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Manuel Balmaseda,
Jefe del Servicio de Estudios del BBVA para España
¿Cualquier tiempo futuro será mejor?
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La semana pasada publicó la OCDE su informe sobre el
estado de la economía española. El informe parece
contradecir el dicho popular de "cualquier tiempo pasado
fue mejor" y, como suele ser costumbre con las previsiones
oficiales (y no oficiales), hace bueno el opuesto, "cualquier
tiempo futuro será mejor". En conjunto la foto
presentada es bastante buena. España está pasando
por la actual crisis casi de puntillas, creciendo significativamente
por encima de la media de Europa y creando empleo. Las perspectivas
expuestas son también bastante favorables. España
crecerá por encima del 2%, aunque marginalmente (2,1%),
en 2003, manteniendo un amplio diferencial con la zona euro.
En 2004 el ritmo de actividad se acelerará hasta el
3,1%, permitiendo a la economía continuar creando empleo.
Al mismo tiempo las previsiones de la OCDE apuntan hacia una
reducción de la tasa de inflación, medida por
el deflactor del PIB, que en 2004 habría descendido
hasta el 2,4% desde el 4,4% de 2002.
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"El
futuro no está escrito. Pero garantizar que la
economía española sea más dinámica
y eficiente en el futuro exige la introducción
de reformas en la estructura productiva ahora." |
Pero la OCDE señala una serie de "condiciones"
para que el futuro sea mejor. La parte más importante
del informe se centra en las reformas que deben implementarse
para garantizar que en diez años sus previsiones puedan
continuar siendo buenas. Entre el conjunto amplio de recomendaciones,
vuelve a remarcar, una vez más, la necesidad de liberalizar
los mercados laborales y de bienes y servicios y a enfatizar
la bondad de unas cuentas públicas equilibradas. Además
de éstas, la OCDE destaca tres retos que la economía
española debe acometer.
En primer lugar, el diferencial de inflación mantenido
con la zona euro terminará mermando la competitividad
de la economía española. Y ello es especialmente
relevante en el entorno actual de escaso dinamismo de la productividad
de nuestra economía. La combinación de estos
factores desembocará en una pérdida de cuota
de mercado de los productos españoles tanto en el exterior
como en España, algo que ya empieza a detectarse.
En segundo lugar, la reforma del sistema de pensiones ante
el envejecimiento de la población española.
La reforma del actual sistema no sólo es necesaria,
sino que, como incide la OCDE, es más urgente de lo
que se percibe. La urgencia proviene tanto de la no sostenibilidad
financiera en su actual formato como de la creciente dificultad
para acometer cambios en el sistema. El envejecimiento de
la población conlleva que el votante medio sea cada
vez más viejo, es decir, más cercano a su edad
de jubilación. Ello implica que el coste político
de reformar el sistema de pensiones es creciente en el tiempo,
al aumentar el porcentaje de votantes beneficiarios del actual
sistema. Por tanto, la reforma del actual sistema de pensiones
requiere un amplio consenso de los agentes sociales, que facilite
su transformación y garantice su estabilidad y viabilidad
futura.
En tercer lugar la OCDE hace incidencia sobre la inmigración.
Ésta ha desempeñado un papel importante en el
éxito relativo de la economía española
durante los últimos años. Ha permitido mantener
elevadas tasas de creación de empleo, permitiendo el
auge de sectores de bajo valor añadido, y permitido
un cierto respiro a las cuentas de la Seguridad Social. Pero
la inmigración, a pesar de compensar en cierta medida
el envejecimiento de la población española,
no es suficiente para garantizar el futuro del mercado laboral
ni del sistema de pensiones. Además, es necesario introducir
políticas que faciliten la integración de los
inmigrantes en la sociedad española y regulen su flujo
de entrada hacia los sectores y ocupaciones que lo requieran.
En este contexto la inmigración ofrece un margen temporal
de actuación transitorio para implementar las reformas
requeridas. Las opciones son bastante claras. Por un lado
podemos dormirnos en nuestros laureles y admirar lo bien que
lo estamos haciendo, o que nos están saliendo las cosas.
Por otro, podemos empezar a introducir las reformas que permitan
que dentro de diez o quince años podamos seguir diciendo
lo mismo. Es decir, haciendo que de verdad cualquier tiempo
futuro sea mejor.
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