Nº80
Del 19 al 25 de Febrero del 2003
 


 


 
 


Manuel Balmaseda
, Jefe del Servicio de Estudios del BBVA para España
¿Políticas de demanda para choques de oferta?

 




La actual incertidumbre sobre la evolución futura de la economía a escala global, asociada al previsible conflicto bélico en Oriente Medio y su incidencia sobre la cotización del crudo en los mercados internacionales y la confianza de los agentes económicos, se está traduciendo en la propuesta de distintas medidas de política económica para hacer frente a la previsible desaceleración de la actividad. Pero la implementación de políticas de demanda, tanto de corte monetario como fiscal, es difícil de justificar en este contexto.
  "Si en algo estamos de acuerdo los economistas es en lo inapropiado de utilizar políticas de demanda para acomodar choques de oferta."


El incremento del precio del crudo supone un choque sobre la estructura de costes de las empresas, que se trasladará a los precios finales de los productos y se traducirá en una reducción de la producción. Es decir, constituye un choque negativo de oferta. Si en algo estamos de acuerdo los economistas es en que las políticas monetaria y fiscal inciden sobre la demanda de la economía, de ahí su nombre de políticas de demanda, no siendo apropiadas para hacer frente a choques de oferta. Su utilización para neutralizar un choque de oferta sobre la actividad, como es el aumento de los costes de producción, sólo tendría efecto a corto plazo, y supondría un coste importante en términos de inflación.

Algunos dirán que el uso de la política de demanda está justificado porque el conflicto bélico, además de su incidencia sobre los precios del crudo, incide sobre la confianza de los consumidores, y, por tanto, también supone un choque de demanda. Si bien esto es posible, incluso si se ignoran la dificultad de implementación en un contexto de incertidumbre elevada y los retardos con los que afectan estas políticas, la eficiencia de la política monetaria y fiscal para incidir sobre la confianza de los agentes es escasa, en particular cuando la desconfianza no está originada por factores estrictamente económicos.

En este sentido, "la guerra" es una buena excusa para los gobiernos y bancos centrales para llevar a cabo políticas expansivas, posponiendo, una vez más, las reformas de corte estructural. Los economistas tenemos el deber de explicar el error de relajar el empuje reformador. La única manera de hacer frente a choques de oferta es mediante la flexibilización de la estructura económica y la eficiencia del tejido productivo, que permita acomodar choques futuros
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