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Juan Velarde Fuertes,
Consejero del Tribunal de Cuentas
La vuelta
a la Edad Media
De pronto, se leen informaciones que asombran un poco. En Mercado
de Dinero de 1-15 de abril de 2003 aparecen unas declaraciones
de un dirigente gremial del comercio. Al parecer pertenecen
a su organización 100 asociaciones de comerciantes. Señala
en ellas de qué modo se van a oponer, movilización
incluida, con referencia explícita a los próximos
comicios, a ciertos políticos que se empeñan en
no limitar fuertemente la libre apertura horaria de los establecimientos
y la libre competencia entre éstos. Señala este
dirigente que los grandes establecimientos hacen "competencia
desleal, no ilícita", y añade: "Para
mi es corrupción que se dé una autorización
(a un gran centro comercial) a pesar
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"La
libertad del comercio, de la industria, hizo salir de
esas modorras a los empresarios auténticos y alcanzar
todos esa sociedad del bienestar de la que se hablaba
en esas declaraciones. Pero eso tienen que ganarlo los
empresarios, en una pugna diaria, continua. Porque si
quieren horarios, permisos, cierres de competidores, no
podrán quejarse de la aparición de otras
intervenciones, exigidas por otros gremios. Por supuesto
perecerá el capitalismo, pero también la
prosperidad." |
de que va a perjudicar a los comerciantes
de un pueblo". Naturalmente, ni una sola vez se habla de
si los consumidores están mejor o peor atendidos con
las medidas restrictivas que propone. Lo fundamental es tomar
nota de que los comerciantes y sus trabajadores "tienen
derecho a estar los domingos con la familia, con los hijos,
a participar de la sociedad del bienestar". Desde luego
no habla de que, con esas rigideces, de aperturas, de cierres,
de prohibiciones a la aparición de los grandes establecimientos
-llega a señalar que "habría que cerrar 17
centros comerciales de grandes superficies"-, van en derechura
a situaciones gremiales, corporativas, que con desprecio para
el hombre existieron hasta inicios del siglo XIX. En el caso
concreto del comercio, como señala el premio Nobel Samuelson,
en él existe siempre un alto nivel de concurrencia, pero
no de competencia, porque las asociaciones, reuniones, o la
acción diaria de los pequeños comerciantes, actúan
conjuntamente de tal manera que obligan a moverse en el mercado
con precios convenidos para mantener el nivel de consumo familiar
propio que ese gremio explícita o implícitamente
decida. Al no existir libre competencia, y sí solo libre
concurrencia, el consumidor resulta tan esquilmado como si hubiese
una gran y única organización monopolística.
Volver a la Edad Media, con sus prohibiciones, fiestas, horarios,
es posible. Pero con todas sus consecuencias. Desde el nacimiento
de Cristo hasta bien entrada esa época medieval -consúltese
a Angus Maddison- cayó el PIB por habitante en Europa.
Después, y hasta el siglo XVIII, se incrementó
con tanta debilidad que Hobbes llegó a señalar
que la Humanidad estaba compuesta por una masa de individuos
pequeños, malolientes, enfermizos, que se morían
muy pronto. La libertad del comercio, de la industria, hizo
salir de esas modorras a los empresarios auténticos y
alcanzar todos esa sociedad del bienestar de la que se hablaba
en esas declaraciones. Pero eso tienen que ganarlo los empresarios,
en una pugna diaria, continua. Porque si quieren horarios, permisos,
cierres de competidores, no podrán quejarse de la aparición
de otras intervenciones, exigidas por otros gremios. Por supuesto
perecerá el capitalismo, pero también la prosperidad.
Ganarla exige aceptar los costes derivados de la libertad. Un
comerciante no puede ser de otra pasta que cualquier otro empresario,
y ha de atenerse a las duras reglas que enunció von Thünen
para explicar por qué puede exhibir, sin vergüenza,
incluso altísimos beneficios: porque, mientras los demás
descansan, del lecho del empresario huye el sueño, pues
en esas horas ha de maquinar cómo ampliar el mercado,
cómo reducir los costes, con plena conciencia de que,
si no lo hace, como sus competidores si maquinan sin descanso,
resultará ?y eso será con beneficio general- eliminado
del mercado. La demagogia puede ser, en esto, como en todo,
muy peligrosa.
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