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Manuel Balmaseda,
Jefe
del Servicio de Estudios del BBVA para España
¿Políticas de demanda para choques de
oferta?
La actual incertidumbre sobre la evolución futura de
la economía a escala global, asociada al previsible
conflicto bélico en Oriente Medio y su incidencia sobre
la cotización del crudo en los mercados internacionales
y la confianza de los agentes económicos, se está
traduciendo en la propuesta de distintas medidas de política
económica para hacer frente a la previsible desaceleración
de la actividad. Pero la implementación de políticas
de demanda, tanto de corte monetario como fiscal, es difícil
de justificar en este contexto.
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"Si
en algo estamos de acuerdo los economistas es en lo inapropiado
de utilizar políticas de demanda para acomodar
choques de oferta." |
El incremento del precio del crudo supone un choque sobre
la estructura de costes de las empresas, que se trasladará
a los precios finales de los productos y se traducirá
en una reducción de la producción. Es decir,
constituye un choque negativo de oferta. Si en algo estamos
de acuerdo los economistas es en que las políticas
monetaria y fiscal inciden sobre la demanda de la economía,
de ahí su nombre de políticas de demanda, no
siendo apropiadas para hacer frente a choques de oferta. Su
utilización para neutralizar un choque de oferta sobre
la actividad, como es el aumento de los costes de producción,
sólo tendría efecto a corto plazo, y supondría
un coste importante en términos de inflación.
Algunos dirán que el uso de la política de demanda
está justificado porque el conflicto bélico,
además de su incidencia sobre los precios del crudo,
incide sobre la confianza de los consumidores, y, por tanto,
también supone un choque de demanda. Si bien esto es
posible, incluso si se ignoran la dificultad de implementación
en un contexto de incertidumbre elevada y los retardos con
los que afectan estas políticas, la eficiencia de la
política monetaria y fiscal para incidir sobre la confianza
de los agentes es escasa, en particular cuando la desconfianza
no está originada por factores estrictamente económicos.
En este sentido, "la guerra" es una buena excusa
para los gobiernos y bancos centrales para llevar a cabo políticas
expansivas, posponiendo, una vez más, las reformas
de corte estructural. Los economistas tenemos el deber de
explicar el error de relajar el empuje reformador. La única
manera de hacer frente a choques de oferta es mediante la
flexibilización de la estructura económica y
la eficiencia del tejido productivo, que permita acomodar
choques futuros.
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