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Gregorio Izquierdo LLanes |
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| "La última apuesta que se está produciendo en el sector es la potenciación de su solvencia patrimonial, a través de la reconfiguración y/o incremento de sus recursos propios." |
Este fenómeno es fruto de la apuesta de las cajas de ahorros por un modelo financiero minorista y universal, orientado a la captación de depósitos, que tras la supresión de las trabas a su expansión geográfica, resultó en un incremento del número de sucursales, bajo la premisa, como así ha sido, de que en los segmentos menos sofisticados de la clientela, en los que estaba más especializado el canal sucursal, no se iba a perder excesivo protagonismo frente a los canales alternativos de banca telefónica e Internet. La principal ventaja de su modelo es que sirve de barrera de entrada ante nuevos operadores, lo que posibilita la obtención de mayores márgenes de intermediación, aunque no tanto de explotación, ante la evidencia de sus mayores costes de explotación.
Por su parte, las entidades bancarias privadas han optado en los últimos años por estrategias orientadas a la dimensión, las cuales se han conseguido con políticas de fusiones y adquisiciones, que les han permitido reducir activos redundantes, y de paso, controlar los costes para preservar sus márgenes de explotación, aunque con el inconveniente de la pérdida de cuota de mercado comentada anteriormente. La otra gran apuesta estratégica ha sido la diversificación a través de la salida al exterior, especialmente a Iberoamérica, donde se genera una buena parte de la cuenta de resultados de las dos principales entidades bancarias españolas. Este mayor tamaño conseguido ha reducido la vulnerabilidad de los bancos españoles ante posibles tomas de control por parte de las entidades extranjeras de mayor capitalización bursátil, frente a las que actualmente compiten en una mayor igualdad de condiciones.
En general, se observa que tanto cajas como bancos utilizan de forma profusa las tecnologías de la información en la gestión y operativa. De esta forma, se puede observar la generalización de cajeros automáticos y terminales a utilizar por los propios clientes, lo que permite reenfocar el personal a labores que generan más valor añadido. De igual modo, la sofisticación en la gestión se está materializando en una tendencia a identificar y segmentar a los clientes más rentables, con las consiguientes posibilidades de aplicar políticas de discriminación de precios que contribuyen a optimizar el beneficio neto y/o a mantener las cuotas de mercado del grupo. A este respecto, dentro de los grandes grupos financieros se utilizan, por ejemplo, marcas y/o oficinas especializadas en banca privada o de empresas, o canales de comercialización alternativos como Internet, para captar o mantener los clientes más sensibles al precio.
En la captación del pasivo, las entidades se están enfrentando al aumento de la cultura financiera de los españoles, que les permite canalizar su ahorro hacia instrumentos financieros fuera de balance (fondos de inversiones, pensiones, acciones), pero con impacto positivo sobre los ingresos de comisiones. Otra novedad, es la competencia de la banca electrónica, que con sus menores costes y aprovechando las infraestructuras del resto del sistema (lo que ha dado lugar a no pocas y justificadas controversias) intenta descremar el mercado. Dentro del activo, el producto protagonista están siendo los créditos hipotecarios, cuyo volumen crece de forma paralela al ciclo inmobiliario alcista, gracias a los bajos márgenes de intermediación y a los largos periodos de amortización ofrecidos. Aquí es donde actualmente se producen las mayores batallas comerciales, con el objetivo final de fidelizar a los clientes, a los que se les venden otros productos adicionales.
La última apuesta que se está produciendo en el sector es la potenciación de su solvencia patrimonial, a través de la reconfiguración y/o incremento de sus recursos propios. Por su naturaleza, los bancos tienen la ventaja de poder apelar a los mercados de capitales para ampliar su base accionarial, lo que aumenta su potencial de crecimiento, aunque con el freno de la necesidad de retribuir vía dividendos a sus accionistas y de la posible vulnerabilidad ante tomas de control por parte de terceros, incluidos entre éstos, las cajas; hechos ambos que explican la proliferación de participaciones preferentes sin derechos políticos. Las cajas no tienen esta limitación, salvo sus gastos para compromisos de obra social, pero los recursos propios son muy dependientes de su capacidad de autofinanciación, lo que explica la estrategia de fusiones como instrumento de dimensión, y la necesidad de crear instrumentos adicionales de canalización de recursos, como son la introducción de cuotas participativas, que según la última ley financiera pueden llegar al 50 por 100 de su valor patrimonial. Como consecuencia, las entidades financieras españolas afrontarán, sin problemas ni sobresaltos, los exigentes requerimientos establecidos en Basilea II, que intentan ajustar el capital al riesgo comprometido, máxime cuando en España existe, en general, una sobreprovisión y los modelos internos de gestión de riesgo ya están adaptados a estas nuevas exigencias.
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