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Rafael Termes
Profesor
del IESE, Universidad
de Navarra
"Un aplauso
para Aznar"
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Un lector habitual de este recuadro
me reprocha que, con excesiva frecuencia, sea crítico.
Pienso que el elogio de los aciertos, si bien puede alentar
al acertante a continuar en la buena línea, corre el
riesgo de fomentar la paralizadora autocomplacencia; en cambio,
la crítica, si es constructiva, ayudará a corregir
los errores. Pero hoy, como se desprende del título,
la actualidad me proporciona la ocasión de satisfacer
a mi objetor. En efecto; merece aplauso el discurso pronunciado
por el Presidente del Gobierno en el reciente Seminario Reformas
para una UE más dinámica, organizado por el
IESE en Madrid. En tal ocasión, José María
Aznar puso de manifiesto que cuando, en el Consejo de Lisboa
del año 2000, la UE asumió el compromiso de
convertirse en la economía más próspera
del mundo, el horizonte económico europeo se antojaba
mejor que el de Estados Unidos; y, sin embargo, la realidad
ha sido la contraria, como lo prueba que el crecimiento de
la UE en el 2002 no ha llegado al 1% y en Estados Unidos,
pese al 11-S y a los escándalos financieros, ha alcanzado,
en el
conjunto del año, el 2,4%. Y los indicios son que en
el próximo futuro la diferencia seguirá siendo
a favor de Estados Unidos, como lo fue a lo largo de los noventa.
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"Europa,
afirmó Aznar, no ha sido capaz de tomar el relevo
de Estados Unidos como motor de la economía mundial." |
Europa, afirmó Aznar, no
ha sido capaz de tomar el relevo de Estados Unidos como motor
de la economía mundial. Y, preguntándose sobre
la explicación de este hecho, tuvo la valentía
de afirmar que la causa no es otra que la superioridad del
modelo socio-económico americano frente al anquilosado
modelo europeo que, a pesar de que algunos lo defienden como
el modelo "alternativo", necesita -dijo- una profunda
reforma estructural, por la que él sigue apostando.
Contrariamente a lo que dicen los amerifóbicos, Aznar
sostuvo que no sólo no hay contradicción entre
crecimiento y cohesión social, sino que la verdadera
cohesión social es fruto del sano crecimiento económico.
En esta línea, se reafirmó en la bondad de los
presupuestos equilibrados, ya que el déficit -dijo-
al final se paga con elevación de los impuestos, subida
de los tipos de interés y traslado de la carga de la
deuda a las generaciones futuras.
Aznar terminó diciendo que
la necesidad de crear empleo hace que la reforma laboral deba
ocupar lugar preferente. Por ello, anunció que él
y el primer ministro británico, Tony Blair, en el próximo
Consejo Europeo, presentarán una propuesta para hacer
más dinámico el mercado laboral europeo. En
síntesis, la propuesta, tal como la expuso Aznar, comprende
la reforma del sistema de prestaciones de desempleo, la prolongación
de la vida laboral, el reflejo de la productividad y la capacitación
en la determinación de los salarios, la flexibilidad
en el empleo para favorecer a las pymes y la búsqueda
de la compatibilidad entre vida laboral y vida familiar. Se
logre o no la adopción de estos cinco puntos, la firmeza
con que Aznar los defendió el pasado 6 de marzo, merece,
a mi juicio, el caluroso aplauso que hoy le dedico. Y, aunque
con ello me haga sospechoso de demasiada simpatía hacia
EE.UU., como el propio Aznar dijo de sí mismo, hasta
me atreveré a pedir, al uso yanqui, three cheers for
Aznar.
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