto de la mayor riqueza del país y no una restricción al dinamismo económico."


El fin de la política económica no es defender el conjunto de reglas que constituyen el Estado del Bienestar, sino el propio bienestar de los ciudadanos. Reduciendo las limitaciones al crecimiento que impone el Estado del Bienestar se generaría una mayor prosperidad. La dificultad radica en encontrar el equilibrio justo entre Estado del Bienestar y flexibilidad económica. El Estado del Bienestar debe ser fruto de la mayor riqueza del país y no una restricción al crecimiento.

El debate sobre el modelo de crecimiento a seguir, "anglosajón" ó "europeo", no es la cuestión. La defensa a ultranza del "modelo europeo", caracterizado por su rigidez, limita la capacidad de ajuste de la economía. La introducción de medidas tendentes a flexibilizar la economía permitirá al modelo europeo algo más de dinamismo, lo que se traducirá en una mayor eficiencia. El proyecto de Schröder avanza en esta dirección. Pero, si bien son pasos en la senda adecuada, no son la solución al dilema del crecimiento europeo. Además, al más puro estilo europeo, el plan de Schröder peca de anunciar medidas sin explicar como se implementarán, o sujetas a comisiones de investigación que en un futuro presentarán sus resultados. Esta estrategia, ya utilizada a nivel europeo con la Agenda de Lisboa, muestra que el conjunto de reformas necesarias para impulsar el crecimiento en el conjunto de Europa, y en Alemania en particular, son de sobra conocidas (flexibilización del mercado laboral, liberalización de mercados de bienes y servicios, reforma de las administraciones públicas, etc.). También pone de manifiesto la falta de voluntad política para asumir los costes a corto plazo de estas reformas, aunque haya ganancias a más largo plazo. Ello condena a Europa y a Alemania a seguir "parcheando" la economía, en vez de actualizar a un modelo más eficiente.

La política económica en Europa necesita enfocar sus prioridades, no hacia el mantenimiento del status quo del Estado del Bienestar, sino hacia la mayor flexibilidad, eficiencia y dinamismo necesarios para competir en un mundo cambiante como el actual
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