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Manuel Balmaseda,
Servicio de Estudios BBVA
¿Y después qué?
La posibilidad de una guerra en Irak está afectando
a la economía a través de las expectativas de
los agentes económicos y de las alteraciones de los
costes del proceso productivo (al influir sobre el precio
del petróleo que ya ha subido un 40%). Aunque las hostilidades
bélicas no se hayan desencadenado aún, las consecuencias
de la incertidumbre que origina se están notando desde
hace meses, afectando a las perspectivas de hogares y empresas
(a lo largo de 2002 ha continuado cayendo la confianza de
los hogares en España, y en el conjunto de la UEM,
y se ha interrumpido la recuperación de las expectativas
industriales) y a la inflación (que ha terminado el
año en el 4,0%). Si bien, de momento, el impacto sobre
la actividad económica ha sido reducido.
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"Aunque
las hostilidades bélicas no se hayan desencadenado
aún, las consecuencias de la incertidumbre que
origina se están notando desde hace meses.." |
La teoría económica
indica que los agentes económicos descuentan el impacto
de los eventos previsibles, con lo que su efecto cuando tienen
lugar es nulo. Si esto es así, el comienzo de la guerra,
un evento plenamente anticipado y descontado, debería
tener un impacto muy reducido sobre las economías.
Entonces, ¿por qué los economistas, que creemos
que los agentes son racionales, hablamos de la incidencia
de la guerra? La clave es que aunque el escenario bélico
esté descontado, su desarrollo y su incidencia final
no. Se mantiene un elevado grado de incertidumbre en torno
al cuándo (cuándo comenzará y cuánto
durará), al cómo (cómo se desarrollará,
cómo alterará el suministro de crudo o cómo
afectará al comercio mundial) y al después.
Incluso antes de haberse iniciado la guerra las relaciones
entre los países europeos y de algunos de éstos
con los Estados Unidos se han deteriorado, lo que podría
incidir sobre sus relaciones comerciales haya o no guerra.
Además, no se despejarán las incertidumbres
en torno a Oriente Medio, sino que probablemente aumenten,
lo que desembocaría en un mantenimiento de los precios
del crudo en niveles relativamente elevados y dificultaría
la recuperación de las confianzas a escala global.
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