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Miguel Sebastián,
Dtor. del Servicio de Estudios del BBVA
Barcelona: ¿suficiente energía para la
maquinaria europea?
La cumbre de la Unión Europea en Barcelona, celebrada
los días 15 y 16 de marzo, ha constituido un éxito
relativo: lo mejor es que se ha reactivado la amplia agenda
de reformas pendientes para la liberalización del mercado
europeo de bienes y factores. Tras la cumbre de Lisboa de
2000, esta agenda pareció olvidarse. Tal vez porque
durante el año 2001, con la economía estadounidense
en recesión, se albergó la esperanza de que
Europa creciera significativamente más que EE.UU.,
y que ello incluso le permitiría frenar la tendencia
de pérdida de productividad relativa que acumula desde
1995. Pero, al final del año, el crecimiento europeo
tan sólo fue tres décimas superior al de la
primera economía mundial, y la productividad volvió
a registrar un diferencial desfavorable para la UE. En 2002,
se imponía, por tanto, la reactivación de las
reformas.
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"..
los resultados de Barcelona no se
pueden calificar como novedosos ni en su contenido ni
en el calendario.." |
Pero los resultados de Barcelona no se pueden calificar como
novedosos ni en su contenido ni en el calendario. Así,
algunos sectores claves quedan al margen de las reformas,
como ocurre con el ferrocarril. En otros, sólo se confirman
las fechas o los objetivos que ya estaban previstos en estas
cumbres. Así ocurre con el Plan de Acción sobre
Servicios Financieros, que contempla la plena integración
de los mercados de servicios financieros para 2005, o con
la Estrategia de Empleo, en la que se ratifican los objetivos
de la cumbre de Lisboa. Las novedades son escasas y se concentran
en temas como la Tarjeta Sanitaria Europea, el objetivo de
"cielo único" en 2004 o el acuerdo para la
liberalización del mercado del gas y la electricidad.
Además se han defraudado algunas expectativas como
la creación de un Banco Euromediterráneo.
En Barcelona, se ha relanzado un calendario de reformas conocido
pero necesario. Los resultados concretos en términos
de menores precios o de mayor bienestar para los ciudadanos
exigen avanzar en muchos puntos que no terminan de concretarse
en la amplia agenda europea. No basta con liberalizar el mercado
si no consigue que haya competencia en la práctica.
Un caso paradigmático es el del mercado eléctrico:
sin interconexiones, las familias y empresas no podrán
aprovechar su liberalización.
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