Nº81
Del 26 de Febrero al 4 de Marzo del 2003
 


 


 
 


Juan Velarde Fuertes
, Consejero del Tribunal de Cuentas
La corrupción acosa al mundo

 
 



Las situaciones no ya poco claras, sino de engaño y corrupción nos rodean, con todas las consecuencias perniciosas para el correcto funcionamiento de la economía. Sin ir más lejos, en The Economist de 15 de febrero de 2003 se recoge cómo un hombre que fue clave en Pricewaterhouse Coopers, Jonathan Hayward acaba de declarar que las auditorías efectuadas por las cuatro grandes empresas del sector, aun después del escándalo de Enron, aún son "de poca confianza".
  "Los escándalos recientes y crecientes dentro de una economía globalizada, garantizan casi, en el futuro, que los grandes economistas incorporarán esas prácticas en sus Tratados. Así se coadyuvará a crear una atmósfera internacional de presión para que se extreme la limpieza en las actividades económicas todas."
Pero un poco antes, en el mismo número, señala cómo la suspensión financiera de los mercados de valores, en el ámbito europeo, a pesar de los esfuerzos de los "hombres sabios" encabezados por Lamfalussy, deja mucho que desear. ¿Y qué decir del ámbito iberoamericano? En el mismo número, al referirse a la situación de los países de América Central, subraya cómo, en relación el fraude fiscal, extendidísimo, existe una especie de justificación social: los gobiernos tienen fama de corruptos -recordemos el reciente caso de Arnaldo Alemán en Nicaragua- y, por tanto, ¿para que contribuir a favor del bolsillo de un político sinvergüenza? En el caso de España, gracias a Transparencia Internacional que ya ha facilitado los Índices de Percepción de la Corrupción (CPI) para 2002, observemos de qué manera, en una escala de 0 a 10, desde algo más que 4, en 1995, de modo continuo, año tras año, se llega en el 2002 al 7'1, el mismo índice que Bélgica y Japón y mejor, en la Unión Europea que Irlanda (6'9), Francia (6'3), Portugal (6'3), Italia (5'2) y desde luego que Grecia (4'2). Algunos de los países que se encuentran entre 7 y 8 y con alguna ventaja sobre España son Austria (7'8), Estados Unidos (7'7) y Alemania (7'3).

Además, gracias a Transparencia Internacional, disponemos desde 1999 de otro índice, el de Fuentes de Soborno (IFS), que ordena los países de 10 -las compañías de esa nación no pagará ningún soborno en el extranjero para obtener o mantener un negocio- que se ha publicado, por vez primera el 14 de mayo de 2002. Entre 21 países, España, con 5'8 puntos ocupa el puesto undécimo, pero por encima, entre otros, de Francia (5'5), Estados Unidos (5'3), Japón (5'3), Italia (4'1), Corea del Sur (3'9), China (3'5) y Rusia (3'2). Inmediatamente por encima de España se encuentra Alemania (6'3). Cuando se estudian los grandes tratados de economía, desde Adam Smith, Malthus, Wicksell o Marshall, a Eucken o Samuelson, se observa la prácticamente nula referencia que se presta a la corrupción. En el famoso diccionario de economía, Palgrave, no existe artículo sobre ella. Los escándalos recientes y crecientes, dentro de una economía globalizada y donde se observa que, como dice Transparencia Internacional, los "funcionarios públicos que piden o aceptan sobornos, por ejemplo para licitaciones públicas, regulaciones o concesión de licencias, es altísima en Construcción y obras públicas y Armamento y defensa", garantizan casi, en el futuro, que los grandes economistas incorporarán esas prácticas en sus Tratados. Así se coadyuvará a crear una atmósfera internacional de presión para que se extreme la limpieza en las actividades económicas todas. Lo más curioso de todo es que la OCDE, y ratificado por la mayoría de los principales países occidentales, puso en marcha la Convención Antisoborno; Eigen, Presidente de Transparencia Internacional ha declarado, en relación con el IFS de 2002 "que hay un desconocimiento generalizado sobre la Convención de la OCDE y que es evidente que las empresas no consideran que los riesgos de ser enjuiciadas sean particularmente significativos" y concluyó: "Esta es una conclusión bastante chocante". En otro documento señaló Eigen: "La corrupción -que continúa destruyendo la confianza en las instituciones públicas y privadas- es un problema sistémico; por lo tanto, los medios para derrotarla también deben ser de gran alcance y sistémicos".