Nº79
Del 12 al 18 de Febrero del 2003
 


 


 
 

Rafael Termes
Profesor del IESE, Universidad de Navarra
"Las lecciones de la EPA comparada"

 
 





Con fecha 7 de febrero el INE ha publicado el resultado de la Encuesta de Población Activa correspondiente al cuarto trimestre de 2002.

Los datos son malos en todos los aspectos. Al cierre de 2002, los parados ascendían a 2.118.200 personas, 226.400 más que al finalizar 2001, lo que significa un incremento del 11,97% en el año, rompiendo por primera vez, desde 1994, la tendencia a la reducción de los parados que de 3.856.720 en aquella fecha habían descendido, sin interrupción, hasta 1.891.790 en 2001. Es cierto que esta cifra está afectada por el cambio de metodología, pero no obsta para afirmar que, después del cambio, en términos, por lo tanto, totalmente comparativos, la tasa de paro en relación con la población activa ha subido, según la EPA, desde el 10,50% en 2001 al 11,45% en 2002.
  ".. el paro medio en la UE (..) se elevaba al 7,8%. España, con un 12%, ocupaba el peor lugar precedido, de Finlandia
(9,0%), Francia (8,9%) y Alemania (8,5%).."


Se dirá que en 2002, a pesar de la crisis, se han creado 256.200 puestos netos de trabajo, pero este hecho, que significa tan sólo un 1,59% en el aumento del empleo, en contraste con el incremento anual medio del 4,40% entre 1996 y 2001, no basta para cubrir el aumento de 482.600 personas, es decir, del 2,68% en la población activa. No es posible negar que esto refleja el empeoramiento de la coyuntura, pero, a mi juicio, sólo en parte; la principal causa de la desaceleración en la creación de empleo hay que buscarla en el parón del Gobierno en lo tocante a la reforma del mercado laboral.

Pocos días antes de la publicación de la última EPA, el 3 de febrero Eurostat difundía los datos sobre el paro, corregido de las variaciones estacionales, para todos los países de la UE-15, lo cual, si bien puede arrojar cifras distintas de las facilitadas por cada país, permite comparar los resultados de cada uno de ellos con los de los restantes y también con los de los EE.UU. De acuerdo con la metodología utilizada por Eurostat, el paro medio en la UE-15 en diciembre de 2002 se elevaba al 7,8%. España, con un 12%, ocupaba el peor lugar precedido, de Finlandia (9,0%), Francia (8,9%) y Alemania (8,5%). Los Estados Unidos, a pesar de la crisis en que se hallan inmersos, tenían un 6% de paro, cifra que en enero ha descendido al 5,7%. Algo tendrá que ver en ello el modelo laboral americano. Como sin duda lo tiene que el paro femenino en EE.UU. sea el 5,7% contra el 6,2% para los varones, cuando en España el paro femenino está en el 17,3%, más del doble del 8,5% de los varones. A idéntica conclusión se llega en lo tocante al paro juvenil -menores de 25 años- que en España asciende al 22,2% -18,5% en varones y 27,1% en mujeres- frente al 11,9% en EE.UU., sin apenas diferencia entre varones y mujeres. Pero la última lección a extraer la proporciona Alemania, la antigua locomotora convertida hoy en el lastre de Europa, donde el tamaño del Estado, el intervencionismo y la rigidez del mercado laboral han ocasionado la destrucción de 500.000 empleos en diez años, haciendo subir el paro hasta el 8,5% en 2002, mientras en Irlanda, por ejemplo, se situaba en el 4,4%.

Ante todo esto, extraña que el Gobierno declare que en lo que queda de legislatura no piensa proceder a ninguna de las reformas pendientes en el mercado laboral. Este propósito gustará a los sindicatos, pero sin duda perjudicará a los trabajadores.