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Juan Velarde Fuertes,
Consejero del Tribunal de Cuentas
La rúa
y la urna
Agustín Sixto Seco publica un delicioso artículo
en "El Correo Gallego" de 31 de marzo de 2003, titulado
"O barullo nas rúas e o voto nas urnas",
sobre la falta de reacción electoral gallega a las
sucesivas demagogias del chapapote del "Prestige"
y de la intervención española a favor de Estados
Unidos en la guerra de Iraq. En un artículo bastante
ridículo, aparecido en "El País",
se intentó calificar a esto, irritado su autor por
esa reacción electoral en el caso concreto de los habitantes
de Muxía como neocaciquismo. Quizá convenga
aquí escribir un poco, siguiendo la línea abierta
por Alesina, sobre las cifras de la economía gallega
que explican lo racional de la reacción electoral gallega,
sometida, como sucede siempre en las elecciones locales, a
mil efectos concretos derivados de la inmediatez del candidato.
En primer lugar se ha producido
un formidable incremento en el PIB por habitante gallego,
por cierto acelerado bajo la administración del Partido
Popular, culminada con la presidencia de Fraga. A efectos
de comparaciones internacionales, desde 1950 a 1998, ese PIB
por habitante en el conjunto de España se multiplicó
por 6; el italiano por 5; el alemán por 4'5; el francés,
por cerca de 4; el norteamericano, el canadiense y el británico,
por cerca de 3. Pues bien, el gallego lo hizo por la fabulosa
cifra de 8'2.
Esto, por sí mismo, provoca
bienestar. Pero lo genera también el que, comparativamente,
la situación de la población gallega sea mejor,
esto es, que se produzca un proceso de convergencia con la
media de España. En el conjunto de las dieciocho autonomías
españolas -agrupando en una a Ceuta y Melilla-, en
una serie que se inicia -gracias a los trabajos del desaparecido
Servicio de Estudios del Banco de Bilbao-, en 1955, según
la estimación de Fernando Bécker de la Renta
Interior Bruta por habitante, era ésta en Galicia el
68'2% del conjunto español. Superaba Galicia únicamente
a Castilla-La Mancha, al conjunto de Ceuta y Melilla y a Extremadura.
En 1998, esta misma magnitud macroeconómica era el
81'9% del conjunto español, y Galicia superaba no a
tres, sino ya a cinco comunidades autónomas: Andalucía,
Castilla-La Mancha, Extremadura, Murcia y al conjunto de Ceuta
y Melilla.
Esa mejora tan espectacular se
debe a una triple conjunción, que viene de bastante
atrás, para desesperación de los galleguistas,
que siempre hablan, basándose en el estructuralismo
económico latinoamericano aderezado con desatinos marxistaleninistas,
de la depresión que causa a Galicia el encontrarse
dentro del conjunto nacional español. El primer motivo
es, por supuesto, la capacidad empresarial gallega, que impresiona,
así como la colaboración de un muy eficaz factor
laboral, tanto en la industria y los servicios como, por supuesto,
en la agricultura. En segundo lugar, por una formidable transferencia
de rentas y capitales del resto de España, tanto a
través de mecanismo fiscal como por el juego de los
precios relativos, y desde 1986, por las rentas comunitarias
que asignan las autoridades españolas para Galicia,
desviándolas de otros fines. En tercer término,
por la acción de las actividades españolas deshaciendo
obstáculos que se alzaban frente al desarrollo de esta
región. Desde Primo de Rivera, liquidando el problema
de los foros que, conviene señalar, se había
creado y ampliado en Galicia por gallegos, y que se había
convertido en un cáncer de su economía, hasta
las conexiones por carretera y ferrocarril que van a culminar
con el Plan Galicia, y que eliminan la formidable barrera
del macizo galaico, todo incide en la misma dirección:
hacer posible un fuerte avance, en lo material, de Galicia.
Precisamente porque los gallegos
son muy inteligentes y comprenden ese triple enlace que les
provoca desarrollo, así como las trampas donde les
intentan hacer caer los demagogos de la rúa, reaccionaron
libremente, como reaccionaron, en las urnas.
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