|
Rafael Termes
Profesor
del IESE, Universidad
de Navarra
"La culpa no
es del Ministro de Defensa"
| |
 |
El trágico accidente que,
al ocasionar la muerte de 62 militares españoles que
regresaban de una misión humanitaria, ha llenado de
luto a las Fuerzas Armadas y de dolor a los familiares de
los fallecidos, ha tenido un fuerte impacto en la opinión
pública. No son pocos los que, al especular sobre las
causas del accidente, acusan al Ministro de Defensa por haber
utilizado un medio de transporte, alquilado, con excesivos
años de antigüedad y escasas, por no decir nulas,
garantías de seguridad. Y sin embargo, hay que decir,
aunque a los políticos de todos los partidos no les
guste, que la culpa es de la errónea concepción
del llamado estado social que impera en casi todos los países
de la Europa continental y que, digan lo que digan las Constituciones,
no es en realidad un estado de derecho. Basta recurrir a los
Presupuestos de Gastos para ver el aprecio o, mejor, el desprecio
de todos estos países hacia las funciones primigenias
del Estado de Derecho.
| |
"..
en España, y en toda Europa también, a los
que aprueban los presupuestos les interesa cultivar el
voto de los
pensionistas y subsidiados de todas clases y les importa
un bledo la
defensa del territorio.." |
El caso de España proporciona
una evidencia paradigmática. Desde hace muchos años,
la asignación presupuestaria para relaciones con el
exterior, defensa del territorio patrio, orden interior y
seguridad ciudadana, administración de la justicia
y recaudación tributaria, que son las funciones para
las cuales fue concebido el Estado y las que justifican su
existencia, no representa más que el 7 por ciento del
gasto total. Concretamente, en el Presupuesto para 2003, ante
un gasto total de 211.500 millones de euros, la asignación
a las funciones reseñadas asciende tan sólo
a 15.000 millones, es decir, un 7,1% del total, contra un
48,3% para un muy discutible gasto social. El resto, excluido
el 9,3% para intereses de la deuda acumulada por culpa del
excesivo déficit, corresponde a la financiación
de actividades que, en su mayor parte, podrían ser
realizadas más eficazmente por el sector privado, descargando
los Presupuestos del Estado.
Viniendo al caso de la Defensa,
en el Presupuesto para 2003, la asignación para este
cometido representa tan sólo el 2,9% del gasto total,
lo que equivale al 0,85% del PIB, y es, a todas luces, insuficiente
para el digno ejercicio del cometido asignado a las Fuerzas
Armadas. Es evidente que, aún sin recortar el gasto
público total, cosa que no le vendría nada mal
a la economía española, cabe transferir recursos
desde el gasto mal llamado social y de otras partidas que
no se justifican, hacia la financiación de la Defensa
para que nuestras valiosísimas y altamente preparadas
Fuerzas Armadas, dispongan de medios adecuados para que, en
expresiva frase de Martín Ferrand, no tengan que "ir
a la guerra en chárter". Desgraciadamente, no
parece la tendencia: entre el Presupuesto de 2002 y el de
2003, frente a un crecimiento del 8,5% en el gasto total,
del 7,1% en las pensiones y del 19,9% en el desincentivante
subsidio de desempleo, el crecimiento previsto en Defensa
es de un vergonzoso 0,9%.
Y ¿por qué es así?.
Pues sencillamente porque en España, y en toda Europa
también, a los que aprueban los presupuestos les interesa
cultivar el voto de los pensionistas y subsidiados de todas
clases y les importa un bledo la defensa del territorio -que
los odiados americanos ya asumirán- y les importa todavía
menos la situación de los militares que, educados en
la austeridad de los valores castrenses, no se sublevarán
ni manifestarán aunque les falte lo más indispensable.
Así de penoso.
|