Nº83
Del 12 al 18 de Marzo del 2003
 


 


 
 


Juan Velarde Fuertes
, Consejero del Tribunal de Cuentas
¡Jesús Santo, qué principio!

 
 



El 28 de febrero de 1844, en el Teatro de la Cruz, se oyeron estas palabras, como reacción a una carta de don Juan Tenorio. Tras transcurrir 159 años, eso es lo que tiene que decir todo economista que comience a leer el Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe 2000, preparado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) (Publicación de las Naciones Unidas,
  "Las economías de América Latina y el Caribe sufrieron una contracción de 0'5% en 2002. Con este resultado, el PIB per cápita de este año se situó por debajo del nivel de 1997, completando "media década perdida"... Las condiciones sociales se deterioraron concomitantemente, y en 2002 hubo 7 millones de latinoamericanos y caribeños que engrosaron las cifras de pobreza de la región."
Santiago de Chile, 2002). He aquí una síntesis de estos párrafos iniciales con los que se topa el lector nada más abrir sus páginas: "Las economías de América Latina y el Caribe sufrieron una contracción de 0'5% en 2002. Con este resultado, el PIB per cápita de este año se situó por debajo del nivel de 1997, completando "media década perdida"... Las condiciones sociales se deterioraron concomitantemente, y en 2002 hubo 7 millones de latinoamericanos y caribeños que engrosaron las cifras de pobreza de la región. El contexto externo desfavorable fue determinante de los malos resultados económicos. En especial hubo tres elementos de mayor incidencia que afectaron de diversas maneras a las distintas economías. En primer lugar, el deterioro de las condiciones financieras, que fue prácticamente generalizado, pero que impactó más fuertemente al Mercosur, tanto en términos del costo de los recursos externos como de los montos. La transferencia neta de recursos externos fue negativa en 39.000 millones de dólares este año. En segundo lugar, el menor dinamismo de la economía de Estados Unidos en el bienio 2001-2002, que afectó especialmente a México, Centroamérica y parte del Caribe. En tercer lugar, el deterioro de los términos de intercambio de las economías petroleras, que completaron el quinto año de pérdidas por este concepto.... La inflación se elevó a un 12% este año, lo que se compara desfavorablemente con el 6% registrado en 2001". Cuando más adelante va a concluir este examen conjunto de la región, y previo a analizar sus diversas partes geográficas, se señala: "Existe una gran incertidumbre con respecto a los precios de los productos básicos agrícolas y mineros". De 1930 -golpe del primorriverista general Uriburu en Argentina-, a 1948 -mensajes desde Santiago de Chile, de la doctrina del estructuralismo económico latinoamericano-, se destruyó concienzudamente la inserción de la economía iberoamericana en la mundial, las cosas no pudieron ir peor en la región. Alguien hablará que desde 1950 hasta 1998, esta región aumentó su PIB por habitante un 134'22%. Pero he aquí que Europa occidental, en el mismo periodo, aumentó un 290'10% -España, concretamente, lo hizo en un 493'53%-; Estados Unidos, un 185'86%; Japón lo hizo en un 960'80. Incluso, el conjunto de Asia creció un 400'00. Iberoamérica sólo triunfa sobre Africa, que creció un 60'56%. Lo más grave aun es lo que sucede desde el inicio de la crisis de la deuda externa, o sea, en estas estadísticas, para que sean comparables, de 1980 a 1998. Iberoamérica ve crecer su PIB por habitante un 7'06%. Europa occidental lo hizo en un 35'5% -España, concretamente, en un 49'88%-; Asia progresó un 75'10%. Sólo triunfa Iberoamérica, con este escuálido ritmo, sobre Africa y sobre el mundo europeo -incluida Rusia- que abandonó el comunismo. Si no contemplamos, seriamente, "un acto de contrición" por parte de la política económica iberoamericana, el infierno abierto por Tirso de Molina y por Molière, espera, en lo económico, a esta región
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