Nº88
Del 16 al 29 de Abril del 2003
 


 


 
 

Rafael Termes
Profesor del IESE, Universidad de Navarra
"FMI adversus BCE"

 
 





Con pocas horas de diferencia se han publicado los informes de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la Comisión Europea (CE), así como el del Banco Central Europeo (BCE) correspondiente al mes de abril.

Las previsiones de los tres informes son coincidentes y nada favorables para la economía europea. La opinión común es que en 2003 el crecimiento del PIB en la zona euro (12 países) se reducirá al 1,1%, frente al 2,3% vaticinado hace seis meses. Dentro de la zona, detrás de Grecia e Irlanda, cuyos crecimientos previstos son del 3,6% y del 3,2%, respectivamente, España presentará una tasa de crecimiento del PIB del 2,2%, igual al doble de la media de la UE, pero cinco décimas menos de lo previsto por el FMI en otoño y casi un punto por debajo de lo que todavía mantiene el Gobierno español. En el otro extremo, está Alemania con un crecimiento estimado del 0,5%, que atestigua los malos resultados de la errónea política seguida por Schröder.

  ".. las estimaciones sobre la preocupante situación europea son coincidentes, pero no lo son las recomendaciones sobre las medidas a tomar ante tal panorama.."

En lo que respecta a EE.UU., las previsiones son que, en 2003, la primera economía del mundo, a pesar del riesgo que supone su déficit, tanto fiscal como por cuenta corriente, puede actuar como locomotora de la recuperación económica, aunque su crecimiento en este año no rebasará el 2,2%, frente al 2,6% hasta ahora esperado, quedando para el 2004 un mayor progreso, del orden del 3,6%.

Pero si las estimaciones sobre la preocupante situación europea son coincidentes, no lo son las recomendaciones sobre las medidas a tomar ante tal panorama. El FMI, sorprendentemente, piensa que para estimular el crecimiento de la economía europea es necesario relajar tanto la política monetaria, con nueva reducción de los tipos de interés, tolerando una mayor inflación, como la política fiscal, animando a los países a generar déficit fiscales superiores al 3%, incumpliendo el Plan de Estabilidad y Crecimiento (PEC). El BCE, por el contrario, afirma que aún no hay datos suficientes que avalen la oportunidad de una rebaja de tipos y que, ante la crítica situación de la economía europea, lo que procede es, por una parte, avanzar en el rigor fiscal, con tendencia al equilibrio presupuestario; y, por otra parte, que los países, decididamente, emprendan las reformas estructurales aprobadas en la Cumbre de Lisboa. Entre ellas, el BCE pone su énfasis en la apertura de los sectores energético y de telecomunicaciones, la liberalización del suelo y del comercio minorista, la flexibilización
del mercado laboral, el avance en la sociedad de la información y la reforma de los sistemas públicos de pensiones.

Sin duda, para los políticos es más fácil seguir las keynesianas recomendaciones del FMI, pero la más sólida doctrina económica, la experiencia del pasado y el propio sentido común aconsejan hacer caso a lo que, en esta ocasión, aconseja el BCE.