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Juan Velarde Fuertes,
Consejero del Tribunal de Cuentas
Horizontes
lejanos
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Conviene tener claras las circunstancias del desarrollo económico
que debemos alcanzar para lograr una productividad muy alta.
Uno de los puntos de apoyo esenciales es la existencia de
un mercado muy amplio. Pero ello es imposible sin un adecuado
sistema de transportes y comunicaciones. En los ejercicios
de historia contrafactual hechos para saber si, sin los ferrocarriles
se hubiera logrado, a lo largo del siglo XIX, un desarrollo
económico parecido al que efectivamente se ha conseguido,
en el caso de que el resto de la tecnología no se hubiera
modificado, no se comportaban mal los Estados Unidos, Gran
Bretaña o la Europa al norte de los Pirineos.
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"Lo
que sucedió en los años cincuenta del siglo
XIX o en los veinte el siglo XX, sigue ocurriendo a comienzos
del siglo XXI, porque la galopada cientificotecnológica
de la Revolución Industrial no cesa, sino todo
lo contrario. En este sentido nunca ponderaremos bastante
el hincapié que ha hecho el Gobierno español
para forzar a la Unión Europea a adoptar el Sistema
Global de Navegación por Satélite que es
Galileo, con objeto de escabullirnos de los sistemas actuales,
el GPS norteamericano y el GLONASS, ruso." |
El motivo era la facilidad derivada
del empleo de canales y vías fluviales. España,
que no los podía utilizar a causa de su relieve, hubiera
pasado a tener una economía de tipo marroquí,
como demostraba un estudio del profesor Gómez Mendoza.
Comprendemos, pues, así, las ventajas derivadas de
tener un buen sistema de comunicaciones. Dentro del impulso
al desarrollo económico de España originado
por la Dictadura, se habla mucho de las ventajas producidas
por el plan de carreteras, espléndidas para entonces,
del Circuito Nacional de Firmes Especiales, y de las mejoras
que se lograron, al comenzar a integrar en una sola entidad
a las compañías concesionarias con la creación
del Consejo Superior de Ferrocarriles. Pero se habla muy poco
de lo que supuso para el desarrollo económico español
la aparición de la Compañía Telefónica
Nacional de España, con su complemento de Standard
Eléctrica, basada en capital norteamericano y tecnología
de último grito. Naturalmente, lo que sucedió
en los años cincuenta del siglo XIX o en los veinte
el siglo XX, sigue ocurriendo a comienzos del siglo XXI, porque
la galopada cientificotecnológica de la Revolución
Industrial no cesa, sino todo lo contrario. En este sentido
nunca ponderaremos bastante el hincapié que ha hecho
el Gobierno español para forzar a la Unión Europea
a adoptar el Sistema Global de Navegación por Satélite
que es Galileo, con objeto de escabullirnos de los sistemas
actuales, el GPS norteamericano y el GLONASS, ruso. Ambos
tienen su empleo unido a las respectivas necesidades militares
de estos dos países. Podría cortarse su utilización
por parte de España -y ya han existido pruebas de ello-
a voluntad de Washington o de Moscú. Es una eventualidad
a no despreciar. Sencillamente, Galileo, como se señala
en un documento oficial español titulado ¿Qué
es Galileo?, es "un sistema del posicionamiento global
que permite al usuario determinar con elevada precisión
su posición en el espacio y en el tiempo". Su
componente de capital fijo está constituido por 30
satélites y una serie de estaciones terrestres encargadas
de controlar y gestionar esta constelación y de proporcionar
"servicios de valor añadido, como datos de integridad,
servicios de búsqueda, rescate e incluso información
comercial", aparte de los servicios gratuitos. El sistema
está diseñado para fines civiles "y con
el propósito de ser compatible e interoperable con
los sistemas actuales, de forma que un mismo receptor sea
en un futuro capaz de recibir los tres sistemas", Galileo,
GPS y GLONASS. El transporte español va a recibir una
mejora indiscutible.
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