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Antonio J. Zoido
Bajo la presión de la incertidumbre sobre la recuperación económica y el comportamiento de los beneficios de las grandes empresas, la evolución del mercado ha estado condicionada por factores adversos que han provocado la prolongación de una tendencia bajista que comenzó en marzo de 2000, con gran volatilidad. Entre estos factores destacaría las dudas sobre la intensidad y el plazo de la recuperación de la economía mundial, la incertidumbre sobre las grandes economías latinoamericanas y la falta de confianza en las prácticas contables y de gobierno de las empresas cotizadas americanas, que ha afectado al resto de los mercados. Menores beneficios Pero no creo que sea justo ni realista valorar la coyuntura como la quiebra de un modelo. El mercado es hoy más fiable, más transparente y más seguro que en cualquier momento precedente. Tanto la operativa como la supervisión y la regulación de los mercados de valores avanzan en la dirección correcta y lo hacen con razonable rapidez. En esta línea, el cuarto trimestre del año puede verse como la consolidación del punto de inflexión en la negativa evolución que ha caracterizado los últimos dos años y medio, puesta de manifiesto tanto por las operaciones corporativas alentadas por los atractivos precios como por la reincorporación de inversores con objetivos a medio y largo plazo. La mala situación de los mercados mundiales y las incertidumbres en torno a la recuperación de las principales economías ha provocado que las salidas a Bolsa en Europa presenten una clara tendencia a la baja desde el récord absoluto registrado en el año 2000. En el período enero/octubre los nuevos flujos de inversión canalizados por la Bolsa española han ascendido a 13.950 millones de euros, un 49,22 por ciento menos que en 2001. A pesar de esta crisis de OPV los expertos destacan que la calidad de las compañías es mucho mayor y la rentabilidad media de las debutantes este año es superior a la de los índices de referencia y la acogida de los inversores individuales a las operaciones lanzadas al mercado español este año ha seguido siendo buena. Operaciones como la de Enagas, que recibió más de 260.000 peticiones, o la de Banesto, con casi 200.000, indican una continuidad en la demanda a pesar de la coyuntura desfavorable. Pero sería bueno destacar que el mercado español ofrece igualmente aspectos positivos que sin duda se irán consolidando y dando un margen creciente de oportunidad a los inversores. Durante este ejercicio el mercado ha batido su propio récord de liquidez. En este año complicado, el extraordinario nivel de liquidez alcanzado por el mercado bursátil español es, sin duda, un aspecto relevante. La rotación de la Bolsa española, que relaciona la contratación y la capitalización de las empresas, alcanzó hasta noviembre de 2002 un valor de 128 por ciento, más de diez puntos por encima del alcanzado en 2000 y veinte puntos por encima de 2001. Esto significa que el valor de las empresas cotizadas, a 29 de noviembre, rota 1,28 veces al año frente a una rotación de 0,33 veces hace sólo una década. Al igual que en el ejercicio anterior, los beneficios empresariales se han mantenido a la baja. Las compañías que integran el Indice General de la Bolsa de Madrid ganaron 9.693 millones de euros en los nueve primeros meses del año, lo que supone un 60 por ciento menos respecto a 2001. Los beneficios siguen en tasas negativas como consecuencia de las fuertes dotaciones efectuadas por las compañías cotizadas para cubrir la depreciación de sus inversiones y los riesgos de Latinoamérica. Las estimaciones para el año 2003, por el contrario, consolidan la línea de una espectacular recuperación. Los bajos niveles alcanzados por las cotizaciones bursátiles, la evolución de los beneficios empresariales y la política de dividendos seguida por las empresas, ha situado la rentabilidad por dividendo de un gran número de empresas cotizadas en la Bolsa española en niveles superiores al 4 por ciento anual e incluso muchas de ellas superan el 5 y 6 por ciento, mientras que la rentabilidad de otros productos financieros tradicionales se sitúa en valores próximos al 3 por ciento. Crisis social Como tantas veces hemos señalado, nunca una crisis bursátil había afectado a tantos participantes, una base amplísima de la sociedad. Sólo las tres compañías cotizadas de mayor capitalización suman más de 4,5 millones de accionistas. El 27,5 por ciento de las acciones españolas cotizadas continúa en manos de las familias, que siguen siendo, por tanto, una sólida base de inversores estables.
La reducción del valor de la cartera de acciones en manos de las familias españolas que, en los años 2001 y 2002 hasta junio, alcanza el 20 por ciento, responde casi en su totalidad a la reducción experimentada por las cotizaciones en el mercado en el mismo período, que es del 18 por ciento. La desinversión es, en este sentido, mínima y convierte a las familias en accionistas caracterizados por la estabilidad. En los últimos dos meses factores como las mejores expectativas económicas, los resultados de las empresas y las iniciativas para recuperar la confianza de los inversores en materia de gobierno corporativo y prácticas contables están propiciando una sana recuperación del mercado que está trayendo consigo la incorporación de inversores con objetivos de inversión a medio y largo plazo. Al término del primer semestre de 2002 las familias españolas tenían ahorro en efectivo y depósitos por 470.596 millones de euros, es decir, el 41,48 por ciento de todos sus activos financieros, y 443.225 millones de euros en renta variable, un 39,07 por ciento. El total del ahorro financiero familiar español ascendía a 1,13 billones de euros, mientras que en junio de 2001 sumaba 1,16 billones. Este descenso equivale a una caída de 14 puntos de PIB y es debido, en parte, a la crisis de los mercados bursátiles según los últimos datos del Banco de España. Familia y extranjeros Confirmando la reciente trayectoria histórica, los inversores extranjeros y las familias españolas son los principales propietarios de las acciones cotizadas en la Bolsa española. Entre ambos grupos mantienen en su poder el 63 por ciento del valor efectivo total de las empresas cotizadas y son los dos pilares básicos de la estructura de la propiedad de acciones en España.
Sin embargo, y a pesar del balance negativo de 2002, el ejercicio presenta avances positivos en varias direcciones. La recuperación de la confianza en la contabilidad de las empresas y la fiabilidad de sus cifras, el saneamiento de los balances empresariales por los apuntes de mejoras coyunturales en algunos sectores y, sobre todo, por la fuerte dotación para provisiones, la moderación salarial y la reducción de los costes financieros que se suman a la contención del endeudamiento, las expectativas de los beneficios junto a rentabilidades por dividendo que empiezan a ser altamente competitivas son avances todos ellos que permiten esperar, mas allá de un horizonte inmediato, una posición más favorable para afrontar el año que comienza como punto de partida para la recuperación de los mercados. Restaurar la confianza de los inversores ha sido para las empresas, los reguladores y los operadores de los mercados un objetivo primordial. Potenciar la transparencia a través de prácticas contables y de gestión efectivas y honestas y de la difusión de una información financiera relevante y veraz, se ha convertido en el elemento clave para recobrar la confianza en los mercados de valores. Restaurada la confianza La sensibilidad que a nivel mundial han expresado organismos públicos, privados y participantes en el mercado es el mejor reflejo de la importancia del problema y el reconocimiento de que es necesario un profundo debate. Está en juego la confianza de millones de accionistas e inversores y el funcionamiento eficiente y saneado de sistemas financieros cuyo desarrollo, como se ha demostrado a través de investigaciones empíricas de la mayor solvencia, está íntimamente ligado al desarrollo económico. La recuperación de la dañada confianza es un reto ineludible.
La rápida movilización
que se ha producido en España de todas las instituciones
públicas y privadas, empresas y la industria financiera en
general debe ser tomada como un signo positivo que apunta en la
dirección correcta. En conjunto cabe destacar la publicación
del "Libro Blanco" de la reforma de las Normas de Contabilidad,
la creación de la Comisión Especial para la Transparencia
y Seguridad de los Mercados Financieros y de las Sociedades Cotizadas
(Aldama), la reforma de las leyes mercantiles y la aprobación
de la Ley Financiera. Un éxito de todos Cabe destacar la rapidez con la que se ha acometido este proceso de consolidación en España gracias a la coincidencia de una voluntad unánime. En poco más de un año, mejorando los plazos fijados, se ha concluido la valoración de las compañías, efectuado el canje de las acciones y aprobado toda la compleja normativa necesaria. Y todo ello ha sido posible gracias al apoyo y el consenso de todos los participantes en el proceso: haber culminado todos los pasos jurídicos, administrativos y organizativos desde la firma del Protocolo de integración el 20 de junio de 2001 hasta la autorización definitiva del Gobierno, el pasado 27 de septiembre, es un éxito de todos. La búsqueda de la competitividad y tamaño adecuados para potenciar la presencia española en Europa y servir con mayor eficacia a todos los participantes en el mercado requería evitar cualquier dispersión, sumando las diferentes potencialidades existentes, haciendo converger todos los esfuerzos y coordinando todos los ámbitos de decisión a fin de impulsar un gran mercado financiero español plenamente integrado, competitivo e innovador. Incertidumbre El sistema financiero es global y las oportunidades que va a ofrecer en los próximos años son tan amplias como sus riesgos; por eso el mercado español debe continuar en su objetivo de ganar tamaño, profundidad y eficiencia como lo ha estado haciendo hasta ahora. Baste recordar que la contratación en la Bolsa ha pasado de 74.373,7 millones de pesetas en 1977 a más de 73 billones de pesetas (440.199 millones de euros) en 2001. Desde este crecimiento y con el nuevo tamaño el mercado español está en las mejores condiciones para afrontar cualquier nuevo reto en una Europa en vías de ampliación y financieramente unida. En este escenario internacional, el conjunto del mercado español va a seguir trabajando y centrando su estrategia en participar activamente en el contexto internacional, principalmente en el europeo, y continuar con el compromiso de proporcionar a nuestros miembros, intermediarios e inversores una avanzada tecnología como respuesta a la globalización y factor de competitividad y diversificación de productos y servicios. Y aunque el elevado grado de incertidumbre
que pesa sobre la economía internacional hace difícil
realizar previsiones con un mínimo de rigor, creo que, a
pesar de todo, el futuro depara mejores perspectivas para la economía,
las empresas, las Bolsas y sobre todo, para los inversores, principales
y más importantes actores de los mercados de valores. Ellos
representan la síntesis de la confianza en el futuro y el
compromiso con el progreso. En consecuencia, son nuestro principal
activo.
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