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Rafael Termes, Profesor
del IESE, Universidad
de Navarra
"El informe
Aldama y la contabilidad a valor de mercado"
En estos días la Comisión
Aldama ha entregado su informe y su contenido ha agradado
y aliviado a todos aquellos que creemos en la libertad de
empresa y en la sanción del mercado, ya que la Comisión
se ha inclinado claramente por la autorregulación empresarial,
rechazando de plano el intervencionismo legal. Ello no quiere
decir que, de acuerdo con el sentido común, la Comisión
no recomiende la adopción de un marco legal que exija
la obligación de informar, de forma completa, correcta
y veraz y sancione a aquellos que, traicionando la lealtad
hacia la empresa y sus accionistas, mientan y roben, destruyendo
la confianza en la que se apoya la existencia de la empresa
mercantil y su supervivencia.
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"Ahora
el Gobierno tiene en sus manos seguir los prudentes consejos
de la Comisión Aldama o atender las demandas de
los portavoces del intervencionismo a ultranza.." |
Esa gran virtud del texto
ha sido elogiada incluso por aquellos que le achacan no haber
aportado suficiente apoyo científico -teórico
o empírico- a sus acertadas conclusiones o por aquellos
que hubieran deseado un cierto mayor peso del ámbito
legal. Pero, desde luego, ha decepcionado plenamente -parió
un ratón, dicen- a los que propugnan la entrada a saco
de la ley en todos los aspectos del gobierno corporativo,
regulando, por ejemplo, desde el número, clase y edad
máxima de los consejeros, hasta la limitación
de los mandatos, pasando por la separación obligatoria
de los cargos de Presidente y Consejero Delegado.
Ahora el Gobierno tiene en sus
manos seguir los prudentes consejos de la Comisión
Aldama o atender las demandas de los portavoces del intervencionismo
a ultranza. Pero hay un punto del informe Aldama que, tal
vez por el lugar marginal que ocupa en el texto, no ha merecido
especial atención, a pesar de la indudable importancia
que tiene para la seguridad de los inversores. Se trata de
la advertencia sobre el riesgo que supone que el Reglamento
Europeo de Normas
Internacionales de Contabilidad, imitando la práctica
de los EE.UU., abandone los principios tradicionales basados
en la prudencia valorativa, en favor del empleo de los valores
de mercado, sujetos siempre a apreciaciones subjetivas y sometidos
a fuertes oscilaciones.
La Comisión Aldama recuerda,
acertadamente, que las empresas europeas han evitado en gran
medida los problemas financieros norteamericanos, precisamente
por no haber adoptado el principio de valor de mercado. Y
añade que, manteniendo la prudente práctica
de atenerse al valor contable, o al de mercado sólo
si éste es menor, nada se opone a que, en la memoria
anual, se informe a los accionistas de cuál sería
el valor de mercado de los activos más importantes,
en una determinada fecha. Entiendo que el Gobierno no debería
echar en saco roto esta opinión de la Comisión
Aldama, apartando a España, de la forma que resulte
procedente, del error en que está incurriendo la Unión
Europea.
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