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Alfredo
Jiménez
En principio, este dato fue recogido con satisfacción por los mercados financieros que esperaban un peor comportamiento de los precios en el pasado mes de diciembre. Ahora bien, conviene recordar que la inflación americana se ha duplicado en tasas interanuales desde los meses de mayo y junio pasados en los que se alcanzaron niveles del 1,2 y 1,1 respectivamente. ¿Significa esto que tengamos que temer un resurgimiento de las presiones inflacionistas en los próximos meses?. Los analistas insisten en afirmar que no existe un riesgo real de crecimiento persistente de los precios en los Estados Unidos, por lo menos en el corto plazo. Quizás la pregunta que deberíamos hacernos es otra bien distinta: ¿pueden bajar los precios en los Estados Unidos con la combinación actual de políticas monetarias y presupuestarias tan expansivas?. No parece que estas políticas ayuden a contener en nivel de los precios y, además, por si esta combinación no fuera suficiente, la reciente caída del US$ también podría estar contribuyendo a un aumento de las presiones inflacionistas en aquel país. Una parte de la explicación de este aumento transitorio de la inflación americana podría justificarse por la propia política anti-deflacionista aplicada por la FED que ha llevado los tipos de interés a corto plazo a niveles mínimos históricos hasta situarlos en tasas reales negativas, mientras su gobierno sigue adelante con un proyecto de recorte de impuestos. En este momento, es probable que la actuación de las autoridades económicas y monetarias americanas se centre principalmente en combatir una temida deflación que podría tener efectos más negativos que los que pueda producir una subida transitoria de los precios. Por ello, es probable que los tipos de interés del US$ se mantengan en los niveles actuales durante algún tiempo más de lo que descuenta el mercado, ya que la FED solo procedería a revisarlos al alza cuando perciba signos claros de una reactivación económica en los Estados Unidos. Por otra parte, esta política económica americana y en especial la debilidad del dólar, podría tener un efecto que contribuyera a la reducción de precios en otras áreas económicas, especialmente a la zona EMU. De suceder esto último, estarían por ver las consecuencias que tendría dicha reducción en la reactivación económica de los países europeos, aunque ayudaría a bajar aun más los tipos de interés de intervención del Banco Central Europeo. Por último, no debemos olvidar que la propia debilidad de US$ que estamos observando en las últimas semanas, no contribuye a tranquilizar a los mercados sino que se convierte, a su vez, en un factor que acentúa la aversión al riesgo y que puede reducir la confianza de los inversores en la recuperación económica.
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