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Gregorio Izquierdo Llanes
La evolución de la economía
norteamericana experimentó un crecimiento entre julio y septiembre
del 4 por 100, en tasa intertrimestral anualizada. Sin embargo,
este dinamismo se explica, principalmente, por el tirón del
consumo en bienes duraderos, en particular en automóviles,
y por la actividad constructora. Se espera un incremento algo más
moderado para el último trimestre del año puesto que
no parece sostenible el fuerte crecimiento de la demanda de automóviles
experimentado en el trimestre precedente. Como factores positivos
hay que contar con el empuje de las excepcionales condiciones monetarias,
los recortes fiscales y la flexibilidad y capacidad de adaptación
de su tejido productivo. En cuanto a la economía japonesa,
la persistencia de sus problemas internos (atonía de la demanda,
deflación, fortaleza del yen, crisis del sector financiero
y ausencia de avances en el necesario proceso de reformas estructurales)
dificulta una recuperación autosostenida, por lo que no cabe
esperar por su parte una aportación positiva significativa
al crecimiento mundial. En la Eurozona, la falta de dinamismo de
la demanda interna y la delicada situación de los mercados
financieros son los principales factores que están lastrando
el crecimiento, que este año será de tan sólo
ocho décimas, en lugar del 1,4 por 100 previsto por la Comisión
Europea en primavera. La debilidad económica es patente sobre
todo en Alemania, cuyo estancamiento debemos relacionar con el anquilosamiento
estructural en áreas clave (mercado de trabajo, Seguridad
Social, finanzas públicas).
La economía española no ha podido sustraerse a las tendencias marcadas por la coyuntura internacional, y su crecimiento ha continuado desacelerándose a lo largo del presente año, aunque manteniéndose en tasas relativamente elevadas en comparación con sus socios comunitarios. Además del deterioro del sector exterior, desde el punto de vista de la demanda interna han sido la moderación del crecimiento del consumo y la caída de la inversión en bienes de equipo los factores que han restado dinamismo a la economía española, que este año crecerá en el entorno del 2 por 100. Los datos de la Contabilidad Nacional correspondientes al tercer trimestre del año confirman la desaceleración de la economía española, pues registran un crecimiento interanual del 1,8 por 100, dos décimas menos que en los primeros seis meses del ejercicio. Sin embargo, el crecimiento intertrimestral fue del 0,8 por 100, frente al 0,5 por 100 registrado en los dos trimestres precedentes, lo que puede anticipar, de confirmarse en el tiempo, un cambio de tendencia. Es destacable, asimismo, la recuperación de la inversión en dicho trimestre. La recuperación de la actividad
en nuestro país durante el año próximo se apoyará
en la mejoría de la economía mundial, especialmente
de la Eurozona, y en el mejor comportamiento del comercio internacional.
Ello será fundamental para la reactivación de nuestras
exportaciones y del sector industrial que, a su vez, animaría
la maltrecha inversión en bienes de equipo. Además,
las condiciones monetarias continuarán siendo especialmente
favorables. Desde el punto de vista de la demanda interna, el crecimiento
se sustentará, por un lado, en el fortalecimiento del consumo
privado, que aumentará un 2,5 por 100 impulsado sobre todo
por el aumento en la renta disponible derivado de la rebaja del
IRPF y por la aceleración del empleo, así como por
los bajos tipos de interés. El otro pilar sobre el que se
apoyará el crecimiento del PIB el año próximo
será la inversión, sobre todo en bienes de equipo,
que volverá a registrar tasas positivas de crecimiento (en
torno a un 2,0 por 100), en tanto que la inversión en construcción
moderará previsiblemente su ritmo de expansión hasta
el 3,7 por 100. De este modo, el crecimiento de la economía
española se situará el año próximo entorno
al 2,6 por 100. .
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