Nº51
Del 20 de Marzo al 2 de Abril del 2002
 
 


 
 

Rafael Termes, Profesor del IESE, Universidad de Navarra
"Sin reformas no puede haber pleno empleo"

 
 





Esta fue la declaración del Presidente Aznar antes de la Cumbre de Barcelona. No cabe afirmación más acertada. Ni Europa, en general, ni España, en particular, pueden esperar reducir su tasa de paro, hasta llegar al pleno empleo, si no acometen una reforma consistente en la verdadera liberalización de todos los mercados, pero en especial del mercado de trabajo. Y, desgraciadamente, después de la Cumbre de Barcelona, no sé si por la postura de Francia o por falta de convicción de los demás países, no puede decirse que este propósito entre en la agenda de los próximos meses.
  "Ni Europa, en general, ni
España, en particular, pueden esperar reducir su tasa de paro (..) si no acometen una reforma consistente en la verdadera liberalización de todos los mercados..
"


Es verdad que se ha proyectado la creación de 20 millones de nuevos puestos de trabajo para llegar al pleno empleo de la UE en el año 2010. Pero esto no pasa de ser una declaración romántica. Europa no tiene, y mucho menos España, mecanismos adecuados para lograr tal objetivo. No basta con desear; hay que hacer lo que hacen o han hecho los países que más han reducido el nivel de paro. Los EE.UU., a los que, pese a la progresía, no hay más remedio que mirar -como de hecho se ha aceptado en muchas intervenciones en Barcelona-, a lo largo de muchos años han mantenido una tasa de desempleo igual a la mitad de la europea. Incluso ahora, después del fuerte impacto del 11-S y a pesar del mayor porcentaje de la población activa sobre la población total, debida en gran parte a la presencia de la mujer en el mercado de trabajo, EE.UU. mantiene una tasa de desempleo del 5,6%, frente al 8,5% de la UEM y a nuestro 12,96%, según cifras del INE para el 4º trimestre de 2001, con evidente tendencia al empeoramiento en el trimestre en curso.

Por lo tanto, el sentido común aconseja intentar acomodar el modelo Europeo al americano. Por otra parte, no es ningún misterio lo que hay que hacer para lograrlo. Ya en 1996, en el Libro Blanco sobre el papel del Estado en la economía española, recomendábamos:
1) racionalizar las condiciones de despido;
2) reducir las cargas sociales en las empresas;
3) reformar la negociación colectiva y
4) reducir el subsidio de desempleo, tanto en su importe, como en su duración.

El BCE, tres días antes de la celebración de la Cumbre de Barcelona, daba especial importancia a este último aspecto, advirtiendo del carácter desincentivador para la búsqueda de empleo de los subsidios demasiado generosos y criticando la ineficacia de los servicios públicos para la inserción de los trabajadores, lo cual, dicho sea para concluir, es una postura exactamente contraria a la que acaba de exponer Rato a su regreso de Barcelona.

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