Nº94
Del 4 al 10 de Junio del 2003
 


 


 
 


Juan Velarde Fuertes
, Consejero del Tribunal de Cuentas
La rúa y la urna

 
 



Agustín Sixto Seco publica un delicioso artículo en "El Correo Gallego" de 31 de marzo de 2003, titulado "O barullo nas rúas e o voto nas urnas", sobre la falta de reacción electoral gallega a las sucesivas demagogias del chapapote del "Prestige" y de la intervención española a favor de Estados Unidos en la guerra de Iraq. En un artículo bastante ridículo, aparecido en "El País", se intentó calificar a esto, irritado su autor por esa reacción electoral en el caso concreto de los habitantes de Muxía como neocaciquismo. Quizá convenga aquí escribir un poco, siguiendo la línea abierta por Alesina, sobre las cifras de la economía gallega que explican lo racional de la reacción electoral gallega, sometida, como sucede siempre en las elecciones locales, a mil efectos concretos derivados de la inmediatez del candidato.

En primer lugar se ha producido un formidable incremento en el PIB por habitante gallego, por cierto acelerado bajo la administración del Partido Popular, culminada con la presidencia de Fraga. A efectos de comparaciones internacionales, desde 1950 a 1998, ese PIB por habitante en el conjunto de España se multiplicó por 6; el italiano por 5; el alemán por 4'5; el francés, por cerca de 4; el norteamericano, el canadiense y el británico, por cerca de 3. Pues bien, el gallego lo hizo por la fabulosa cifra de 8'2.

Esto, por sí mismo, provoca bienestar. Pero lo genera también el que, comparativamente, la situación de la población gallega sea mejor, esto es, que se produzca un proceso de convergencia con la media de España. En el conjunto de las dieciocho autonomías españolas -agrupando en una a Ceuta y Melilla-, en una serie que se inicia -gracias a los trabajos del desaparecido Servicio de Estudios del Banco de Bilbao-, en 1955, según la estimación de Fernando Bécker de la Renta Interior Bruta por habitante, era ésta en Galicia el 68'2% del conjunto español. Superaba Galicia únicamente a Castilla-La Mancha, al conjunto de Ceuta y Melilla y a Extremadura. En 1998, esta misma magnitud macroeconómica era el 81'9% del conjunto español, y Galicia superaba no a tres, sino ya a cinco comunidades autónomas: Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura, Murcia y al conjunto de Ceuta y Melilla.

Esa mejora tan espectacular se debe a una triple conjunción, que viene de bastante atrás, para desesperación de los galleguistas, que siempre hablan, basándose en el estructuralismo económico latinoamericano aderezado con desatinos marxistaleninistas, de la depresión que causa a Galicia el encontrarse dentro del conjunto nacional español. El primer motivo es, por supuesto, la capacidad empresarial gallega, que impresiona, así como la colaboración de un muy eficaz factor laboral, tanto en la industria y los servicios como, por supuesto, en la agricultura. En segundo lugar, por una formidable transferencia de rentas y capitales del resto de España, tanto a través de mecanismo fiscal como por el juego de los precios relativos, y desde 1986, por las rentas comunitarias que asignan las autoridades españolas para Galicia, desviándolas de otros fines. En tercer término, por la acción de las actividades españolas deshaciendo obstáculos que se alzaban frente al desarrollo de esta región. Desde Primo de Rivera, liquidando el problema de los foros que, conviene señalar, se había creado y ampliado en Galicia por gallegos, y que se había convertido en un cáncer de su economía, hasta las conexiones por carretera y ferrocarril que van a culminar con el Plan Galicia, y que eliminan la formidable barrera del macizo galaico, todo incide en la misma dirección: hacer posible un fuerte avance, en lo material, de Galicia.

Precisamente porque los gallegos son muy inteligentes y comprenden ese triple enlace que les provoca desarrollo, así como las trampas donde les intentan hacer caer los demagogos de la rúa, reaccionaron libremente, como reaccionaron, en las urnas.