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Manuel Balmaseda,
Servicio de Estudios BBVA
"Fumata" blanca
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La prórroga para 2003 del Acuerdo Interconfederal para
la Negociación Colectiva, firmado por los empresarios
y los agentes sociales el año pasado, supone una buena
noticia. En particular, dado el contexto económico
en que se alcanza. En el entorno internacional la probable
guerra en Iraq, o riesgo geopolítico, como guste denominarlo,
está generando una elevada incertidumbre sobre las
perspectivas económicas futuras. En lo nacional, la
actual fase de desaceleración y la elevada inflación
componen un cocktail explosivo para la negociación
de rentas. La primera haciendo aparecer el fantasma de la
destrucción de empleo, escondido desde hace ya años.
La segunda eliminando las ganancias salariales reales negociadas
por los agentes. En síntesis, el acuerdo supone que
en la negociación de los convenios laborales se intercambie
moderación salarial por mejoras en el empleo, intentando
emular los éxitos conseguidos en 2002, en plena fase
de desaceleración económica.
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"Los
empresarios y agentes sociales pretenden "dar una
señal de confianza" en un momento de particular
incertidumbre, como ya hicieran hace un año a pocas
semanas de los atentados del 11 de septiembre de 2001." |
Los empresarios y agentes sociales
pretenden "dar una señal de confianza" en
un momento de particular incertidumbre, como ya hicieran hace
un año a pocas semanas de los atentados del 11 de septiembre
de 2001, y en un entorno nacional complicado. En este sentido,
el acuerdo ha de valorarse positivamente, y más si
se consideran los resultados que en términos de crecimiento
de los salarios se han producido en 2002. El año pasado,
la subida salarial negociada en los convenios colectivos registrados
hasta noviembre fue del 3,1%, por debajo de las cifras del
año anterior, 3,5% (3,7% si se incorpora el efecto
de las cláusulas de salvaguardia de poder adquisitivo),
lo que no ocurría desde 1998. Además, la inflación
media fue del 3,5% en 2002, sólo una décima
menos que en 2001, pero con un perfil alcista a lo largo del
año. En 2003, no será muy inferior, situándose
en el entorno del 3,3%. Así, el acuerdo supone una
apuesta por la moderación salarial (se ligan los aumentos
a la inflación prevista -2%- más parte de la
mejora de productividad, aunque con cláusulas de salvaguardia),
receta que supuso el factor impulsor más importante
de la última fase expansiva.
La práctica estabilidad
de la inflación en 2002, si bien la percepción
ciudadana fue de incrementos muy superiores, fue debida, en
gran parte, al redondeo de los precios por la entrada del
Euro. Ello, unido a la moderación nominal de los salarios,
se tradujo en un incremento de los márgenes empresariales,
lo que debilitaba la posición negociadora de los empresarios
ante la prórroga del acuerdo en 2003. Y, sumado a la
pérdida de credibilidad del 2% como inflación
prevista, ha supuesto acordar la incorporación en los
convenios de cláusulas de salvaguardia del poder adquisitivo.
La generalización de estas cláusulas supone
una indiciación a posteriori de rentas que contribuye
a convertir choques transitorios sobre los precios, como los
derivados de las subidas del precio de la energía,
en duraderos, pudiendo degenerar en una espiral precios-salarios.
Asimismo, estas cláusulas, que aíslan a parte
de la sociedad del impacto que choques de oferta puedan tener
sobre el conjunto del tejido productivo, merman la capacidad
competitiva de la economía.
En suma, el acuerdo de rentas prorrogado
es importante porque destaca la importancia que para empresarios
y sindicatos tiene una evolución acompasada de salario
y productividad. Aún así, habría que
plantear objetivos de crecimiento salarial "ambiciosos",
es decir, referenciados a la inflación esperada en
la UEM, nuestro mercado de referencia. Ello permitiría
eliminar el deterioro continuado que para la competitividad
de la economía española supone el diferencial
sostenido de inflación y salarios y facilitar las condiciones
de crecimiento de actividad y empleo a medio plazo. Además,
los acuerdos de rentas periódicos son una solución
transitoria para ajustar salarios y productividad, que deben
ser revisados y negociados continuamente. En este sentido,
la propia reforma de los mecanismos de la negociación
colectiva entre los agentes sociales, anunciada intermitentemente
por el Gobierno, podría ser una herramienta más
apropiada.
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