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Juan Velarde Fuertes,
Consejero del Tribunal de Cuentas
La corrupción
acosa al mundo
Las situaciones no ya poco claras, sino de engaño y
corrupción nos rodean, con todas las consecuencias
perniciosas para el correcto funcionamiento de la economía.
Sin ir más lejos, en The Economist de 15 de febrero
de 2003 se recoge cómo un hombre que fue clave en Pricewaterhouse
Coopers, Jonathan Hayward acaba de declarar que las auditorías
efectuadas por las cuatro grandes empresas del sector, aun
después del escándalo de Enron, aún son
"de poca confianza".
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"Los
escándalos recientes y crecientes dentro de una
economía globalizada, garantizan casi, en el futuro,
que los grandes economistas incorporarán esas prácticas
en sus Tratados. Así se coadyuvará a crear
una atmósfera internacional de presión para
que se extreme la limpieza en las actividades económicas
todas." |
Pero un poco antes, en el mismo número,
señala cómo la suspensión financiera de
los mercados de valores, en el ámbito europeo, a pesar
de los esfuerzos de los "hombres sabios" encabezados
por Lamfalussy, deja mucho que desear. ¿Y qué
decir del ámbito iberoamericano? En el mismo número,
al referirse a la situación de los países de América
Central, subraya cómo, en relación el fraude fiscal,
extendidísimo, existe una especie de justificación
social: los gobiernos tienen fama de corruptos -recordemos el
reciente caso de Arnaldo Alemán en Nicaragua- y, por
tanto, ¿para que contribuir a favor del bolsillo de un
político sinvergüenza? En el caso de España,
gracias a Transparencia Internacional que ya ha facilitado los
Índices de Percepción de la Corrupción
(CPI) para 2002, observemos de qué manera, en una escala
de 0 a 10, desde algo más que 4, en 1995, de modo continuo,
año tras año, se llega en el 2002 al 7'1, el mismo
índice que Bélgica y Japón y mejor, en
la Unión Europea que Irlanda (6'9), Francia (6'3), Portugal
(6'3), Italia (5'2) y desde luego que Grecia (4'2). Algunos
de los países que se encuentran entre 7 y 8 y con alguna
ventaja sobre España son Austria (7'8), Estados Unidos
(7'7) y Alemania (7'3).
Además, gracias a Transparencia
Internacional, disponemos desde 1999 de otro índice,
el de Fuentes de Soborno (IFS), que ordena los países
de 10 -las compañías de esa nación no
pagará ningún soborno en el extranjero para
obtener o mantener un negocio- que se ha publicado, por vez
primera el 14 de mayo de 2002. Entre 21 países, España,
con 5'8 puntos ocupa el puesto undécimo, pero por encima,
entre otros, de Francia (5'5), Estados Unidos (5'3), Japón
(5'3), Italia (4'1), Corea del Sur (3'9), China (3'5) y Rusia
(3'2). Inmediatamente por encima de España se encuentra
Alemania (6'3). Cuando se estudian los grandes tratados de
economía, desde Adam Smith, Malthus, Wicksell o Marshall,
a Eucken o Samuelson, se observa la prácticamente nula
referencia que se presta a la corrupción. En el famoso
diccionario de economía, Palgrave, no existe artículo
sobre ella. Los escándalos recientes y crecientes,
dentro de una economía globalizada y donde se observa
que, como dice Transparencia Internacional, los "funcionarios
públicos que piden o aceptan sobornos, por ejemplo
para licitaciones públicas, regulaciones o concesión
de licencias, es altísima en Construcción y
obras públicas y Armamento y defensa", garantizan
casi, en el futuro, que los grandes economistas incorporarán
esas prácticas en sus Tratados. Así se coadyuvará
a crear una atmósfera internacional de presión
para que se extreme la limpieza en las actividades económicas
todas. Lo más curioso de todo es que la OCDE, y ratificado
por la mayoría de los principales países occidentales,
puso en marcha la Convención Antisoborno; Eigen, Presidente
de Transparencia Internacional ha declarado, en relación
con el IFS de 2002 "que hay un desconocimiento generalizado
sobre la Convención de la OCDE y que es evidente que
las empresas no consideran que los riesgos de ser enjuiciadas
sean particularmente significativos" y concluyó:
"Esta es una conclusión bastante chocante".
En otro documento señaló Eigen: "La corrupción
-que continúa destruyendo la confianza en las instituciones
públicas y privadas- es un problema sistémico;
por lo tanto, los medios para derrotarla también deben
ser de gran alcance y sistémicos".
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