Nº89
Del 30 de Abril al 6 de Mayo del 2003
 


 




 
 


Argentina: La alternativa del diablo

 

Lorenzo Bernaldo de Quirós
Presidente de Freemarket International Consulting


 


La primera vuelta de las elecciones presidenciales argentinas se ha saldado con unos resultados muy ajustados y con una fragmentación del voto inédita en el panorama político de la república austral. El ex presidente Menem ha logrado el 24 por 100 de los votos seguido por el "duhaldista" Kirchner con el 22 por 100. Ambos se enfrentarán en la segunda vuelta de los comicios el próximo 18 de mayo. Ricardo López Murphy ha cosechado el 17 por 100 de los sufragios, una votación histórica para un candidato del centro-derecha, pero incapaz de darle opciones a disputar la presidencia. Ante este escenario la pregunta es sencilla: ¿Quién ganará dentro de dos semanas?

  "Menem intentará polarizar las presidenciales con la única arma a su alcance: "O yo o el caos". Sin embargo, el éxito de esta estrategia se enfrenta a un serio obstáculo: El veranillo económico vivido por la Argentina en estos momentos."

Las opciones populistas (Kirchner, Rodríguez Saá, Carrió) han alcanzado el 49,25 por 100 de los votos frente al 41,49 por 100 obtenido por las moderadas (Menem y López Murphy). Esta distribución de fuerzas plantea interrogantes serios a la posible victoria de Carlos Menem ya que Kirchner podría concentrar el voto del populismo y además beneficiarse del rechazo popular de la población al antiguo presidente argentino (alrededor del 57 por 100) quien para más inri tendrá dificultades para atraer al grueso de los votantes de López Murphy, muy críticos de la "corrupción menemista". En este marco, el peronismo más rancio, el simbolizado por Kirchner-Duhalde, llegaría a la presidencia.

Ante este panorama, Menem intentará polarizar las presidenciales con la única arma a su alcance: "O yo o el caos". Sin embargo, el éxito de esta estrategia se enfrenta a un serio obstáculo: El veranillo económico vivido por la Argentina en estos momentos. Después de haber tocado fondo hace un año, el PIB crece por cuarto trimestre consecutivo, las exportaciones aumentan y el presupuesto arroja un superávit. Aunque esta recuperación es precaria, debilita la fuerza de cualquier mensaje apocalíptico lo que juega en contra del ex presidente. El caos económico, que era su recurso electoral más poderoso, ya no pesa tanto en la ciudadanía como lo hacía varios meses.

Así pues, el futuro argentino es cuanto menos inquietante. Por un lado, el triunfo de Kirchner supondría el del peor peronismo -nacionalismo económico hacia fuera, intervensionismo hacia adentro y una política macroeconómica poco ortodoxa-. Por otro, quien acceda a la Presidencia tendrá que lidiar con un parlamento muy atomizado, que no se renovará hasta dentro de seis meses, y dividido en tres facciones que responden a los candidatos presidenciales. Esta situación hace muy difícil que el nuevo presidente tenga la voluntad y la asistencia parlamentaria precisas para poner en marcha las reformas que el país necesita. Esta combinación de elementos configura una coyuntura política y económica con connotaciones explosivas.

En este contexto, lo mejor para la Argentina sería una victoria de Menem. Con todos sus defectos es el menos malo de los candidatos y el único de los dos en liza con un proyecto coherente y racional de cambio. Aunque su posición no es buena y sus bazas limitadas por las razones apuntadas, el ex presidente es un animal político de primera calidad y quizá consiga dar la vuelta a la situación. De todas formas es dramático que el destino de ese gran país se juegue entre un viejo peronista moderno con un pasado de corrupción y un joven peronista anticuado con un presente corrupto. ¡Pobre Argentina condenada a una alternativa diabólica!



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