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Rafael Termes
Profesor
del IESE, Universidad
de Navarra
"El fracaso
del espíritu de Lisboa"
Hace un par de semanas, desde
este recuadro aplaudíamos a Aznar por su valentía
en defender la primacía del dinámico modelo
económico-social anglosajón, frente al anquilosado
de la Europa continental. En el momento de hacer esta afirmación,
Aznar anunció que él y Blair presentarían
una propuesta en el Consejo Europeo para modernizar el mercado
laboral de la Unión al objeto de fomentar la creación
de empleo.
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"..cuando
no se quiere resolver un problema, lo procedente es nombrar
una comisión. Y esto es exactamente lo que han
hecho los Jefes del Estado y de Gobierno.." |
El Consejo se celebró el
21 de marzo y las habladurías sobre el conflicto provocado
por Irak han permitido encubrir el fracaso en el objetivo
de la reunión que era avanzar en las necesarias reformas
estructurales. Pero para los observadores atentos ha quedado
claro que en orden al propósito, formulado en la Cumbre
de Lisboa de marzo de 2000, según el cual antes del
final de la década, la UE debe convertirse en la zona
más dinámica del mundo, las cosas siguen donde
estaban hace tres años.
En la práctica de la gestión
de empresas es costumbre decir que, cuando no se quiere resolver
un problema, lo procedente es nombrar una comisión.
Y esto es exactamente lo que han hecho los Jefes del Estado
y de Gobierno reunidos en Bruselas: nombrar una comisión
de expertos, presidida por el holandés Wim Kok, para
que proponga las medidas que hay que tomar para acelerar la
creación de empleo. Todo el mundo, incluido un socialdemócrata
como el Canciller Schröder, sabe lo que hay que hacer
para generar puestos de trabajo en cuantía suficiente
para acompañar el crecimiento de la población
activa. Otra cosa es que los políticos no quieran hacerlo
porque no conviene a sus propósitos electorales y prefieran
"marear la perdiz", nombrando comisiones de estudio.
A los políticos les gusta
hablar de los millones de empleos que se han creado durante
el gobierno de su partido, pero eluden poner esta cifra en
relación con el aumento de la población, porque,
si se hace, el porcentaje de desempleo no se reduce como parece
prometer el aumento de puestos de trabajo. Esto es lo que
sucede en España. Entre 1996 y 2002 se han creado 3
millones 378 mil empleos, lo que enorgullece al Gobierno del
PP. Pero, entre las mismas fechas, el aumento de la población
ha hecho que, de los empleos creados, sólo 1 millón
490 mil han ido a reducir el paro, que, al cierre de 2002,
se mantiene en el 11,45% de la población activa.
La comisión presidida por
el señor Kok, después de dejar pasar los meses
que su prestigio demanda, dirá sin duda lo que todos
sabemos: que, para acercarse al pleno empleo, hay que flexibilizar
el mercado de trabajo y, en especial, reducir drásticamente
el sistema de subvención a los parados. Pero no se
hará, porque tanto en la UE, en general, como en España,
en particular, los sindicatos no están dispuestos a
aceptarlo. Y los gobiernos no quieren disgustarles.
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