Nº75
Del 15 al 21 de Enero del 2003
 
 




 
 


Evolución de la economía en el 2002 y perspectivas para el 2003

 

Gregorio Izquierdo Llanes
Director de Análisis del IEE

 


La recuperación de la economía mundial, inicialmente prevista para la segunda mitad de este año, se ha retrasado como consecuencia de varios factores entre los que cabe destacar la incertidumbre creada por las tensiones bélicas y políticas en Oriente Próximo e Irak, por una parte, y los efectos pobreza (sobre el consumo) y de encarecimiento de financiación (sobre la inversión empresarial) derivados de la larga crisis de los mercados bursátiles. En consecuencia, el PIB global apenas crecerá un 2,5 por 100 en el 2002 (cuatro décimas menos de lo inicialmente previsto en primavera), lo que supone un ritmo claramente inferior al potencial, estimado en un 3,75 por 100.

  "La recuperación de la economía mundial, inicialmente prevista para la segunda mitad de este año, se ha retrasado como consecuencia de varios factores.."

La evolución de la economía norteamericana experimentó un crecimiento entre julio y septiembre del 4 por 100, en tasa intertrimestral anualizada. Sin embargo, este dinamismo se explica, principalmente, por el tirón del consumo en bienes duraderos, en particular en automóviles, y por la actividad constructora. Se espera un incremento algo más moderado para el último trimestre del año puesto que no parece sostenible el fuerte crecimiento de la demanda de automóviles experimentado en el trimestre precedente. Como factores positivos hay que contar con el empuje de las excepcionales condiciones monetarias, los recortes fiscales y la flexibilidad y capacidad de adaptación de su tejido productivo. En cuanto a la economía japonesa, la persistencia de sus problemas internos (atonía de la demanda, deflación, fortaleza del yen, crisis del sector financiero y ausencia de avances en el necesario proceso de reformas estructurales) dificulta una recuperación autosostenida, por lo que no cabe esperar por su parte una aportación positiva significativa al crecimiento mundial. En la Eurozona, la falta de dinamismo de la demanda interna y la delicada situación de los mercados financieros son los principales factores que están lastrando el crecimiento, que este año será de tan sólo ocho décimas, en lugar del 1,4 por 100 previsto por la Comisión Europea en primavera. La debilidad económica es patente sobre todo en Alemania, cuyo estancamiento debemos relacionar con el anquilosamiento estructural en áreas clave (mercado de trabajo, Seguridad Social, finanzas públicas).

Las perspectivas para el año próximo son algo más optimistas. La economía de Estados Unidos recuperará la senda del crecimiento potencial (3 por 100), la economía japonesa tocará fondo y logrará, por fin, un ligero incremento del PIB (0,7 por 100), mientras que en la Eurozona la actividad mostrará un mayor ritmo (1,8 por 100), impulsado principalmente por la demanda externa. Alemania continuará a la cola del tren europeo con un crecimiento del 1 por 100, pues es difícil que mejore el clima de crispación política y económica que reina en el país. Todas estas previsiones están hechas con la salvedad de que no surjan nuevos riesgos que eleven aún más el grado de incertidumbre. En este sentido, existen tres contingencias difíciles de calcular. En primer lugar, un nuevo ataque del terrorismo internacional contra objetivos emblemáticos o una guerra prolongada contra Irak. Este último acontecimiento daría al traste con las previsiones de recuperación, pues el precio del petróleo probablemente se dispararía y las bolsas sufrirían un nuevo revés. Un segundo riesgo procede de la inquietud de los mercados en caso de que Argentina o Brasil no estén dispuestos o no sean capaces de hacer frente a los próximos vencimientos de su deuda externa. De producirse una suspensión generalizada de pagos por parte de uno de estos países, o de ambos, podrían contagiarse otros países de la zona y alterar, así, la estabilidad del sistema financiero internacional. El último riesgo se deriva de la posibilidad de una ruptura del Pacto de Estabilidad y Crecimiento en la Eurozona. Los Gobiernos de Alemania, Francia e Italia, que en los últimos años no han hecho el necesario esfuerzo de consolidación fiscal, ya estudian formas de suavizar o reinterpretar "flexiblemente" los criterios acordados, lo que podría erosionar las bases para la estabilidad macroeconómica y el crecimiento sostenido: los tipos de interés reales tenderían al alza por el aumento de la prima de riesgo y el tipo de cambio del euro retrocedería con el consiguiente impacto inflacionario.

  "La economía española no ha podido sustraerse a las tendencias marcadas por la coyuntura internacional, y su crecimiento ha continuado desacelerándose a lo largo del presente año."

La economía española no ha podido sustraerse a las tendencias marcadas por la coyuntura internacional, y su crecimiento ha continuado desacelerándose a lo largo del presente año, aunque manteniéndose en tasas relativamente elevadas en comparación con sus socios comunitarios. Además del deterioro del sector exterior, desde el punto de vista de la demanda interna han sido la moderación del crecimiento del consumo y la caída de la inversión en bienes de equipo los factores que han restado dinamismo a la economía española, que este año crecerá en el entorno del 2 por 100. Los datos de la Contabilidad Nacional correspondientes al tercer trimestre del año confirman la desaceleración de la economía española, pues registran un crecimiento interanual del 1,8 por 100, dos décimas menos que en los primeros seis meses del ejercicio. Sin embargo, el crecimiento intertrimestral fue del 0,8 por 100, frente al 0,5 por 100 registrado en los dos trimestres precedentes, lo que puede anticipar, de confirmarse en el tiempo, un cambio de tendencia. Es destacable, asimismo, la recuperación de la inversión en dicho trimestre.

La recuperación de la actividad en nuestro país durante el año próximo se apoyará en la mejoría de la economía mundial, especialmente de la Eurozona, y en el mejor comportamiento del comercio internacional. Ello será fundamental para la reactivación de nuestras exportaciones y del sector industrial que, a su vez, animaría la maltrecha inversión en bienes de equipo. Además, las condiciones monetarias continuarán siendo especialmente favorables. Desde el punto de vista de la demanda interna, el crecimiento se sustentará, por un lado, en el fortalecimiento del consumo privado, que aumentará un 2,5 por 100 impulsado sobre todo por el aumento en la renta disponible derivado de la rebaja del IRPF y por la aceleración del empleo, así como por los bajos tipos de interés. El otro pilar sobre el que se apoyará el crecimiento del PIB el año próximo será la inversión, sobre todo en bienes de equipo, que volverá a registrar tasas positivas de crecimiento (en torno a un 2,0 por 100), en tanto que la inversión en construcción moderará previsiblemente su ritmo de expansión hasta el 3,7 por 100. De este modo, el crecimiento de la economía española se situará el año próximo entorno al 2,6 por 100.

La principal debilidad de nuestra economía sigue siendo la inflación. La tendencia alcista que se ha observado a lo largo de este año se explica por diversos factores de carácter transitorio. Así, la escalada del precio del crudo, debido a las tensiones políticas en Oriente Medio, ha elevado el precio de los combustibles y carburantes casi un 11 por 100 en los diez primeros meses del año, mientras que la climatología adversa ha afectado negativamente a los precios de los alimentos frescos (con una subida del 5,5 por 100 en el mismo periodo). De igual modo, se han dejado notar los aumentos de la imposición indirecta (especialmente en vestido y calzado, alcohol, tabaco y carburantes) y la puesta en circulación del euro. Por otra parte, el conocido efecto Balassa-Samuelson, según el cual los precios crecen más rápidamente en los países menos desarrollados a medida que convergen con los más avanzados, puede ayudar a explicar el diferencial de inflación de España con respecto a nuestros socios europeos. No obstante, las circunstancias anteriores no pueden ocultar el hecho de que el elevado suelo estructural de la inflación responde ante todo a la insuficiente flexibilidad y falta de competencia en algunos mercados de nuestra economía, de modo que los incrementos de la demanda se manifiestan, no sólo en aumentos de la producción, sino también en subidas de precios. La lucha contra la inflación exige intensificar y acelerar el proceso de liberalización de sectores clave como transportes, telecomunicaciones y energía, pero también introducir reformas que intensifiquen la competencia en otros sectores, como el de la distribución, y eliminar numerosas trabas burocráticas y regulaciones que, de modo directo o indirecto, obstaculizan la creación de nuevas empresas y el funcionamiento de las ya existentes. Salvo que se produzcan avances significativos en estos frentes, no cabe esperar una mejora de la inflación española, que difícilmente se situará por debajo del 3 por 100 en 2003.

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