Nº86
Del 2 al 8 de Abril del 2003
 


 


 
 

Rafael Termes
Profesor del IESE, Universidad de Navarra
"El fracaso del espíritu de Lisboa"

 
 





Hace un par de semanas, desde este recuadro aplaudíamos a Aznar por su valentía en defender la primacía del dinámico modelo económico-social anglosajón, frente al anquilosado de la Europa continental. En el momento de hacer esta afirmación, Aznar anunció que él y Blair presentarían una propuesta en el Consejo Europeo para modernizar el mercado laboral de la Unión al objeto de fomentar la creación de empleo.
  "..cuando no se quiere resolver un problema, lo procedente es nombrar una comisión. Y esto es exactamente lo que han hecho los Jefes del Estado y de Gobierno.."

El Consejo se celebró el 21 de marzo y las habladurías sobre el conflicto provocado por Irak han permitido encubrir el fracaso en el objetivo de la reunión que era avanzar en las necesarias reformas estructurales. Pero para los observadores atentos ha quedado claro que en orden al propósito, formulado en la Cumbre de Lisboa de marzo de 2000, según el cual antes del final de la década, la UE debe convertirse en la zona más dinámica del mundo, las cosas siguen donde estaban hace tres años.

En la práctica de la gestión de empresas es costumbre decir que, cuando no se quiere resolver un problema, lo procedente es nombrar una comisión. Y esto es exactamente lo que han hecho los Jefes del Estado y de Gobierno reunidos en Bruselas: nombrar una comisión de expertos, presidida por el holandés Wim Kok, para que proponga las medidas que hay que tomar para acelerar la creación de empleo. Todo el mundo, incluido un socialdemócrata como el Canciller Schröder, sabe lo que hay que hacer para generar puestos de trabajo en cuantía suficiente para acompañar el crecimiento de la población activa. Otra cosa es que los políticos no quieran hacerlo porque no conviene a sus propósitos electorales y prefieran "marear la perdiz", nombrando comisiones de estudio.

A los políticos les gusta hablar de los millones de empleos que se han creado durante el gobierno de su partido, pero eluden poner esta cifra en relación con el aumento de la población, porque, si se hace, el porcentaje de desempleo no se reduce como parece prometer el aumento de puestos de trabajo. Esto es lo que sucede en España. Entre 1996 y 2002 se han creado 3 millones 378 mil empleos, lo que enorgullece al Gobierno del PP. Pero, entre las mismas fechas, el aumento de la población ha hecho que, de los empleos creados, sólo 1 millón 490 mil han ido a reducir el paro, que, al cierre de 2002, se mantiene en el 11,45% de la población activa.

La comisión presidida por el señor Kok, después de dejar pasar los meses que su prestigio demanda, dirá sin duda lo que todos sabemos: que, para acercarse al pleno empleo, hay que flexibilizar el mercado de trabajo y, en especial, reducir drásticamente el sistema de subvención a los parados. Pero no se hará, porque tanto en la UE, en general, como en España, en particular, los sindicatos no están dispuestos a aceptarlo. Y los gobiernos no quieren disgustarles.