Nº75
Del 15 al 21 de Enero del 2003
 
 


 
 

Rafael Termes, Profesor del IESE, Universidad de Navarra
"El informe Aldama y la contabilidad a valor de mercado"

 
 





En estos días la Comisión Aldama ha entregado su informe y su contenido ha agradado y aliviado a todos aquellos que creemos en la libertad de empresa y en la sanción del mercado, ya que la Comisión se ha inclinado claramente por la autorregulación empresarial, rechazando de plano el intervencionismo legal. Ello no quiere decir que, de acuerdo con el sentido común, la Comisión no recomiende la adopción de un marco legal que exija la obligación de informar, de forma completa, correcta y veraz y sancione a aquellos que, traicionando la lealtad hacia la empresa y sus accionistas, mientan y roben, destruyendo la confianza en la que se apoya la existencia de la empresa mercantil y su supervivencia.
  "Ahora el Gobierno tiene en sus manos seguir los prudentes consejos de la Comisión Aldama o atender las demandas de los portavoces del intervencionismo a ultranza.."


Esa gran virtud del texto ha sido elogiada incluso por aquellos que le achacan no haber aportado suficiente apoyo científico -teórico o empírico- a sus acertadas conclusiones o por aquellos que hubieran deseado un cierto mayor peso del ámbito legal. Pero, desde luego, ha decepcionado plenamente -parió un ratón, dicen- a los que propugnan la entrada a saco de la ley en todos los aspectos del gobierno corporativo, regulando, por ejemplo, desde el número, clase y edad máxima de los consejeros, hasta la limitación de los mandatos, pasando por la separación obligatoria de los cargos de Presidente y Consejero Delegado.

Ahora el Gobierno tiene en sus manos seguir los prudentes consejos de la Comisión Aldama o atender las demandas de los portavoces del intervencionismo a ultranza. Pero hay un punto del informe Aldama que, tal vez por el lugar marginal que ocupa en el texto, no ha merecido especial atención, a pesar de la indudable importancia que tiene para la seguridad de los inversores. Se trata de la advertencia sobre el riesgo que supone que el Reglamento Europeo de Normas
Internacionales de Contabilidad, imitando la práctica de los EE.UU., abandone los principios tradicionales basados en la prudencia valorativa, en favor del empleo de los valores de mercado, sujetos siempre a apreciaciones subjetivas y sometidos a fuertes oscilaciones.

La Comisión Aldama recuerda, acertadamente, que las empresas europeas han evitado en gran medida los problemas financieros norteamericanos, precisamente por no haber adoptado el principio de valor de mercado. Y añade que, manteniendo la prudente práctica de atenerse al valor contable, o al de mercado sólo si éste es menor, nada se opone a que, en la memoria anual, se informe a los accionistas de cuál sería el valor de mercado de los activos más importantes, en una determinada fecha. Entiendo que el Gobierno no debería echar en saco roto esta opinión de la Comisión Aldama, apartando a España, de la forma que resulte procedente, del error en que está incurriendo la Unión Europea.