Nº79
Del 12 al 18 de Febrero del 2003
 


 


 
 


Manuel Balmaseda
, Servicio de Estudios BBVA
¿Y después qué?

 




La posibilidad de una guerra en Irak está afectando a la economía a través de las expectativas de los agentes económicos y de las alteraciones de los costes del proceso productivo (al influir sobre el precio del petróleo que ya ha subido un 40%). Aunque las hostilidades bélicas no se hayan desencadenado aún, las consecuencias de la incertidumbre que origina se están notando desde hace meses, afectando a las perspectivas de hogares y empresas (a lo largo de 2002 ha continuado cayendo la confianza de los hogares en España, y en el conjunto de la UEM, y se ha interrumpido la recuperación de las expectativas industriales) y a la inflación (que ha terminado el año en el 4,0%). Si bien, de momento, el impacto sobre la actividad económica ha sido reducido.
  "Aunque las hostilidades bélicas no se hayan desencadenado aún, las consecuencias de la incertidumbre que origina se están notando desde hace meses.."

La teoría económica indica que los agentes económicos descuentan el impacto de los eventos previsibles, con lo que su efecto cuando tienen lugar es nulo. Si esto es así, el comienzo de la guerra, un evento plenamente anticipado y descontado, debería tener un impacto muy reducido sobre las economías. Entonces, ¿por qué los economistas, que creemos que los agentes son racionales, hablamos de la incidencia de la guerra? La clave es que aunque el escenario bélico esté descontado, su desarrollo y su incidencia final no. Se mantiene un elevado grado de incertidumbre en torno al cuándo (cuándo comenzará y cuánto durará), al cómo (cómo se desarrollará, cómo alterará el suministro de crudo o cómo afectará al comercio mundial) y al después. Incluso antes de haberse iniciado la guerra las relaciones entre los países europeos y de algunos de éstos con los Estados Unidos se han deteriorado, lo que podría incidir sobre sus relaciones comerciales haya o no guerra. Además, no se despejarán las incertidumbres en torno a Oriente Medio, sino que probablemente aumenten, lo que desembocaría en un mantenimiento de los precios del crudo en niveles relativamente elevados y dificultaría la recuperación de las confianzas a escala global.