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Rafael Termes
Profesor
del IESE, Universidad
de Navarra
"Seguridad privada
a falta de seguridad pública"
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Los datos sobre las empresas privadas
de seguridad ponen de relieve el fuerte crecimiento de su
actividad, hasta tal punto que, en este mismo año,
sus efectivos superarán a los de la policía
nacional. Es una manifestación más de la capacidad
de la iniciativa privada para descubrir los nichos de negocio.
Pero es lamentable que el hueco producido sea consecuencia
del abandono por parte del Estado de una de sus más
características responsabilidades. En efecto; la seguridad
ciudadana y el orden público, junto con las relaciones
con el exterior, la defensa del territorio y la administración
de la justicia, así como la elaboración de un
marco legal, son las funciones primigenias del Estado, aquellas
por las que se justifica y fue creado. En todo lo demás,
la función del Estado es meramente subsidiaria, es
decir, su misión es hacer aquello que la iniciativa
privada no hace y sea necesario hacer.
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el Estado pretende hacer lo que no le corresponde y no
hace o hace mal precisamente aquello que debe hacer.." |
Pero en la desfiguración
del papel del Estado, no sólo en España, sino
en todos aquellos países en los que la ideología
socialista, socialdemócrata, constructivista, intervencio-nista,
con la hipertrofia del pretendido Estado de Bienestar, ha
imperado, lo que sucede es que el Estado pretende hacer lo
que no le corresponde y no hace o hace mal precisamente aquello
que debe hacer. El reflejo de esta deformación aparece
clara en los Presupuestos de las Administraciones Públicas.
En lo que respecta a España, la asignación presupuestaria
para seguridad ciudadana representa tan sólo el 2,6%
del gasto total. Si se le añade justicia, defensa,
exteriores, cortes generales y administración tributaria,
el gasto para realizar lo que el Estado debería hacer
asciende al 7,2% del gasto total. El restante 92,8% corresponde
al llamado gasto social y demás actividades que es
muy dudoso competan a la misión propia del Estado.
No es pues raro que en España
la justicia no se administre en los plazos requeridos para
garantizar el buen desarrollo de las relaciones entre los
ciudadanos y que éstos, ante la falta de seguridad
física debida a la escasez de medios del Ministerio
del Interior, se vean forzados a contratarla con empresas
privadas, con un coste que no tienen por qué asumir.
Así es, ya que los impuestos que pagan les proporcionan
el derecho a recibir en forma eficiente, la seguridad personal
y el orden público de manos del Estado, el cual, en
cambio, emplea los impuestos, con fines electoralistas, en
lo que no debiera.
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