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Rafael Termes, Profesor
del IESE, Universidad
de Navarra
"Sin reformas
no puede haber pleno empleo"
Esta fue la declaración
del Presidente Aznar antes de la Cumbre de Barcelona. No cabe
afirmación más acertada. Ni Europa, en general,
ni España, en particular, pueden esperar reducir su
tasa de paro, hasta llegar al pleno empleo, si no acometen
una reforma consistente en la verdadera liberalización
de todos los mercados, pero en especial del mercado de trabajo.
Y, desgraciadamente, después de la Cumbre de Barcelona,
no sé si por la postura de Francia o por falta de convicción
de los demás países, no puede decirse que este
propósito entre en la agenda de los próximos
meses.
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"Ni
Europa, en general, ni
España, en particular, pueden esperar reducir su
tasa de paro (..) si no acometen una reforma consistente
en la verdadera liberalización de todos los mercados.." |
Es verdad que se ha proyectado la creación de 20 millones
de nuevos puestos de trabajo para llegar al pleno empleo de
la UE en el año 2010. Pero esto no pasa de ser una
declaración romántica. Europa no tiene, y mucho
menos España, mecanismos adecuados para lograr tal
objetivo. No basta con desear; hay que hacer lo que hacen
o han hecho los países que más han reducido
el nivel de paro. Los EE.UU., a los que, pese a la progresía,
no hay más remedio que mirar -como de hecho se ha aceptado
en muchas intervenciones en Barcelona-, a lo largo de muchos
años han mantenido una tasa de desempleo igual a la
mitad de la europea. Incluso ahora, después del fuerte
impacto del 11-S y a pesar del mayor porcentaje de la población
activa sobre la población total, debida en gran parte
a la presencia de la mujer en el mercado de trabajo, EE.UU.
mantiene una tasa de desempleo del 5,6%, frente al 8,5% de
la UEM y a nuestro 12,96%, según cifras del INE para
el 4º trimestre de 2001, con evidente tendencia al empeoramiento
en el trimestre en curso.
Por lo tanto, el sentido común
aconseja intentar acomodar el modelo Europeo al americano.
Por otra parte, no es ningún misterio lo que hay que
hacer para lograrlo. Ya en 1996, en el Libro Blanco sobre
el papel del Estado en la economía española,
recomendábamos:
1) racionalizar las condiciones de despido;
2) reducir las cargas sociales en las empresas;
3) reformar la negociación colectiva y
4) reducir el subsidio de desempleo, tanto en su importe,
como en su duración.
El BCE, tres días antes de la celebración de
la Cumbre de Barcelona, daba especial importancia a este último
aspecto, advirtiendo del carácter desincentivador para
la búsqueda de empleo de los subsidios demasiado generosos
y criticando la ineficacia de los servicios públicos
para la inserción de los trabajadores, lo cual, dicho
sea para concluir, es una postura exactamente contraria a
la que acaba de exponer Rato a su regreso de Barcelona.
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