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Manuel Balmaseda,
Jefe del Servicio de Estudios del BBVA para España
España, un buen alumno
En los últimos meses, y desde distintos ámbitos
económicos, se ha enfatizado la crisis que atraviesa
la economía alemana, resaltando la obsolescencia de
su modelo económico. El moderado auge de la actividad
durante la última década, con un crecimiento
anual inferior al 2%, frente a cifras próximas al 3%
en España, pone de relieve las dificultades de aquella
economía para generar actividad. En particular, el
menor dinamismo se ha manifestado con mayor intensidad en
la segunda mitad de la pasada década, en que la economía
alemana se expandió a un ritmo del 1,4% medio anual,
mientras que su principal competidor y economía de
referencia, EE.UU., lo hizo al 2,4%, aumentando el diferencial
existente entre ambas economías. Este dinamismo de
la economía estadounidense frente al estancamiento
de la economía alemana ha desembocado en el cuestionamiento
de su modelo económico.
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"Sin
menoscabo de la búsqueda de otros modelos más
flexibles, España debe continuar aprendiendo de
los socios europeos más avanzados." |
Pero sin menoscabo de la necesidad de reformas en el mercado
germano que flexibilizen la economía y la doten de
una mayor capacidad de crecimiento, es interesante comparar
la situación actual de Alemania con la de España.
Ello nos mostrará que si pensamos que Alemania necesita
dinamizar su economía para garantizar su crecimiento
futuro, la economía española necesita dichas
reformas con mayor intensidad, puesto que parte de un punto
de partida peor.
En primer lugar, Alemania es un país más rico.
Goza de una renta per cápita un 20% superior a la española,
por encima de la media de la Unión Europea. Ello hace
que sea el contribuyente neto a las arcas de la UE más
importante en términos absolutos. España, sin
embargo, tiene una renta per cápita del 83% de la UE,
siendo por tanto un receptor neto. Así, los fondos
que recibe España de Europa ascienden al 1% del PIB
español, con una contribución significativa
al dinamismo de la economía. Si se eliminan esos fondos,
como previsiblemente ocurrirá en un futuro, España
tendrá que encontrar otras fuentes alternativas de
financiación de su baja dotación de capital.
En segundo lugar, a pesar de las rigideces de los mercados
alemanes, éstos son más flexibles que los españoles.
Según los resultados obtenidos por la OCDE (Nicoletti,
Scarpetta y Boylaud, 1999), en una escala de 0 a 6, siendo
6 el más restrictivo, la regulación de la actividad
económica en Alemania se situaría en 1,4 (EE.UU.
1,0) mientras que en España alcanzaría un valor
de 2,1. Los resultados son similares si se observa el mercado
de bienes y servicios (1,4 en Alemania y 1,7 España),
pero las diferencias aumentan significativamente cuando se
analiza el mercado laboral. Si este indicador toma un valor
de 0,4 en EE.UU., en Alemania los costes de despido lo elevan
a 1,9, y a 2,4 en España, por las rigideces sobre éste.
Alemania se mantiene por delante de España incluso
en dos variables clave para la eficiencia económica:
la facilidad para la creación de empresas (2,5 y 2,8,
respectivamente) y el control gubernamental sobre la actividad
económica (1,8 y 2,6), pero sigue estando a gran distancia
de EE.UU. cuyos índices se sitúan claramente
por debajo de uno en ambas variables. Así, para las
economías europeas este frente supone uno de los principales
focos de rigidez e ineficiencia económica. En conjunto,
las economías europeas necesitan reformar su estructura
económica y dotarla de mayor flexibilidad, pero la
economía española no es todavía la que
deba dar lecciones de cómo hacerlo.
En tercer lugar, el factor determinante del crecimiento futuro
es la productividad. En este aspecto, la inversión
en I+D y en nuevas tecnologías desempeña un
papel crucial. Con respecto a la I+D, Alemania destinó
el 2,5 de su PIB de 2001 a inversión en I+D mientras
que España destinó en torno al 1%. Si bien es
cierto que el diferencial más relevante no radica en
la inversión gubernamental sino en la empresarial,
1,7 del PIB en Alemania frente al 0,5 en España. Ello
sugiere que es necesario incentivar la inversión privada
en España y que debería analizarse la relación
entre inversión pública y privada, buscando
la simbiosis entre ambas. Este mismo resultado que en I+D
se observa también en la inversión en tecnologías
de la información. El gasto en Alemania por este concepto
se eleva al 4,2% del PIB, mientras en España solamente
alcanza el 1,9. Por tanto, Alemania se perfila como un mejor
candidato de cara al avance de la productividad en el futuro,
sentando las bases del crecimiento económico.
En resumen, España ha avanzado muy significativamente
en la desregulación de los mercados y en la introducción
de reformas que garanticen el desarrollo futuro. Ahora bien,
aun nos queda mucho terreno por recorrer. Alemania quizá
no sea ya el modelo económico a seguir, pero todavía
hay mucho que se puede aprender de ellos. La economía
española debe adoptar un modelo económico que
fomente la flexibilidad y el dinamismo de la estructura productiva,
pero no debe despreciar las lecciones que economías
más avanzadas que la nuestra nos puedan ofrecer.
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