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Juan Velarde Fuertes,
Consejero del Tribunal de Cuentas
¡Jesús
Santo, qué principio!
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El 28 de febrero de 1844, en el Teatro de la Cruz, se oyeron
estas palabras, como reacción a una carta de don Juan
Tenorio. Tras transcurrir 159 años, eso es lo que tiene
que decir todo economista que comience a leer el Balance preliminar
de las economías de América Latina y el Caribe
2000, preparado por la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL) (Publicación
de las Naciones Unidas,
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"Las
economías de América Latina y el Caribe
sufrieron una contracción de 0'5% en 2002. Con
este resultado, el PIB per cápita de este año
se situó por debajo del nivel de 1997, completando
"media década perdida"... Las condiciones
sociales se deterioraron concomitantemente, y en 2002
hubo 7 millones de latinoamericanos y caribeños
que engrosaron las cifras de pobreza de la región." |
Santiago de Chile, 2002). He aquí una síntesis
de estos párrafos iniciales con los que se topa el lector
nada más abrir sus páginas: "Las economías
de América Latina y el Caribe sufrieron una contracción
de 0'5% en 2002. Con este resultado, el PIB per cápita
de este año se situó por debajo del nivel de 1997,
completando "media década perdida"... Las condiciones
sociales se deterioraron concomitantemente, y en 2002 hubo 7
millones de latinoamericanos y caribeños que engrosaron
las cifras de pobreza de la región. El contexto externo
desfavorable fue determinante de los malos resultados económicos.
En especial hubo tres elementos de mayor incidencia que afectaron
de diversas maneras a las distintas economías. En primer
lugar, el deterioro de las condiciones financieras, que fue
prácticamente generalizado, pero que impactó más
fuertemente al Mercosur, tanto en términos del costo
de los recursos externos como de los montos. La transferencia
neta de recursos externos fue negativa en 39.000 millones de
dólares este año. En segundo lugar, el menor dinamismo
de la economía de Estados Unidos en el bienio 2001-2002,
que afectó especialmente a México, Centroamérica
y parte del Caribe. En tercer lugar, el deterioro de los términos
de intercambio de las economías petroleras, que completaron
el quinto año de pérdidas por este concepto....
La inflación se elevó a un 12% este año,
lo que se compara desfavorablemente con el 6% registrado en
2001". Cuando más adelante va a concluir este examen
conjunto de la región, y previo a analizar sus diversas
partes geográficas, se señala: "Existe una
gran incertidumbre con respecto a los precios de los productos
básicos agrícolas y mineros". De 1930 -golpe
del primorriverista general Uriburu en Argentina-, a 1948 -mensajes
desde Santiago de Chile, de la doctrina del estructuralismo
económico latinoamericano-, se destruyó concienzudamente
la inserción de la economía iberoamericana en
la mundial, las cosas no pudieron ir peor en la región.
Alguien hablará que desde 1950 hasta 1998, esta región
aumentó su PIB por habitante un 134'22%. Pero he aquí
que Europa occidental, en el mismo periodo, aumentó un
290'10% -España, concretamente, lo hizo en un 493'53%-;
Estados Unidos, un 185'86%; Japón lo hizo en un 960'80.
Incluso, el conjunto de Asia creció un 400'00. Iberoamérica
sólo triunfa sobre Africa, que creció un 60'56%.
Lo más grave aun es lo que sucede desde el inicio de
la crisis de la deuda externa, o sea, en estas estadísticas,
para que sean comparables, de 1980 a 1998. Iberoamérica
ve crecer su PIB por habitante un 7'06%. Europa occidental lo
hizo en un 35'5% -España, concretamente, en un 49'88%-;
Asia progresó un 75'10%. Sólo triunfa Iberoamérica,
con este escuálido ritmo, sobre Africa y sobre el mundo
europeo -incluida Rusia- que abandonó el comunismo. Si
no contemplamos, seriamente, "un acto de contrición"
por parte de la política económica iberoamericana,
el infierno abierto por Tirso de Molina y por Molière,
espera, en lo económico, a esta región.
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