Nº76
Del 22 al 28 de Enero del 2003
 
 


 
 


D. Luis de Guindos
Secretario de Estado de Economía


"La renta per capita española se acerca al 87% de la renta media de los 15"

 



1.- ¿Cómo valora el año 2002 para la economía española?

Lo más destacable es que a pesar de las dificultades que la ralentización simultánea de los tres principales bloques industriales haya podido entrañar para una economía tan abierta como la española, nuestro país ha continuado creciendo por encima de la media europea. Para la totalidad de 2002, el crecimiento esperado del PIB español se sitúa alrededor del 2%, lo que permite obtener un diferencial con los países de la zona euro de aproximadamente 1,3 puntos porcentuales, algo superior al registrado en 2001. Asimismo, en nuestra economía se ha seguido creando empleo: unos 280.000 puestos de trabajo para el conjunto del año. Finalmente, se ha mantenido la disciplina presupuestaria: el déficit público proyectado para el conjunto de las Administraciones Públicas es de 0,2% del PIB, cifra por lo tanto, que sigue prácticamente al equilibrio presupuestario.

Pero tampoco podemos olvidar que 2002 ha sido el año de la introducción física del euro, aspecto que supone la culminación de la integración monetaria entre los países de la UEM, un hito en el proceso de integración económica europeo y mayores posibilidades de crecimiento y de convergencia real para nuestro país. En este sentido, España ha continuado experimentando un aumento de su renta per capita como proporción de la media europea. Ésta era de 78,9% en 1996. En 2002, se espera que se sitúe cerca del 84%, dato que constituye un máximo absoluto para nuestra economía. Es más, si como parece previsible, se mantiene el diferencial de crecimiento con la UE en los próximos años en el entorno del 1% y el INE aumenta su estimación del PIB, la mencionada renta per capita española puede pasar a cerca del 87% de la renta media de los 15 miembros de la actual Unión Europea, en 2006.

  "Si las perspectivas son favorables la banca española mantendrá previsiblemente su presencia en la región de América Latina."


2- ¿Cuáles son los aspectos menos favorables de la evolución reciente de la economía española?

Destacaría fundamentalmente la evolución de los precios registrada en 2002, que hace que se mantenga un diferencial de inflación por encima del que sería lógico dentro del proceso de convergencia real en el que se encuentra inmersa nuestra economía. No obstante, en los próximos meses se espera una serie de efectos positivos en el IPC como por ejemplo, el fin del proceso de redondeo para hacer atractivos los precios, la apreciación del tipo de cambio del euro frente al dólar, la no elevación de los impuestos indirectos en 2003, la continuación del output gap negativo o la atenuación del efecto base del precio del petróleo. Como consecuencia de todo lo anterior, las tensiones inflacionistas se reducirán de forma que en la primavera tendremos una inflación del 3%.

Otro motivo de preocupación sigue siendo la tasa de desempleo que está por encima del 11%, pese a la creación intensa de puestos de trabajo. No obstante, hay que considerar que ha aumentado la tasa de actividad, y que por lo tanto, hay más personas demandando un empleo, lo que también demuestra la mayor confianza de los ciudadanos en la economía española. En cualquier caso, hay que seguir creando empleo y continuar con la incorporación de jóvenes y mujeres al mercado de trabajo. De ahí la continua atención que el Gobierno presta a los problemas del mercado de trabajo, que se ha traducido en determinadas medidas como la reforma del IRPF o la ley de medidas urgentes para la reforma del sistema de protección por desempleo y mejora de la ocupabilidad. Asimismo, para seguir creando empleo, es también muy importante que continúe la moderación salarial.

3- Si la inflación es nuestro principal desequilibrio ¿cuál es la posición del Gobierno al respecto?

Lo primero que hay que decir es que un cierto diferencial de inflación es un fenómeno lógico. El nivel medio de los precios españoles está un 20% por debajo del nivel europeo y tiene que producirse una convergencia. Este acercamiento explicaría en torno a un punto de la inflación adicional. El problema está en el medio punto restante.

Para corregir esta desviación, es imprescindible, en primer lugar, que la orientación fiscal mantenga su tono actual, limitando la evolución de la demanda agregada.

En segundo lugar, el Gobierno debe minimizar aquellas decisiones impositivas que repercutan en los precios. En este sentido, en 2003 no habrá aumento de la tributación indirecta.

En tercer lugar, todo lo que sea liberalizar los mercados de bienes y de servicios redunda en una mayor competencia y a medio y largo plazo alivia las tensiones de precios. En este terreno, me gustaría recordar que existen ámbitos regulatorios en los que las Comunidades autónomas tienen mucho que decir, como el suelo y la distribución comercial.

Finalmente, es fundamental que la desviación no se traslade a los costes de producción y que los interlocutores sociales no conviertan en permanentes los repuntes de precios coyunturales producidos por ejemplo, por fenómenos como la escalada de la cotización del precio del crudo, los efectos de la climatología adversa en algunos alimentos o la puesta en circulación del euro. Los aumentos salariales deben pactarse sobre la base del objetivo de estabilidad de precios de la zona euro del 2%, sumando en su caso las ganancias de productividad. Todo lo que sea ir más allá conlleva pérdidas de competitividad.

Por otra parte, desde el pasado mes de diciembre, el Ministerio de Economía viene haciendo público el primer martes de cada mes un seguimiento de los precios de los alimentos frescos y envasados, como medio para aumentar la transparencia y el conocimiento del comportamiento de los mismos.

4- ¿Qué opina del informe de la CEOE sobre la caída de la competitividad en nuestro país?

Desde el año 1996, el PIB ha crecido a un ritmo medio del 3,4% y el empleo, medido en términos de Contabilidad Nacional, el 2,7%, lo que da un crecimiento medio del producto por empleado del 0,7%.

No obstante, yo me tomaría el dato con cierta cautela, porque el problema quizá sea estadístico. El INE acaba de revisar la Encuesta de Población Activa y ya ha anunciado que tiene que ajustar el crecimiento de los últimos años. Estoy convencido de que el resultado de esta revisión arrojará un crecimiento de la productividad mayor. Por otra parte, hay que tener en cuenta que la prioridad de este Gobierno ha sido la creación de empleo y cuando éste crece con la intensidad con que lo ha hecho en España, es lógico que la productividad por empleado sea menor. Asimismo, debemos recordar el esfuerzo que nuestro país está realizando continuamente para aumentar la competitividad. En este sentido cabe resaltar los recursos a la I+D que el Estado está destinando y que tarde o temprano acabarán por rendir sus frutos. Por último, no hay que olvidar la propia inversión en infraestructuras que se viene efectuando y que facilitan toda la actividad económica. Todos estos aspectos provocarán una mejora en nuestra productividad y competitividad.

5- Puesto que no somos un ente aislado en el mundo ¿de dónde puede venir la influencia positiva para nuestra economía?

La economía española es muy abierta, por lo que su comportamiento económico aparece indudablemente condicionado por el de los países de su entorno.

En Estados Unidos, el nuevo paquete de medidas de estímulo de la actividad económica presentadas por el presidente Bush y el fin de los escándalos contables, son elementos favorables a la generación de confianza entre los agentes económicos.

En Europa, el crecimiento económico sostenible vendrá íntimamente ligado a la puesta en marcha de reformas estructurales que permitan elevar el crecimiento potencial de las economías europeas y así cumplir con los objetivos de Lisboa y de Barcelona.

En este contexto, España está en una situación muy favorable para sacar el máximo partido de la recuperación de los países de su entorno. Nuestra economía goza de credibilidad y ha aumentado sus posibilidades de crecimiento no inflacionista en los últimos años. Ello ha sido el resultado de las políticas aplicadas en los últimos años, que han atendido a los desequilibrios existentes como el elevado déficit público, la falta de condiciones competitivas en el mercado de productos y las rigideces del mercado de trabajo. Se ha posibilitado así que España forme parte del grupo de países fundadores de la UEM, cumplidores del PEC y que sea la economía europea que más empleo haya generado en la UE desde 1996.