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Rafael Termes
Profesor
del IESE, Universidad
de Navarra
"FMI adversus
BCE"
Con pocas horas de diferencia
se han publicado los informes de primavera del Fondo Monetario
Internacional (FMI) y de la Comisión Europea (CE),
así como el del Banco Central Europeo (BCE) correspondiente
al mes de abril.
Las previsiones de los tres informes
son coincidentes y nada favorables para la economía
europea. La opinión común es que en 2003 el
crecimiento del PIB en la zona euro (12 países) se
reducirá al 1,1%, frente al 2,3% vaticinado hace seis
meses. Dentro de la zona, detrás de Grecia e Irlanda,
cuyos crecimientos previstos son del 3,6% y del 3,2%, respectivamente,
España presentará una tasa de crecimiento del
PIB del 2,2%, igual al doble de la media de la UE, pero cinco
décimas menos de lo previsto por el FMI en otoño
y casi un punto por debajo de lo que todavía mantiene
el Gobierno español. En el otro extremo, está
Alemania con un crecimiento estimado del 0,5%, que atestigua
los malos resultados de la errónea política
seguida por Schröder.
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"..
las estimaciones sobre la preocupante situación
europea son coincidentes, pero no lo son las recomendaciones
sobre las medidas a tomar ante tal panorama.." |
En lo que respecta a EE.UU., las
previsiones son que, en 2003, la primera economía del
mundo, a pesar del riesgo que supone su déficit, tanto
fiscal como por cuenta corriente, puede actuar como locomotora
de la recuperación económica, aunque su crecimiento
en este año no rebasará el 2,2%, frente al 2,6%
hasta ahora esperado, quedando para el 2004 un mayor progreso,
del orden del 3,6%.
Pero si las estimaciones sobre
la preocupante situación europea son coincidentes,
no lo son las recomendaciones sobre las medidas a tomar ante
tal panorama. El FMI, sorprendentemente, piensa que para estimular
el crecimiento de la economía europea es necesario
relajar tanto la política monetaria, con nueva reducción
de los tipos de interés, tolerando una mayor inflación,
como la política fiscal, animando a los países
a generar déficit fiscales superiores al 3%, incumpliendo
el Plan de Estabilidad y Crecimiento (PEC). El BCE, por el
contrario, afirma que aún no hay datos suficientes
que avalen la oportunidad de una rebaja de tipos y que, ante
la crítica situación de la economía europea,
lo que procede es, por una parte, avanzar en el rigor fiscal,
con tendencia al equilibrio presupuestario; y, por otra parte,
que los países, decididamente, emprendan las reformas
estructurales aprobadas en la Cumbre de Lisboa. Entre ellas,
el BCE pone su énfasis en la apertura de los sectores
energético y de telecomunicaciones, la liberalización
del suelo y del comercio minorista, la flexibilización
del mercado laboral, el avance en la sociedad de la información
y la reforma de los sistemas públicos de pensiones.
Sin duda, para los políticos
es más fácil seguir las keynesianas recomendaciones
del FMI, pero la más sólida doctrina económica,
la experiencia del pasado y el propio sentido común
aconsejan hacer caso a lo que, en esta ocasión, aconseja
el BCE.
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