Nº88
Del 16 al 29 de Abril del 2003
 


 


 
 


Juan Velarde Fuertes
, Consejero del Tribunal de Cuentas
La vuelta a la Edad Media

 
 



De pronto, se leen informaciones que asombran un poco. En Mercado de Dinero de 1-15 de abril de 2003 aparecen unas declaraciones de un dirigente gremial del comercio. Al parecer pertenecen a su organización 100 asociaciones de comerciantes. Señala en ellas de qué modo se van a oponer, movilización incluida, con referencia explícita a los próximos comicios, a ciertos políticos que se empeñan en no limitar fuertemente la libre apertura horaria de los establecimientos y la libre competencia entre éstos. Señala este dirigente que los grandes establecimientos hacen "competencia desleal, no ilícita", y añade: "Para mi es corrupción que se dé una autorización (a un gran centro comercial) a pesar
  "La libertad del comercio, de la industria, hizo salir de esas modorras a los empresarios auténticos y alcanzar todos esa sociedad del bienestar de la que se hablaba en esas declaraciones. Pero eso tienen que ganarlo los empresarios, en una pugna diaria, continua. Porque si quieren horarios, permisos, cierres de competidores, no podrán quejarse de la aparición de otras intervenciones, exigidas por otros gremios. Por supuesto perecerá el capitalismo, pero también la prosperidad."
de que va a perjudicar a los comerciantes de un pueblo". Naturalmente, ni una sola vez se habla de si los consumidores están mejor o peor atendidos con las medidas restrictivas que propone. Lo fundamental es tomar nota de que los comerciantes y sus trabajadores "tienen derecho a estar los domingos con la familia, con los hijos, a participar de la sociedad del bienestar". Desde luego no habla de que, con esas rigideces, de aperturas, de cierres, de prohibiciones a la aparición de los grandes establecimientos -llega a señalar que "habría que cerrar 17 centros comerciales de grandes superficies"-, van en derechura a situaciones gremiales, corporativas, que con desprecio para el hombre existieron hasta inicios del siglo XIX. En el caso concreto del comercio, como señala el premio Nobel Samuelson, en él existe siempre un alto nivel de concurrencia, pero no de competencia, porque las asociaciones, reuniones, o la acción diaria de los pequeños comerciantes, actúan conjuntamente de tal manera que obligan a moverse en el mercado con precios convenidos para mantener el nivel de consumo familiar propio que ese gremio explícita o implícitamente decida. Al no existir libre competencia, y sí solo libre concurrencia, el consumidor resulta tan esquilmado como si hubiese una gran y única organización monopolística. Volver a la Edad Media, con sus prohibiciones, fiestas, horarios, es posible. Pero con todas sus consecuencias. Desde el nacimiento de Cristo hasta bien entrada esa época medieval -consúltese a Angus Maddison- cayó el PIB por habitante en Europa. Después, y hasta el siglo XVIII, se incrementó con tanta debilidad que Hobbes llegó a señalar que la Humanidad estaba compuesta por una masa de individuos pequeños, malolientes, enfermizos, que se morían muy pronto. La libertad del comercio, de la industria, hizo salir de esas modorras a los empresarios auténticos y alcanzar todos esa sociedad del bienestar de la que se hablaba en esas declaraciones. Pero eso tienen que ganarlo los empresarios, en una pugna diaria, continua. Porque si quieren horarios, permisos, cierres de competidores, no podrán quejarse de la aparición de otras intervenciones, exigidas por otros gremios. Por supuesto perecerá el capitalismo, pero también la prosperidad. Ganarla exige aceptar los costes derivados de la libertad. Un comerciante no puede ser de otra pasta que cualquier otro empresario, y ha de atenerse a las duras reglas que enunció von Thünen para explicar por qué puede exhibir, sin vergüenza, incluso altísimos beneficios: porque, mientras los demás descansan, del lecho del empresario huye el sueño, pues en esas horas ha de maquinar cómo ampliar el mercado, cómo reducir los costes, con plena conciencia de que, si no lo hace, como sus competidores si maquinan sin descanso, resultará ?y eso será con beneficio general- eliminado del mercado. La demagogia puede ser, en esto, como en todo, muy peligrosa.