Nº79
Del 12 al 18 de Febrero del 2003
 


 


 
 


Juan Velarde Fuertes
, Consejero del Tribunal de Cuentas
Prioridades, por favor

 
 



En España es necesario tener presente, por lo que se refiere a la conducta del sector público, tres cosas. En primer lugar, que es bueno que disminuya la pensión impositiva. En segundo término, es necesario que el conjunto de los pres upuestos del Sector Público, pase a tener no ya equilibrio, sino supervávit precisamente para soportar los tirones de la mala coyuntura económica internacional. No tenemos otra arma disponible de política económica para enderezar nuestra inflación,
  "Con lo que se gasta en cine podemos mejorar las dotaciones de policías que ayudarán a que los españoles estén más tranquilos, o a reducir el déficit. El voto oscuro, silencioso, sistemático, de los españoles, lo exige."
salvo lo que se logre por el camino de la persuasión a sindicatos y empleadores en el terreno salarial. Nos están vedadas las políticas cambiaria y monetaria, y si abandonamos esta rigidez presupuestaria estamos perdidos. Pero no es posible olvidar -tercera cuestión- que para fomentar nuestro desarrollo económico, o para que sea gratificante nuestra convivencia política, dentro del Estado de Derecho, ciertas partidas de gasto tienen prioridad. Desde un viejo artículo de Rosenstein-Rodan aparecido en The Economic Journal en 1938, hasta trabajos recientes de Kindleberger, sabemos que en ambos sentidos tienen prioridad tres tipos de gastos: los que se relacionan con las infraestructuras; los que se hacen con la investigación y la educación, así como los sanitarios -esto es, lo que contribuyen a la capitalización en hombres-, y los de la seguridad ciudadana. Como hay que hacer recortes, las tijeras deben estar puestas para eliminar aquellos dispendios que sólo son solicitados por grupos de presión a espaldas de lo que reclaman los ciudadanos, que votan contra ellos en cuanto pueden. Es difícil, en ese sentido, superar lo que sucede con el cine español. En general, la población vota contra él abandonando su asistencia a las salas de proyección. Imponérnoslo a través de una, a su vez, deficitaria, televisión pública, o con subvenciones directas, es absolutamente intolerable. Con lo que se gasta en cine podemos mejorar las dotaciones de policías que ayudarán a que los españoles estén más tranquilos, o a reducir el déficit. El voto oscuro, silencioso, sistemático, de los españoles, lo exige. Atender a quienes, incluso con payasadas, pretenden seguir cobrando del Sector público es, sencillamente, intolerable.