Nº94
Del 4 al 10 de Junio del 2003
 


 




 
 


Hacia una mayor internacionalización de la empresa española

 

Arturo Gil Pérez-Andújar
Presidente de CLESA


La apertura internacional de nuestra economía ha requerido de importantes esfuerzos para mejorar la competitividad de nuestras empresas, una vez desmantelada nuestra secular estructura proteccionista. Los mayores beneficios derivados de la integración en los mercados internacionales han sido los ligados a la transformación estructural y la capitalización de nuestra economía, ayudada por la afluencia masiva de inversión extranjera. En consecuencia, la empresa española ha sabido adaptarse a las importantes transformaciones de su entorno, como consecuencia de la globalización y la creciente competencia a nivel internacional, abandonando las tradicionales ventajas competitivas basadas en menores costes o en depreciaciones artificiales de la moneda y adoptando una actitud creativa e innovadora, puesto que la capacidad de crecimiento de las empresas en la Nueva Economía depende de la aplicación de las nuevas tecnologías, del conocimiento y de la capacidad de innovar y competir en una economía global.
  "La apertura internacional de nuestra economía ha requerido de importantes esfuerzos para mejorar la competitividad de nuestras empresas.."

Gracias a la flexibilización y modernización de nuestra estructura productiva, con el fin de adaptarnos a la nueva realidad global, en los últimos años las empresas españolas han afianzado su presencia en otros mercados, pero no sólo en cuanto a mayores cuotas de mercado de nuestros productos, sino también en lo referente a la inversión directa exterior de nuestras empresas, de tal forma que hemos abandonado el tradicional papel de importador neto de capital, para convertirnos en uno de los principales inversores en algunas regiones del mundo. En este sentido, la inversión española en el exterior responde a una mayor concienciación, por parte de los empresarios, de la necesidad de internacionalización de las empresas españolas en unos mercados cada vez más globalizados y competitivos.

Sin embargo, nuestra capacidad para competir en los mercados globales se ve lastrada por el reducido tamaño de nuestro tejido empresarial caracterizado por la insuficiencia de recursos humanos, tecnológicos y financieros.
La competitividad de nuestras empresas debe sustentarse en el futuro, al igual que en los países más desarrollados, en factores relacionados con las características del producto, como la diferenciación, el diseño, la calidad, el contenido tecnológico, etc., lo que requiere el desarrollo de ventajas competitivas en áreas como la organización, el marketing, la cualificación de la mano de obra, el know-how o la tecnología.

Es indudable que el proceso de privatizaciones, junto con la liberalización y desregulación de mercados, ha introducido mayor competencia en nuestra economía, con sus consiguientes efectos positivos sobre la eficiencia empresarial y sobre los propios consumidores a través de precios bajos y mayor calidad y variedad de la oferta.

El programa de privatizaciones se enmarca en la estrategia de reformas estructurales, liberalización y desregulación de mercados, con el fin de dotar de mayor protagonismo a la iniciativa privada y reducir el tamaño del sector público. Todo ello está permitiendo incrementar la eficiencia, la flexibilidad y el dinamismo de nuestra economía y eliminar las trabas que impiden la adecuación de la oferta a los cambios impuestos por el aumento de la competencia y la revolución tecnológica, en pos de una mayor internacionalización de nuestro tejido empresarial.

 



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