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Alfredo
Jiménez
Ante esta falta de visibilidad de los mercados y de iniciativas por parte de los operadores, los volúmenes negociados en los principales centros financieros han caído de forma significativa, y esta caída, unida a la falta de profundidad del mercado, ha provocado un aumento de la volatilidad de los precios de los activos. Mientras esto ocurría, hemos visto como han proliferado en los últimos días numerosos informes de los principales bancos de inversión, alertándonos sobre los efectos que puede tener en las economías desarrolladas una posible guerra en Oriente Medio. Las opiniones en este terreno son para todos los gustos y dependen fundamentalmente de la duración del conflicto, aunque en cualquier caso, no parece que vaya a tener un coste que no pueda ser perfectamente asumido por los Estados Unidos. Las primeras estimaciones para el caso de una guerra corta, sitúan el coste en una cifra que representa un 0,7% del PIB americano en dos años. Ahora bien, el efecto que este conflicto pueda tener para la estabilidad de los mercados financieros puede ser diferente si tenemos en cuenta la débil situación de partida en la que se encuentran. También se ha dedicado mucha atención a la revisión del comportamiento de los mercados durante la pasada Guerra del Golfo, tratando de buscar alguna referencia que nos pueda ayudar a interpretar su evolución en las próximas semanas. No hay que olvidar que a partir del inicio de aquella guerra los mercados bursátiles iniciaron una subida importante y que a partir de entonces la economía empezó a recuperar fuerza, lo que permitió a su vez que las bolsas obtuvieran ganancias anuales por encima del 10%. La conclusión que podemos sacar de esta comparación es que la situación económica de entonces apenas se parece a la actual, por lo que es dudoso que el inicio del conflicto, con independencia de los posibles movimientos erráticos que se observen en un primer momento, suponga el despegue definitivo de los mercados financieros y, en particular, del mercado bursátil. En realidad existen importantes diferencias con respecto a la situación pasada y quizás conviene recordar tres de ellas: la dependencia de las economías desarrolladas del precio del petróleo era mucho mayor de la que es hoy en día; el nivel actual de los tipos de interés es muchísimo menor del que había en aquel momento (9% en el US$ y 10% de media en Europa); y por último, la confianza de los inversores y empresarios también es hoy en día mucho menor de la que se registró entonces. Como conclusión, no parece que
las expectativas para los próximos meses sean muy favorables
para los inversores, pero en cualquier caso, en este ambiente tan
enrarecido por el previsible comienzo de la guerra en Irak, lo más
prudente es mantenerse al margen de los mercados y esperar atentamente
los próximos acontecimientos.
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