Nº77
Del 29 de Enero al 4 de Febrero del 2003
 


 


 
 

Rafael Termes
Profesor del IESE, Universidad de Navarra
"La inflación y la pérdida de competitividad"

 
 





Creo que es un sentimiento común entre los expertos económicos, no influidos ideológicamente, que el peor mal de la economía española es el nivel de inflación que sufrimos. El último dato, correspondiente a diciembre de 2002, 4% sobre diciembre de 2001, confirma que es un mal que no cesa. Cierto que los políticos tienden a quitar importancia al tema, alegando que una inflación del 4% no es para poner el grito en el cielo, si se tiene en cuenta que a comienzos de la década de los noventa nuestra inflación era del orden del 6,5%. Tienen razón y hasta podrían decir que al advenimiento de la democracia nuestros precios crecían a un ritmo superior al 26%.
  ".. el peor mal de la economía española
es el nivel de inflación que sufrimos."

Pero la evolución histórica de nuestra inflación hace mucho tiempo que dejó de ser relevante. Lo que verdaderamente importa es la inflación comparada con la de los países con los que mantenemos relación comercial, ya que el índice de precios relativos influye decididamente en nuestra competitividad frente a dichos países. Y la verdad es que, en índice de precios de consumo (IPC) armonizados, el diferencial de inflación con la UE, que acumula el 64% de nuestro comercio exterior, ha pasado de 0,6 puntos porcentuales en enero de 2002 a prácticamente 2 puntos en diciembre último.

Este continuo diferencial, de entre 1 y 2 puntos, que, lejos de reducirse, en los últimos meses aumenta, no podía por menos que afectar a nuestra competitividad frente a la UE, que, desde diciembre de 1998 hasta diciembre de 2002, se ha deteriorado cerca de un 5%. Lo cual forzosamente se refleja en la evolución de la balanza de pagos, sobre todo en la rúbrica servicios y, por su evidente conexión con el IPC, especialmente en el renglón "turismo y viajes", cuyos ingresos netos en el período de enero a agosto 2002 fueron un 5,5% inferiores a los registrados en el mismo período del año anterior.

Todo ello induce a recordar al Gobierno que, habida cuenta de la importancia que tiene la inflación diferencial para el crecimiento de la economía, y para el empleo, es hora que se tome en serio la adopción de las medidas -que las hay- para reducir nuestro índice de precios de consumo.