Nº88
Del 16 al 29 de Abril del 2003
 


 


 
 


Manuel Balmaseda
, Jefe del Servicio de Estudios del BBVA para España
¿Cualquier tiempo futuro será mejor?

 




La semana pasada publicó la OCDE su informe sobre el estado de la economía española. El informe parece contradecir el dicho popular de "cualquier tiempo pasado fue mejor" y, como suele ser costumbre con las previsiones oficiales (y no oficiales), hace bueno el opuesto, "cualquier tiempo futuro será mejor". En conjunto la foto presentada es bastante buena. España está pasando por la actual crisis casi de puntillas, creciendo significativamente por encima de la media de Europa y creando empleo. Las perspectivas expuestas son también bastante favorables. España crecerá por encima del 2%, aunque marginalmente (2,1%), en 2003, manteniendo un amplio diferencial con la zona euro. En 2004 el ritmo de actividad se acelerará hasta el 3,1%, permitiendo a la economía continuar creando empleo. Al mismo tiempo las previsiones de la OCDE apuntan hacia una reducción de la tasa de inflación, medida por el deflactor del PIB, que en 2004 habría descendido hasta el 2,4% desde el 4,4% de 2002.
  "El futuro no está escrito. Pero garantizar que la economía española sea más dinámica y eficiente en el futuro exige la introducción de reformas en la estructura productiva ahora."


Pero la OCDE señala una serie de "condiciones" para que el futuro sea mejor. La parte más importante del informe se centra en las reformas que deben implementarse para garantizar que en diez años sus previsiones puedan continuar siendo buenas. Entre el conjunto amplio de recomendaciones, vuelve a remarcar, una vez más, la necesidad de liberalizar los mercados laborales y de bienes y servicios y a enfatizar la bondad de unas cuentas públicas equilibradas. Además de éstas, la OCDE destaca tres retos que la economía española debe acometer.

En primer lugar, el diferencial de inflación mantenido con la zona euro terminará mermando la competitividad de la economía española. Y ello es especialmente relevante en el entorno actual de escaso dinamismo de la productividad de nuestra economía. La combinación de estos factores desembocará en una pérdida de cuota de mercado de los productos españoles tanto en el exterior como en España, algo que ya empieza a detectarse.

En segundo lugar, la reforma del sistema de pensiones ante el envejecimiento de la población española. La reforma del actual sistema no sólo es necesaria, sino que, como incide la OCDE, es más urgente de lo que se percibe. La urgencia proviene tanto de la no sostenibilidad financiera en su actual formato como de la creciente dificultad para acometer cambios en el sistema. El envejecimiento de la población conlleva que el votante medio sea cada vez más viejo, es decir, más cercano a su edad de jubilación. Ello implica que el coste político de reformar el sistema de pensiones es creciente en el tiempo, al aumentar el porcentaje de votantes beneficiarios del actual sistema. Por tanto, la reforma del actual sistema de pensiones requiere un amplio consenso de los agentes sociales, que facilite su transformación y garantice su estabilidad y viabilidad futura.

En tercer lugar la OCDE hace incidencia sobre la inmigración. Ésta ha desempeñado un papel importante en el éxito relativo de la economía española durante los últimos años. Ha permitido mantener elevadas tasas de creación de empleo, permitiendo el auge de sectores de bajo valor añadido, y permitido un cierto respiro a las cuentas de la Seguridad Social. Pero la inmigración, a pesar de compensar en cierta medida el envejecimiento de la población española, no es suficiente para garantizar el futuro del mercado laboral ni del sistema de pensiones. Además, es necesario introducir políticas que faciliten la integración de los inmigrantes en la sociedad española y regulen su flujo de entrada hacia los sectores y ocupaciones que lo requieran.

En este contexto la inmigración ofrece un margen temporal de actuación transitorio para implementar las reformas requeridas. Las opciones son bastante claras. Por un lado podemos dormirnos en nuestros laureles y admirar lo bien que lo estamos haciendo, o que nos están saliendo las cosas. Por otro, podemos empezar a introducir las reformas que permitan que dentro de diez o quince años podamos seguir diciendo lo mismo. Es decir, haciendo que de verdad cualquier tiempo futuro sea mejor
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