Nº149
Del 28 de Julio al 17 de Agosto del 2004
 
 


 



 
 


Juan Velarde Fuertes

Una utopía: la cuestión de la renta básica

 
 



Uno de los economistas españoles actuales más finos intelectualmente y más al día es Luis M. Linde. Por eso creo que merece la pena efectuar una glosa de su aguda nota, “Renta básica, justicia cósmica”, publicada en “Revista de Libros”, julio-agosto 2004. En ella efectúa la crítica de cuatro libros. Dos del famoso fundador de “esta nueva fe” de la Renta Básica, que ya tiene nada menos que una “Red Europea de la Renta Básica” –BIEN, de sus siglas inglesas, “Basic Income European Netwark?, Philippe van Parijs: “Real freedom for all” (Clarendon Press 1995) y “What’s Wrong with a Free Lunch? (Beacon Press); otro dirigido por Robert van den Veen y Loek Groot, “Basic Income on the Agenda. Policy Objetives and Politi-Chances” (Amsterdam University Press), y el coordinado por Daniel Raventós, “La renta básica: para una ciudadanía más libre, más igualitaria y más fraterna” (Ariel). En el mes de septiembre de 2004, se va a celebrar en el “Forum Barcelona 2004” el IV Simposio español de Renta Básica y el X Congreso de la BIEN. Quien quiera tener ideas claras sobre estos debates, haría bien en consultar este trabajo de Linde.

Como se sintetiza en él, los defensores de la Renta Básica constituyen una corriente de filósofos morales, de activistas políticos y de economistas “que creen haber encontrado, unos, la vía por la que dan un gran paso adelante hacia la “verdadera” justicia y la “verdadera” libertad en el mundo capitalista y, otros, la “buena y verdadera vía” para superar el socialismo y alcanzar, finalmente, la liberación comunista”.

La raíz, como se comprende con facilidad, es el impuesto negativo sobre la renta que nació en la mente de Friedman, en 1962, en “Capitalism and Freedom”, pero pronto se mezcló con otras cosas que procedían nada menos que de los escapes imaginados durante la Gran Depresión para aumentar la demanda efectiva. Por este camino se integraron estas ideas en el mundo de la seguridad social, o si se prefiere, en el del Estado del Bienestar, y concretamente, del norteamericano, a través, como señala Linde, de “Earned Income Trax Credit” (EITC) que ha sido, de modo parecido, también implantado en Gran Bretaña, y la “Temporary Assintance for Needs Familias” de Clinton, para superar herencias del New Deal de Roosevelt.

Pero esto marchaba en una dirección que había sido rechazada por los seguidores de Renta Básica. El punto clave de este movimiento es que el Estado otorgaría una renta a cada ciudadano “igual para todos, enteramente independiente de las circunstancias personales de cada uno. Lo cobrarían igual, y por igual importe, el pobre de solemnidad y el rico riquísimo, los empleados y los parados, incluso los ociosos perfectamente voluntarios. El derecho a cobrar la “renta básica” sería tan incondicional como el derecho a votar en las elecciones o a disponer de un carnet de identidad”. Después hay discrepancias ¿debería tratarse de una paga periódica o de un capital por una sola vez? ¿Debería darse a todos, o sólo a los mayores de edad? Van Parijs ha comparado la implantación de la “renta básica” con realidades tan revolucionarias, y que hoy nos parecen evidentes, como el sufragio universal o la abolición de la esclavitud.

No se debe considerar que porque la idea haya salido de la mente de moralistas, no haya interesado a los economistas. Linde cita a Anthony Atkinson, a Meade, al premio Nobel Simon y a Solow. Yo me atrevo a decir que por la línea de Atkinson anda cercano, y no me extrañaría un enlace, otro premio Nobel de Economía, Fogel. También el siempre interesante comentarista de “Financial Times”, Samuel Brittan, husmea por esos terrenos, porque considera que así será más fácil la defensa del mercado y racionalizar el Estado de Bienestar. Las actitudes feministas en favor del “salario del ama de casa”, caminan, también, por estos contornos.

Todo esto enlaza con el concepto de la “justicia cósmica” planteada por Thomas Sowell en “The Quest for Cosmic Justice”, desde 1999. Son para él inadmisibles “las desigualdades “generadas” por el capitalismo y la economía de mercado, que el liberalismo formal “tolera y no hace nada (o no lo suficiente) por compensar, o incluso justificar”; también aquellas otras desigualdades, digamos, naturales, que no están causadas por el capitalismo o el mercado (como la desigual dotación de talento, salud, belleza, etc.), que el liberalismo ni se plantea la “posibilidad de compensar”. Por ese camino vamos a dar con la cuestión de las rentas puras, no ganadas, y por supuesto rozaremos al menos los mensajes de Henry George y su impuesto único sobre la tierra. Por otro lado claro que ahí está el fantasma de John Rawls y su “Teoría de la Justicia” (hay traducción del Fondo de Culturas Económicas, 1979): una persona no tiene derecho a los frutos derivados de su superior capacidad, pero Rawls acepta la desigualdad en cuanto sirve para elevar la posición de quienes están en los niveles bajos de la escala socioeconómica.

Aun con todos estos tirones hacia igualdades, van Parijs prefiere el capitalismo y la economía de mercado, porque 1) por su mayor eficacia el nivel de “renta básica” puede situarse más alto, y 2), la libertad personal la respeta mejor el capitalismo que el socialismo. Claro que frente a esto se encuentra una gran cantidad de radicales. Destaca el español José Iglesias Fernández, que reivindica haber sido el primero que empleó la expresión “renta básica” en un artículo aparecido en “Mientras tanto”, primavera 1995. Pertenece y de un modo destacado además, al grupo “Asociación Renta Básica-Baladre”. Todo esto tiene unos curiosos antecedentes de socialismo utópico. Nos ha señalado Iglesias Fernández la existencia de un libro, con el mismo título que el ensayo de Daniel Raventós, “El derecho a la existencia” (Ariel, 1999), de Juan Babot y Arboix, publicado en Tarragona, en 1909.

Como dice Linde lo único que puede tener interés no es esto último, sino las propuestas que intentan encajar la Renta Básica en el orden capitalista. Ésta debe ser recaudada a través de una acción, confusamente explicada, y desde luego coactiva, sobre las aportaciones a la renta de los recursos naturales, o de lo que procede por lo acumulado por las generaciones pasadas, o de lo que, en opinión de Parijs, es superior la retribución de los asalariados a su productividad marginal, y que se debe “en parte a la tecnología y al conjunto de instituciones que hacen posible una actividad económica ordenada y productiva, todo lo cual constituye el “capital social”, concepto que sirvió a Herbert Simon para defender la “renta básica” en sus artículos en la “Boston Review”. Esta “externalidad gigantesca”, después de la crítica que ha hecho Anthony de Jusay a su justificación y asignación, no puede sostenerse.

Todo parece que va a quedar en poco, salvo en una cosa: que la Renta Básica, inteligente y pragmáticamente aplicada quizá sea... “no sólo más justa que las medidas de “protección social” tradicionales, sino que, además, es más eficiente en sentido económico” Pero, ¿ocurre así? La financiación es inimaginable sin recargos en el impuesto sobre la renta que pueden pasar a ser, incluso, intolerables. Además, la implacable curva de oferta de trabajo, hará aumentar la gorroneria, guste o no. Pero, es necesario agregar, como indican inteligentemente Jusay y Linde, “suponer que, en un marco de democracia política y de economía de mercado, es posible implantar un sistema fiscal que signifique una gran presión, en un buen número de casos, casi confiscatoria, sobre salarios y rentas, y que el mercado y sus agentes van a seguir produciendo “esos mismos“ salarios y rentas, que son los que permiten la redistribución inicialmente planteada, es contrario a lo que nos dice el análisis económico y la experiencia histórica; y es inseparable, además, de un vicio un tanto primitivo del pensamiento económico, que consiste en creer que la renta y los recursos están dados”.

Al final Linde hace unas simulaciones para España de lo que podría suponer la financiación de una Renta Básica de 300 euros al mes, o incluso una “barata”. Ponen tan claramente los pelos de punta, que no resulta imaginable que ningún gobernante democrático dé este salto. Por supuesto ni el PP, ni el PSOE, ni CiU ni el PNV. El resto, sencillamente no cuenta, y puede que incluso se englobe dentro de no mucho entre los asistentes al Forum de Barcelona, Hay que convenir con Linde que “los problemas de pobreza admiten tratamientos mucho más sencillos y eficientes y mucho menos perturbadores de la actividad económica que la “Renta Básica”. Entre las extravagancias hay muchas otras más entretenidas que todo eso de atiborrarse de la memez de la “justicia cósmica”.

 






   
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