Nº86
Del 2 al 8 de Abril del 2003
 


 


 
 


Juan Velarde Fuertes
, Consejero del Tribunal de Cuentas
Horizontes lejanos

 
 



Conviene tener claras las circunstancias del desarrollo económico que debemos alcanzar para lograr una productividad muy alta. Uno de los puntos de apoyo esenciales es la existencia de un mercado muy amplio. Pero ello es imposible sin un adecuado sistema de transportes y comunicaciones. En los ejercicios de historia contrafactual hechos para saber si, sin los ferrocarriles se hubiera logrado, a lo largo del siglo XIX, un desarrollo económico parecido al que efectivamente se ha conseguido, en el caso de que el resto de la tecnología no se hubiera modificado, no se comportaban mal los Estados Unidos, Gran Bretaña o la Europa al norte de los Pirineos.
  "Lo que sucedió en los años cincuenta del siglo XIX o en los veinte el siglo XX, sigue ocurriendo a comienzos del siglo XXI, porque la galopada cientificotecnológica de la Revolución Industrial no cesa, sino todo lo contrario. En este sentido nunca ponderaremos bastante el hincapié que ha hecho el Gobierno español para forzar a la Unión Europea a adoptar el Sistema Global de Navegación por Satélite que es Galileo, con objeto de escabullirnos de los sistemas actuales, el GPS norteamericano y el GLONASS, ruso."
El motivo era la facilidad derivada del empleo de canales y vías fluviales. España, que no los podía utilizar a causa de su relieve, hubiera pasado a tener una economía de tipo marroquí, como demostraba un estudio del profesor Gómez Mendoza. Comprendemos, pues, así, las ventajas derivadas de tener un buen sistema de comunicaciones. Dentro del impulso al desarrollo económico de España originado por la Dictadura, se habla mucho de las ventajas producidas por el plan de carreteras, espléndidas para entonces, del Circuito Nacional de Firmes Especiales, y de las mejoras que se lograron, al comenzar a integrar en una sola entidad a las compañías concesionarias con la creación del Consejo Superior de Ferrocarriles. Pero se habla muy poco de lo que supuso para el desarrollo económico español la aparición de la Compañía Telefónica Nacional de España, con su complemento de Standard Eléctrica, basada en capital norteamericano y tecnología de último grito. Naturalmente, lo que sucedió en los años cincuenta del siglo XIX o en los veinte el siglo XX, sigue ocurriendo a comienzos del siglo XXI, porque la galopada cientificotecnológica de la Revolución Industrial no cesa, sino todo lo contrario. En este sentido nunca ponderaremos bastante el hincapié que ha hecho el Gobierno español para forzar a la Unión Europea a adoptar el Sistema Global de Navegación por Satélite que es Galileo, con objeto de escabullirnos de los sistemas actuales, el GPS norteamericano y el GLONASS, ruso. Ambos tienen su empleo unido a las respectivas necesidades militares de estos dos países. Podría cortarse su utilización por parte de España -y ya han existido pruebas de ello- a voluntad de Washington o de Moscú. Es una eventualidad a no despreciar. Sencillamente, Galileo, como se señala en un documento oficial español titulado ¿Qué es Galileo?, es "un sistema del posicionamiento global que permite al usuario determinar con elevada precisión su posición en el espacio y en el tiempo". Su componente de capital fijo está constituido por 30 satélites y una serie de estaciones terrestres encargadas de controlar y gestionar esta constelación y de proporcionar "servicios de valor añadido, como datos de integridad, servicios de búsqueda, rescate e incluso información comercial", aparte de los servicios gratuitos. El sistema está diseñado para fines civiles "y con el propósito de ser compatible e interoperable con los sistemas actuales, de forma que un mismo receptor sea en un futuro capaz de recibir los tres sistemas", Galileo, GPS y GLONASS. El transporte español va a recibir una mejora indiscutible
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