Nº83
Del 12 al 18 de Marzo del 2003
 


 


 
 

Rafael Termes
Profesor del IESE, Universidad de Navarra
"Un aplauso para Aznar"

 
 





Un lector habitual de este recuadro me reprocha que, con excesiva frecuencia, sea crítico. Pienso que el elogio de los aciertos, si bien puede alentar al acertante a continuar en la buena línea, corre el riesgo de fomentar la paralizadora autocomplacencia; en cambio, la crítica, si es constructiva, ayudará a corregir los errores. Pero hoy, como se desprende del título, la actualidad me proporciona la ocasión de satisfacer a mi objetor. En efecto; merece aplauso el discurso pronunciado por el Presidente del Gobierno en el reciente Seminario Reformas para una UE más dinámica, organizado por el IESE en Madrid. En tal ocasión, José María Aznar puso de manifiesto que cuando, en el Consejo de Lisboa del año 2000, la UE asumió el compromiso de convertirse en la economía más próspera del mundo, el horizonte económico europeo se antojaba mejor que el de Estados Unidos; y, sin embargo, la realidad ha sido la contraria, como lo prueba que el crecimiento de la UE en el 2002 no ha llegado al 1% y en Estados Unidos, pese al 11-S y a los escándalos financieros, ha alcanzado, en el
conjunto del año, el 2,4%. Y los indicios son que en el próximo futuro la diferencia seguirá siendo a favor de Estados Unidos, como lo fue a lo largo de los noventa.
  "Europa, afirmó Aznar, no ha sido capaz de tomar el relevo de Estados Unidos como motor de la economía mundial."

Europa, afirmó Aznar, no ha sido capaz de tomar el relevo de Estados Unidos como motor de la economía mundial. Y, preguntándose sobre la explicación de este hecho, tuvo la valentía de afirmar que la causa no es otra que la superioridad del modelo socio-económico americano frente al anquilosado modelo europeo que, a pesar de que algunos lo defienden como el modelo "alternativo", necesita -dijo- una profunda reforma estructural, por la que él sigue apostando. Contrariamente a lo que dicen los amerifóbicos, Aznar sostuvo que no sólo no hay contradicción entre crecimiento y cohesión social, sino que la verdadera cohesión social es fruto del sano crecimiento económico. En esta línea, se reafirmó en la bondad de los presupuestos equilibrados, ya que el déficit -dijo- al final se paga con elevación de los impuestos, subida de los tipos de interés y traslado de la carga de la deuda a las generaciones futuras.

Aznar terminó diciendo que la necesidad de crear empleo hace que la reforma laboral deba ocupar lugar preferente. Por ello, anunció que él y el primer ministro británico, Tony Blair, en el próximo Consejo Europeo, presentarán una propuesta para hacer más dinámico el mercado laboral europeo. En síntesis, la propuesta, tal como la expuso Aznar, comprende la reforma del sistema de prestaciones de desempleo, la prolongación de la vida laboral, el reflejo de la productividad y la capacitación en la determinación de los salarios, la flexibilidad en el empleo para favorecer a las pymes y la búsqueda de la compatibilidad entre vida laboral y vida familiar. Se logre o no la adopción de estos cinco puntos, la firmeza con que Aznar los defendió el pasado 6 de marzo, merece, a mi juicio, el caluroso aplauso que hoy le dedico. Y, aunque con ello me haga sospechoso de demasiada simpatía hacia EE.UU., como el propio Aznar dijo de sí mismo, hasta me atreveré a pedir, al uso yanqui, three cheers for Aznar.