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Estos
días se lee y se escucha hablar
de Basilea II, como si de algún
misterio o rito iniciático
se tratara. El Gobernador del Banco
de España, que en nombre del
G10 y del banco de Pagos de Basilea
ha presido el comité que ha
parido Basilea II, ha incorporado
a sus discursos habituales las convenientes
páginas pedagógicas
sobre Basilea II. Caruana lo explica
tan sencillo que anima a profundizar
en el asunto y menudean ahora sesiones
de trabajo de unas horas, de un día
o de varios días para enterarse
con más detalle de lo que Basilea
II significa.
En resumen podríamos proponer
que se trata de un sistema más
eficiente y complejo para estimar
las necesidades o conveniencias de
recursos propios de las entidades
financieras para reforzar su solvencia
y prevenir crisis.
Pero quiero quedarme con el procedimiento
y por lo que significa Basilea II.
Pone de relieve que en los asuntos
financieros la globalización
es un dato no elegible; que los mercados
tienen dimensión, cuando menos,
continental. No hay diferencias apreciables
en lo metodológico, en lo recomendable
entre los bancos de los distintos
países y mercados, para todos
sirve el mismo patrón de exigencias.
Detrás de esa constatación
viene que en los demás aspectos
del negocio financiero irá
ocurriendo otro tanto, los métodos
y procedimientos se irán homologando
y normalizando. Los modelos de costes,
de precios y de tarifas tenderán
a una convergencia que no esté
reñida con la competencia entre
entidades.
Los medios de pago no van a ser ajenos
a ese fenómeno, de hecho no
lo son ya que su propia naturaleza,
la necesidad de operar en grandes
masas y en mercados de mucha dimensión,
conduce a esa convergencia y coordinación.
Basilea II no es la estación
de partida ni de término, es
la demostración y la evidencia
de que lo nacional es cada vez más
menos relevante, menos peculiar, las
experiencias y las necesidades son
comunes y generalizables. Basilea
II revela que la mejora continua,
la progresión en los objetivos
para buscar la perfección son
permanentes, estamos en un camino
de perfección que supera al
de servidumbre.
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